miércoles, 4 de mayo de 2016

Zahoríes homeópatas: uniendo dos despropósitos pseudocientíficos #La Ciencia y sus Demonios #noticias


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Un paciente llega a una consulta médica y el doctor, una vez completada la historia clínica, duda entre diversos remedios (todos ellos igualmente ineficaces para su dolencia), y finalmente decide elegir el "no medicamento" adecuado con la ayuda de (agárrense porque esto es totalmente verídico) un péndulo. Pues aunque pueda parecer increíble, en pleno siglo XXI existen "profesionales" de la "sanidad" que "medican" así a sus más que ingenuos pacientes: son los sorprendentes zahoríes homeópatas.

Una de las más curiosas características del mundo del esoterismo pseudocientífico es que las diversas variantes se van mezclando una y otra vez, para producir finalmente una amalgama absurda de "conocimientos" a cual más disparatado, que si por separado no tienen ninguna razón de ser ni sentido alguno, juntos producen el más monumental dislate. Y el siguiente caso que voy a exponer quizás sea uno de los más dementemente irracionales de la siempre sorprendente pseudomedicina.

La homeopatía fue inventada allá por finales del siglo XVIII por el médico alemán Hahnemann, en una época en donde las bases de la física, la química y la biología estaban lejos de haber sido establecidas. Así esta pseudomedicina entronca con evidentes conceptos erróneos heredados del "conocimiento" de los alquimistas del Medievo, por lo que finalmente la homeopatía es incluso a día de hoy una filosofía vitalista, en donde las enfermedades tienen causas "espirituales". Es por ello que los homeópatas utilizan las más diversas "técnicas" para el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades tan curiosas como las que podía haber desarrollado cualquier mago o nigromante en plena Edad Media.

En homeopatía un remedio puede "servir" para infinidad de enfermedades muy diferentes. Si a eso le sumamos que los más diversos preparados homeopáticos pueden "curar" una misma enfermedad, los "profesionales" de la homeopatía se enfrentan a la difícil disyuntiva de saber que preparado es el que tienen que recetar en cada momento al paciente para su dolencia en particular. Por ello a lo largo de estos más de dos siglos de práctica homeopática los "expertos" han desarrollado toda una compleja forma de prescribir sus "medicamentos".

Así, y aunque en este mundo hipertecnológico pueda parecer descabellado, en pleno siglo XXI existen profesionales de la homeopatía que "recetan" a sus pacientes ayudados por un péndulo, en uno de los múltiples ejemplos de la pervivencia de esta disparatada visión mágica de arrastra esta pseudomedicina desde sus más que esotéricos principios. El

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método consiste en que, tras haber realizado la historia clínica del paciente, el "profesional" homeopático coloca encima de una mesa los diversos preparados que se supone que pueden curar la enfermedad en cuestión y pasa por encima de ellos su mano de la que cuelga un péndulo (de manera similar a como lo hacen esos buscadores de agua o tesoros sobre un plano de la región en cuestión) para observar donde se dirigen las "fuerzas sanadoras", de tal manera que es el péndulo el que decide si por ejemplo la paciente debe tomar Sanguinaria, Actea racemosa, Cyclamen, Lac defloratum, Bromium u otros remedios para "combatir" los dolores de cabeza que aparezcan durante la menstruación.

Y por supuesto, después de todo ello hay que pagar los correspondientes emolumentos de zahorí pseudomédico y acudir después al farmacéutico homeópata colegiado para comprar las pastillas de azúcar prescritas con la ayuda de las fuerzas telúrico-místicas o lo que narices haga moverse al péndulo.

Y como prueba de que esta mezcolanza de disparatada pseudociencia sigue en boga en este supuestamente avanzado siglo XXI, hace unos años se realizo un ensayo clínico de

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doble ciego para medir la eficacia de este tan particular "tratamiento" médico. Así a seis homeópatas zahoríes se les dio veinte y seis pares de frascos. Uno de cada par contenía el remedio homeopático Bryonia, mientras que el otro contenía un placebo, y el reto consistió en que los "profesionales" debían utilizar la radiestesia para identificar el remedio genuino.

Inciso, aunque por supuesto ambos frascos contenían lo mismo: agua azucarada, pero los homeópatas aseguran que su agua azucarada es distinta a la que cualquiera puede fabricar en su propia casa, porque si no se les acababa el chollo de cobrar 20 o 40 euros por un sobrecito de azúcar disuelto en una botella de agua.

A pesar de que en general los homeópatas pensaron que estaban seleccionando el remedio homeopático con un alto grado de confianza y seguridad, la prueba reflejó (como no podía ser de otra manera) que los "profesionales" únicamente acertaron 75 veces de los 156 ensayos realizados, es decir tuvieron una tasa de éxito del 48%, un poco menos que lo esperable por puro azar. Y ya para terminar recalcar que este trabajo fue realizado por 5 "investigadores" británicos expertos en homeopatía y publicado en una revista médica británica situada entre el 40% mejor de su especialidad a nivel mundial.  Pero por supuesto este trabajo no desanimará ni por un momento a esos esforzados homeópatas zahoríes que seguirán "recetando" su inútil agua azucarada con ayuda de sus también más que inútiles péndulos como si de la Edad Media se tratara.

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