viernes, 29 de abril de 2016

Chernóbil y el imaginario popular #Ecos del futuro #noticias


Estaba preparando un artículo para Naukas que coincidiera con el trigésimo aniversario de Chernóbil. Pretendía explicar cómo se han estimado las posibles víctimas a largo plazo debido a efectos de la radiación a bajas dosis y cómo se ha exagerado esa cantidad hasta el absurdo de millones. Pero en el camino me he encontrado un tema que ahora considero más interesante y que resumo en una pregunta: ¿Cómo es posible que en sólo treinta años se haya podido construir un mito de tal magnitud?, tan alejado de lo que dice el consenso científico sobre las consecuencias del accidente; Tan alejado de la realidad como una mala película de serie B. Y lo que más me preocupa es que esa mala película sea lo que tiene en mente un periodista común cuando escribe un artículo o un político cuando toma una decisión sobre el futuro del mix energético de su país.

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Si visitan estos días la página de Greenpeace encontrarán un banner de "No a las nucleares" y varias informaciones sobre Chernóbil (no incluyo link, puesto que no suelo enlazar páginas de pseudociencia). Hace tan sólo unos días fue el aniversario del vertido de petróleo en el golfo de México de Deepwater Horizon, la plataforma de BP. Intenten buscar información del aniversario en la página de esa asociación ecologista (se trata de una petición retórica). El asunto ni siquiera ha merecido una entrada de Wikipedia en español. ¿Saben cuáles han sido las consecuencias de esa catástrofe? Al menos 50,000 personas (los limpiadores) sometidos a productos químicos que provocan afecciones pulmonares, desde asma hasta afecciones mucho más graves. Los efectos psicológicos de ansiedad y depresión entre los afectados son todavía más preocupantes que los físicos. Al menos 22,000 puestos de trabajo desparecidos y cerca de 9 mil millones de dólares en pérdidas. La fauna y flora quedaron gravemente afectada y el impacto durará décadas. Y no es el accidente más grave de la industria del petróleo. 25 años después del Exxon Valdez, y a pesar de la enorme cantidad de dinero gastado en la limpieza, todavía hay restos de petróleo en la costa de Alaska.

En Chernóbil se han podido constatar 2 muertes inmediatas después del accidente (no debidas a la radiación), 28 muertes por radiación, en lo siguiente 4 meses, entre los primeros hombres que intentaron contener el incendio inicial del reactor. 19 muertes más por radiación en los siguientes 20 años entre los liquidadores (más de 600,000) y 9 muertes desgraciadas de niños por cáncer de tiroides perfectamente evitables si las autoridades soviéticas de la época hubiesen informado y prohibido la ingesta de leche en las poblaciones en los alrededores de la Central.

A partir de esas muertes constatables empieza la especulación. En contra de lo que la inmensa mayoría de la gente cree, la radiación en un cancerígeno muy poco eficiente. De hecho sólo tenemos datos estadísticos relativamente fiables para los supervivientes de las bombas atómicas, único caso donde contamos con una población importante sometida a elevadas dosis de radiación. Y estos indican que no hay efectos observables por debajo de los 100 mSv en dosis instantáneas. Para que se hagan una idea, de 50 a 100 veces la dosis natural anual que el lector está ahora mismo recibiendo o equivalente a hacerse una decena de TAC de abdomen.

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Las recomendaciones de protección radiológica por ejemplo limitan el exceso de dosis de la población general a 1 mSv/año. 100mSv/lustro en el caso de trabajadores de centrales nucleares con un máximo de 50 mSv/año y 20 mSv para pilotos y personal de vuelo. La base de esa recomendación es la hipótesis conservadora de que cualquier exceso de radiación, por pequeño que sea, aumenta las posibilidades de padecer cáncer. Pero quédese el lector que con eso: tan solo una hipótesis para realizar una extrapolación, una operación bastante peligrosa si uno no tiene un mecanismo claro. Y lo cierto es que la biología sigue siendo demasiado complicada para afirmar alegremente que entendemos el mecanismo.

A esa hipótesis se conoce como Modelo lineal Sin Umbral y es una hipótesis conservadora (desde el punto de vista del cálculo de riesgo) porque, al no observar directamente efectos a bajas dosis, tenemos que extrapolar desde dosis elevadas asumiendo que la toxicidad es proporcional a dicha dosis. Pero lo cierto es que en la mayoría de tóxicos, existe un nivel de tolerancia por debajo del cual el organismo se las apaña para lidiar. No hay razón, en principio, para pensar que con la radiación no sería esperable un efecto similar, más aún teniendo en cuenta que la evolución biológica se ha producido en un entorno sometido a dosis de unos pocos mSv anuales. Tenemos además constancia de que el mecanismo reparador del daño celular tiene que lidiar continuamente con una elevada tasa de errores a las que dosis moderadas de radiación contribuirían en magnitudes similares [ver esta entrada para un texto legible]. Por eso la mayoría de expertos piensan que el Modelo Lineal Sin Umbral es un modelo conservador y que el número de cánceres estimado siempre va a ser un límite superior al proporcionado por este modelo.

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Datos a elevadas dosis de radiación (en rojo) y extrapolaciones a bajas dosis (donde los datos no son concluyentes)1. Modelo lineal Sin Umbral. 2. No lineal con hórmesis (ligero beneficio para bajas dosis)

El consenso al respecto es que, aplicando este modelo, el número de cánceres provocados por la radiación de Chernóbil en Europa para 2065 no superaría unos 16000 de tiroides y unos 25,000 por otras causas, una cantidad imposible de medir entre los centenares de millones de cánceres que se producirán en la población europea por otras causas. El número de víctimas de Chernóbil no superará probablemente los 4000. En un análisis aplicado a una mayor población afectada de unos 7 millones de habitantes de Rusia, Ucrania y Bielorusia, ese mismo modelo llevaría a unas 9000 muertes. Aplicado a toda Europa, unas 16,000. Ese sería más o menos un límite superior del número de víctimas causado por Chernóbil.

Las comparaciones son odiosas, y más en este caso, pero en el accidente de la presa de Banqiao sucedida en 1975, murieron más de 170,000 personas y hubo unos 11 millones de desplazados. Se estima que la contaminación por el uso de fósiles provoca entre 1,3 y 5,5 millones de víctimas sólo en un año. Sólo en EEUU, las centrales térmicas matan todos los años a más ciudadanos que Chernóbil. Los accidentes de aerogeneradores han provocado más de 100 muertes desde los noventa, lo que hace que la energía eólica tenga aproximadamente el mismo riesgo relativo de producir víctimas que la energía nuclear.

De esta manera, puede observarse un pequeño problema del modelo: un efecto individualmente despreciable, puede arrojar números realmente alarmistas cuando se extrapola a una población lo suficientemente amplia. De hecho, el UNSCEAR (el comité que podríamos denominar el consenso científico sobre los efectos de Chernóbil en la salud de los afectados) ha recomendado precisamente evitar hacer dichas extrapolaciones para no crear un alarmismo en la población que en el fondo no podemos justificar con los datos en la mano.

Chernóbil queda así en un accidente industrial terrible, pero no más terrible que muchos otros accidentes industriales del siglo XX, como hemos visto con la presa de Banqiao. Sin embargo, el halo Chernóbil ha cambiado nuestra visión de la energía nuclear para siempre. Da igual que sea una de las forma de producción eléctrica más segura y limpia que conocemos (e incluso probablemente sostenible), que causa menos muertes por unidad de energía generada que incluso la solar y la eólica, aunque en números muy próximos a esta última. Y eso incluyendo esas 9000 muertes que sabemos que probablemente no hayan ocurrido finalmente o que, como mucho, lo hayan hecho en un número bastante menor que ese;

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Muertes producidas por cada TWh de generación eléctrica. Si alguien se pregunta si se han tenido en cuenta las víctimas de Chernóbil, la respuesta es que es indiferente debido a la cantidad histórica de generación de origen nuclear.

O que Chernóbil fuese un accidente muy especial cuya repetición sea extremadamente improbable. O que la existencia de una zona de exclusión no implica necesariamente una zona inhabitable ni mucho menos. De hecho, unos buenos centenares de personas jamás abandonaron la zona de exclusión y llevan estos 30 años en sus hogares de toda la vida. Unas 3000 personas trabajan a diario en la zona; O que la fauna prospere como nunca pudo hacerlo en presencia de humanos. Curiosamente, y en relación a la imaginería de serie B, a los anti-nucleares prefieren la denominación "zona de alienación" que por supuesto jamás aplican a los lugares más contaminados del planeta.

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El argumento de No a las nucleares con la excusa de Chernóbil me resulta equivalente a un No a los hospitales en base al accidente de Goiânia. No tiene el menor sentido desde el punto de vista de la gestión de riesgo. Todo lo contrario, la energía nuclear podría resultar imprescindible para la lucha contra el cambio climático y cada kwh de generación nuclear podría estar evitando víctimas del cambio climático.

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Y regreso a la pregunta que me interesaría responder. El problema de la oposición a la energía nuclear no sólo está en el desconocimiento de los datos que menciono. Muchos opositores los conocen. Muchos tienen formación académica y son capaces de leer las publicaciones correspondiente. Ni siquiera la radiofobia, es decir, el miedo irracional a los efectos de la radiación, es una explicación suficientemente convincente. Nadie que conozca se opone a la medicina nuclear ni entra con un miedo especial a la radiación al hacerse una radiografía o un TAC. El problema tiene que ver con otros aspectos sociales e ideológicos.

Uno podría pensar que es achacable a la propia industria nuclear y su obsesión por publicitar la seguridad. Casi ninguna otra instalación industrial pone en primera línea publicitaria que su principal prioridad es la seguridad y se vanagloria de que ésta es casi absoluta. La seguridad absoluta no existe, como todo el mundo sabe. La gente, racionalmente, tiende a desconfiar de una corporación que le insiste tanto en que algo que le han dicho que es malo es perfectamente seguro. Sobre todo si esa gente además tiende a desconfiar en general de las corporaciones. Generalmente, gente vinculada a la izquierda política. Chernóbil sin embargo responde poco a este esquema. Se trataba de un gobierno (el soviético) y no de una corporación.

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Quizás la clave esté en el poder de la imaginería popular. Spencer Weart empezaba el prefacio de su libro El auge del miedo nuclear de la siguiente guisa:
Cuando empecé a estudiar la historia de la energía nuclear no pensé que las imágenes eran tan importantes en sí mismas . Estaba equivocado. Monstruos radiactivos, ciudades utópicas propulsadas con la energía del átomo, máquinas que emiten extraños rayos, y muchas otras imágenes se han colado en la manera en que todo el mundo percibe tanto las armas como las centrales nucleares s. Dichas imágenes, que conectan con las principales fuerzas de la lógica social y psicológica , han ejercido una extraña y poderosa presión en nuestra historia. Y no es una historia que se haya quedado encerradas bajo la cerradura de seguridad del pasado; las imágenes siguen siendo tan poderosas hoy como siempre lo fueron.

Lo cierto es que no estamos sobrados de maneras de producir grandes cantidades de energía. Todavía hay que traer a miles de millones de personas hasta un vida digna que implica un aumento progresivo de la producción eléctrica a nivel mundial. Pero al mismo tiempo se nos presenta el reto del Cambio Climático. No podemos guiar decisiones de tal importancia a un imaginario nuclear de serie B.

Este texto (no las imágenes) está bajo licencia Reconocimiento – NoComercial – CompartirIgual (by-nc-sa), lo que significa que cualquier lector puede copiarlo y pegarlo íntegramente en cualquier web o documento, con la única condición de citar esta entrada


Apéndice: Una breve secuencia, ligeramente novelada, de los acontecimientos que llevaron a la tragedia


A la 1:23:40 de la madrugada del 26 de abril de 1986 , el operador Alexander Akimov de la central nuclear memorial Vladímir Ilich Lenin --más conocida como Chernóbil-- hizo aquello para lo que todos los técnicos como él son entrenados: pulsar el botón AZ-5 que iniciaba el apagado de la unidad 4 cuando recibió lecturas confusas del estado del reactor.

Akimov y sus compañeros estaban inmersos en el proceso de un simulacro de seguridad que pretendía comprobar que el agua en circulación era suficiente en el caso de que ocurriera una desconexión total de la alimentación eléctrica externa mientras el sistema de refrigeración de emergencia estaba inoperativo.

Los ingenieros habían calculado que la inercia de la turbina del generador de 500 MW era suficiente para mantener la circulación del agua refrigerante durante algo más de medio minuto, tiempo suficiente para encender los generadores diésel de emergencia.

El simulacro empezaba con retraso, puesto que no se había previsto que la necesidades de demanda eléctrica obligaban al reactor a continuar on-line más tiempo del esperado. A media noche se había producido un cambio de turno de personal que no había sido convenientemente informados del estado del procedimiento

Durante el turno anterior, el reactor había estado funcionando a baja potencia térmica (menos de 700 MW), lo que puso al reactor en un estado denominado de bajo margen de reactividad. A esa baja potencia, la concentración de los productos terminó por diferir de las condiciones consideradas en el diseño.

A la 1:23:04 empezó el test. El flujo de vapor a la turbina fue cortado. La turbina empezó a perder velocidad, pero, como estaba previsto, el agua siguió circulando en cantidad suficiente hasta que el encendido de los generadores diésel de emergencia recuperó la potencia suficiente para continuar con una refrigeración adecuada. Durante esos pocos segundos se produjo un incremento de burbujas de vapor en el reactor, reduciendo la la cantidad de neutrones absorbidos debido a la disminución del agua líquida refrigerante, aumentando la la potencia producida por la reacción nuclear. El sistema de inserción de barras de control se las apañó, sin embargo, para contrarrestar esa pérdida de absorción neutrónica.

Se ha producido un fuerte debate sobre la razón que llevó a Akimov a pulsar finalmente el botón AZ-5, pero lo cierto es que este procedimiento iba a detener finalmente el reactor y terminar con el test. Nada más lejos de los que depararían los acontecimientos posteriores. La inserción del total de las barras de grafito tardaría aún unos 20 segundos en penetrar los 7 metros de altura del reactor. Un diseño deficiente de las barras moderadoras hacía que durante su recorrido desplazaran el agua, por lo que, en un primer momento, se producía el aumento de la reacción nuclear en la mitad inferior del reactor.

A los pocos segundos de iniciar el apagado, se produjo un pico de potencia por encima de los 540 W. El sobrecalentamiento aumentó la producción de vapor cuya presión provocó una primera explosión que bloqueó el desplazamiento de las barras de grafito. Poco después se estima que le sobrecalentamiento pudo alcanzar los 33GW, es decir, unas 10 veces la potencia térmica en la operación normal del reactor. Se produjo entonces la primera gran explosión que muchos testigos escucharon; la explosión que hizo volar por los aires las 2000 toneladas de metal que constituían la cubierta del reactor.

Unos pocos segundos después llegó una segunda explosión. La primera explosión había evaporado todo el refrigerante que, junto con la acumulación de burbujas de vapor, provocaron un aumento desbocado de la potencia de la reacción nuclear. Nadie está seguro del mecanismo exacto de esta segunda explosión y las hipótesis manejan desde presión de vapor hasta una explosión térmica del propio material del reactor, pasando por una deflagración de hidrógeno. Lo cierto es que dicha explosión produjo la dispersión del núcleo finalizando definitivamente la reacción nuclear. El incendio provocado en el grafito terminó por lanzar grandes cantidades de isótopos radiactivo al exterior.

Referencias y lecturas recomendadas
Balonov, M.I. 2012 On protecting the inexperienced reader from Chernobyl myths. Journal of Radiological Protection
Beresford et al. 2016 Thirty years after the Chernobyl accident: What lessons have we learnt? Journal of Environmental Radioactivity
Bichell,R.E.2014 Cosmic Rays Sound Scary, But Radiation Risk On A Flight Is Small. NPR
Conca, James 2015. Will The Truth About Chernobyl Ever Come Out?. Forbes.
CSN 2010. Dosis de radiación
Dunning, B. "Fukushima vs Chernobyl vs Three Mile Island" Skeptoid Podcast. Skeptoid Media, 14 Jan 2014. Web. 28 Apr 2016.
Foro nuclear Energía nuclear y cambio climático
Henriksen, Thormod 2013. Radiation and Health
Hdez, Pedro J. 2012. Radiación: mitos y realidades. Naukas.
Gale, R.P. & Lax, E. 2013 Radiation: What it is. What you need to know
Grimes, D.R. 2016 Why it's time to dispel the myths about nuclear power. The Guardian.
Kramer S. 2016 Here's why a Chernobyl-style nuclear meltdown can't happen in the United States .Tech Insinder
Mans, C.2011 ¿Cómo se mide la radiactividad y cuáles son sus efectos?. Blogs de Investigación y Ciencia
Markandya, A. 2007 Electricity generation and health. The Lancet
Peplow, Mark. 2011. Chernobyl's legacy. Nature News
Peplow, Mark. 2006. Special Report: Counting the death. Nature
Richter, Darmon. 2016 What it's Like to Spend 32 Hours in The Chernobyl Exclusion Zone.The Bohemina Blog
Ropeik, David 2012 The Rise of Nuclear Fear-How We Learned to Fear the Radiation. Scientific American Blogs
Samper, Esther 2012 ¿Y si la radiación a bajas dosis protegiera frente al cáncer? El País.
The Chernobyl Gallery. Causes.
Thomas, Gerry 2014 Misconceptions over Health Impacts of Nuclear Accidents. UNUChannel
WHO 2016. Health effects of the Chernobyl accident: an overview