sábado, 11 de junio de 2016

Los expertos en radiaciones no apagan el Wi-Fi por la noche ¿Por qué debería hacerlo yo? #Plcbo.net #noticias


Hay quien da un paso atrás mientras el microondas calienta la leche y hay quien desconecta el Wi-Fi antes de irse a dormir. Por si acaso. Pero ¿Puede de verdad representar un peligro la radiación que emite un router doméstico?

wifiman
En los medios de comunicación aparecen evidencias contradictorias. La Vanguardia recomienda extremar las precauciones. El Confidencial dice que no pasa nada.

Ante esa confusión, PLCBO.NET ha buscado una respuesta definitiva. Hemos molestado a David Coggon, médico y matemático, catedrático emérito de la Universidad de Southampton, uno de los epidemiológicos del Programa de Investigación sobre la relación entre Telecomunicaciones Móviles y Salud (MTHR) y miembro de la Academia de las Ciencias Médicas del Reino Unido.

Le hemos hecho una sola pregunta: ¿Apaga usted el Wi-Fi por la noche? Su respuesta fue clarificadora: No, no lo apago.




¿ALGO QUE AÑADIR?

La ciencia no puede quedarse en un mero argumento de autoridad, así que vamos a tratar de razonar por qué el Wi-Fi no supone un peligro.

Lo primero es distinguir entre dos tipos de radiaciones. Las ionizantes pueden ser peligrosas. Su efecto en el organismo es como lanzar una bola de golf contra un coco. Si se produce un impacto, el coco se cae. De la misma forma, el impacto de esas radiaciones puede dañar las células. (La metáfora es un poco rupestre, pero sirve para la ocasión). En este grupo de radiaciones está parte de la ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma.

Diseñan los routers como bichos amenazadores. Por algo será.

Diseñan los routers como bichos amenazadores. Por algo será.

Siguiendo con la metáfora, las radiaciones no ionizantes pueden compararse con lanzar bolas de ping pong contra un coco. Por mucho que lo golpeen, no lo tirarán al suelo. Tampoco tienen la energía suficiente para dañar las células. Entre éstas se incluye la luz visible, los infrarrojos, parte del ultravioleta y también las microondas.

Hecha la distinción, podemos entrar al grano. El Wi-Fi de su casa emite radiación en el mismo espectro que las microondas, dentro de la llamada radiofrecuencia (RF). Sí, igual que su (sospechoso) horno microondas. Y que la televisión. Y el GPS. Y los radares. ¡Y los móviles!. Y… ¡Las placas de inducción!

Pausa dramática.

Pero aún hay más. La radiación de fondo del universo también es una radiación de microondas. Y no podemos escapar de ella. Está en todas partes.

Quizás estén pensando que con lo peligroso que es el mundo deberíamos estar ya todos muertos, pero no se escondan todavía bajo la mesa. Las radiaciones no ionizantes pueden tener efectos biológicos, en particular pueden calentar y quemar los tejidos. Pero nadie tiene miedo a quemarse con el Wi-Fi, ni con el microondas, sino a que le produzcan cáncer. Pues bien, no existe evidencia científica de que este tipo de radiaciones esté ligada al cáncer. Respiren un poco más tranquilos.

Entre otros documentos, un informe de 2013 de la agencia de salud francesa refleja que no se ha encontrado una relación entre el cáncer y el Wi-Fi.

Radiación cósmica de microondas vista por la tele.

Radiación cósmica de microondas vista por la tele.

Si existiera ese vínculo, habrían aparecido estudios como los que ligan el cáncer a la obesidad. Traten de leer estas recomendaciones sin asustarse: la obesidad está asociada con un incremento del riesgo en cáncer de esófago, cáncer de páncreas, cáncer de colon, cáncer de pecho, cáncer de útero, cáncer de riñón, cáncer de tiroides y cáncer de vesícula biliar.

No me digan que las galletas de chocolate no parecen ahora más amenazadoras que el router.

Por otra parte, la señal del Wi-Fi casero tiene una potencia cercana a los 0,1 watios. Si usted pasara un año entero abrazado al router recibiría menos radiación que con una llamada de 20 minutos desde su teléfono móvil. (No hace falta que lance su iphone a la basura en este punto, otro día discutiremos las radiaciones de los teléfonos).

SERÁ QUE YO SOY DEMASIADO SENSIBLE

Hay personas que atribuyen síntomas como el dolor de cabeza, el cansancio y las dificultades para dormir a una especial sensibilidad a las radiaciones electromagnéticas del entorno. Son aquellos que desenchufaban el radiodespertador de la mesilla de noche cuando aún no existían los móviles y ahora apagan el router antes de irse a dormir.

En los últimos años se han elaborado decenas de estudios para tratar de determinar si estamos frente a un fenómeno real o si la hipersensibilidad electromagnética es producto de la sugestión.

Headache-Picture
El experimento es sencillo. Los científicos reúnen a un grupo de personas que se consideran especialmente sensibles a las radiaciones y a otro grupo que no tiene nada que ver con el tema, que servirá de control. Los investigadores conectan en primer lugar una antena que emite radiación. Habitualmente, las personas hipersensibles experimentan una gran cantidad de síntomas, más que el grupo de control.

En una segunda fase, todos los participantes están "cegados", es decir, no saben si la antena está encendida o apagada. En ese caso los resultados cambian. Los efectos que supuestamente produce la radiación son los mismos entre los hipersensibles que entre el grupo de personas sin una sugestión especial. Ese resultado, replicado en diversos estudios, indica que no hay una relación de causa y efecto entre la radiación y los síntomas.


Este tipo de estudios se comenzaron a hacer a principios de los años 2000, a medida que se extendía el uso de la telefonía móvil. En 2011, el departamento de psiquiatría del King's College de Londres elaboró una revisión sistemática de 29 experimentos similares publicados hasta entonces. El resultado fue el siguiente: "No se ha encontrado asociación entre la presencia de radiación electromagnética y los síntomas que auto reportan las personas con intolerancia medioambiental idiomática (de causa desconocida) atribuida a campos electromagnéticos".

Nadie afirma que los síntomas que sufren esas personas sean imaginarios, lo que se pone en duda es su origen electromagnético. Un estudio de 2013 sugiere que la sobreexposición a informaciones sensacionalistas sobre los posibles efectos negativos de la tecnología puede explicar en parte este fenómeno.

CONCLUSIÓN

El Wi-Fi no puede causarle cáncer, por lo que los esfuerzos que quizás dedica a mantenerse alejado del router y apagarlo por las noches estarían mejor empleados en evitar factores de riesgo que sí están demostrados, mejorando su dieta y haciendo deporte.

La entrada Los expertos en radiaciones no apagan el Wi-Fi por la noche ¿Por qué debería hacerlo yo? aparece primero en Plcbo.net.