martes, 6 de septiembre de 2016

Jugando a la ruleta rusa microbiana #La Ciencia y sus Demonios #noticias


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Supóngase que se dispone de un recurso muy valioso, por ejemplo un medicamento capaz de salvar la vida cada año de decenas miles de personas que no responden al resto de fármacos conocidos, y que en caso de que este compuesto no pueda ser administrado la muerte del paciente está casi asegurada. Seguramente cualquier persona mínimamente razonable tendería a pensar que los sistemas sanitarios en particular, los gobiernos y la sociedad en general y hasta la legislación en última instancia tendrían especial cuidado en preservar su eficacia el mayor tiempo posible, evitándose además cualquier situación que pudiera poner en riesgo este tratamiento de último recurso. Pues bien, gracias al actual sistema económico imperante en el mundo (que prima los beneficios a corto plazo de la agroganadería industrial frente a cualquier otra consideración) se está cada vez más cerca de perder uno de los últimos antibióticos de reserva de los que disponemos en la actualidad.

La colistina es un viejo antibiótico puesto que fue aislado en 1949 y comercializado en

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1959, que sin embargo en los años 80 del siglo pasado se suspendió su uso debido a su nefro y neurotoxicidad. Aunque como las bacterias resistentes a múltiples fármacos se hicieron más frecuentes en la década de 1990, la colistina resurgió como una solución de emergencia, a pesar de sus efectos tóxicos puesto que este antibiótico sigue siendo muy efectivo contra todos los bacilos Gram-negativos, incluso sobre aquellos que han desarrollado multiresistencias contra el resto de los antimicrobianos habituales. Por lo tanto, en la actualidad en medicina se utiliza como tratamiento de último recurso en aquellos pacientes en donde han fallado el resto de antibióticos y sirve muchísimas veces para evitar el más que probable fallecimiento del enfermo. Entonces sería razonable pensar que en la actualidad sus ventas totales en el mundo fueran muy limitadas y que uso estuviera más que restringido, máxime cuando en 2012 hasta la OMS consideró a este antibiótico como "críticamente importante".

Sin embargo por esos inextricables misterios del libre mercado la producción de este antibiótico sólo en China alcanzó en el pasado año 2015 la increíble cifra de cerca de 12.000 toneladas y se calcula que su consumo aumente cerca de un 5% anual hasta alcanzar la asombrosa cifra de 16.500 toneladas de colistina que se espera que China fabrique para el año 2021. ¿Y a donde va a parar toda esta inimaginable cantidad de este antibiótico? Pues como cualquier mente mínimamente inteligente puede razonar no es para uso humano, porque la actual producción anual serviría para cubrir las necesidades de alrededor de 3.000 millones de personas en un tratamiento estándar de una semana. Y por supuesto está más que claro que no puede ser que casi la mitad de la población humana esté en situación de infección por bacterias multiresistentes al resto de antibióticos. Por lo que la respuesta a esta incógnita viene de la industria.

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Así  la colistina se usa rutinariamente como profiláctico en la ganadería y en la acuicultura industriales, no sólo en China sino en multitud de países de todo el mundo, para evitar infecciones en los miles de millones de pollos o cerdos estabulados en megagranjas y de salmones, truchas o lubinas de piscifactorías, lugares todos ellos en donde los animales viven en condiciones de hacinamiento y en donde una infección bacteriana se puede diseminar rápidamente matando o haciendo que los animales pierdan peso por el proceso infeccioso, lo que conllevaría importantes pérdidas económicas.

De tal manera que este uso rutinario, masivo y prolongado en el tiempo ha provocado (como no podía ser de otra manera) que hayan empezado a aparecer las primeras cepas de bacterias resistentes a este antibiótico, como lo demuestra un estudio publicado este mismo año en la prestigiosa revista "The Lancet Infectious Diseases" en donde los investigadores encontraron que en China entre el 14% y el 25% de los cerdos analizados según año y origen presentan cepas resistentes a este antibiótico.

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En este mismo estudio se encontraban porcentajes similares (5-28%) de resistencia en pollos de granjas industriales. Y por supuesto el problema no es únicamente veterinario ya que en ese mismo estudio se indica que alrededor del 1% de las muestras analizadas en pacientes chinos con infecciones graves presentan ya cepas resistentes a este antibiótico. Y como la resistencia a la colistina es debida a un plásmido y no se encuentra codificada dentro del ADN bacteriano, entonces su diseminación mediante conjugación bacteriana será inevitable y a la larga se convertirá en global, aún cuando por ejemplo en la Unión Europea esté prohibido el uso de antibióticos como profilaxis para la ganadería industrial. Ello conllevará el desastroso resultado de que quedará inservible unos de los pocos antibióticos actuales frente a bacterias multiresistentes.

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Así que finalmente, si dentro de unos años su anciana madre, su hijo recién nacido o incluso usted mismo tienen la desgracia de toparse con alguna de estas bacterias superresistentes a todo antimicrobiano conocido recuerden las innumerables veces que han comido en demasía esa carne tan barata de la hamburguesería o que inunda los estantes del supermercado y si son creyentes encomiéndense a la deidad de su preferencia, aunque tengan la seguridad de que les va a servir de bien poco porque la despiadada selección natural estará haciendo su trabajo como siempre.

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