lunes, 10 de octubre de 2016

Experimentación animal: unos números #Indignación científica #noticias


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Ratón de laboratorio sobre su jaula. Fuente.
Hace cosa de unas semanas, saltó a la palestra la noticia de que los científicos españoles, a través de las instituciones en las que trabajan, habían suscrito un acuerdo de transparencia en lo tocante a experimentar con animales. Sí, claro que sí, salieron los de siempre a decir bobadas, como que si la experimentación no era necesaria, como que no servía para nada, blablablá... Vamos, lo que ya hemos comentado otras veces y con lo que empecé mi andadura en este blog, así que no es hora de repetirlo, creo, aunque saldrán cosas que ya hemos comentado, seguro.

Con este artículo lo que quiero poner en negro sobre blanco son los números, a ver si así empezamos a asumir que no sale nada caro investigar con animales dados los beneficios que suele traer. Vamos a verlo.



Una pequeña infografía


Basándome en los números aportados por el artículo que os enlazo antes, con algo de paciencia y algo de buen hacer, me puse a componer una pequeña infografía. No sé si es buena o mala, pero creo que explica bastante. Es la siguiente.

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¿Qué datos podemos ver?

En primer lugar, podemos ver que el número de animales utilizados en España, al año, no excede del millón de individuos, contando con todas las especies animales que se utilizan: roedores, peces, aves e incluso, aunque parezca raro, cefalópodos. Alguien, por Twitter, se extrañaba de que se usaran cefalópodos, pero lo cierto es que el axón gigante del calamar sigue siendo un gran modelo para utilizar en neurofisiología. Este dato, además, nos muestra cómo la utilización de animales en nuestro país se reduce cada año, tal como se cuenta en el enlace. Concretamente, se utilizan 98.430 individuos menos en 2014 que en 2013, lo que supone una reducción del 10,7% en la utilización de los animales de experimentación. En el caso de los roedores, que suponen más del 70% de los animales de experimentación totales utilizados en España, la reducción entre los años 2013 y 2014 fue de un 26,72%.

Tal como muestra la gráfica, la inmensa mayoría de los animales que se utilizan en experimentación en nuestro país son mamíferos, de los cuales casi el 95% son roedores. El resto de mamíferos se encuentran ampliamiente protegidos. Los primates, cuyo uso en experimentación está muy restringido, suponen únicamente un 0,08% del total. Es decir, que se utilizan muy excepcionalmente, e incluso en estos casos, sólo cuando son absolutamente necesarios y en especies de primates que podríamos llamar inferiores (como Maccaca fascicularis). Sólo 455 primates se utilizaron en España en 2014 y el número seguirá disminuyendo.

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Rack de peceras con Danio rerio. Fuente.
Habrá a quien le pueda sorprender que casi un 25% de los animales utilizados en España sean peces. Sin embargo, los modelos animales que se pueden estudiar en Danio rerio son cada vez más habituales y mejores para estudiar cómo se desarrollan distintos fenómenos que ocurren de la misma manera en seres humanos. Aunque nuestra relación filogenética es lejana y existen diferencias, a nivel molecular estas diferencias son menos evidentes y suponen un gran punto de partida para modelizar procesos sin tener que recurrir a animales que nos sean más próximos en la escala evolutiva. Recordad que una de las premisas de la experimentación animal es utilizar animales que estén lo más abajo posible en dicha escala, pero no tanto como para que los procesos que estudiamos no sean tan diferentes. Sin embargo, echando un vistazo a los números, los modelos de D. rerio suponen algo menos de 1/3 de los peces utilizados. Recordemos que somos un país con un consumo de pescado relativamente elevado y la acuicultura y la mejora de las cepas de cultivo piscícola también se cuentan como sujetos de experimentación animal.

Si nos vamos a los roedores, vemos cómo suponen el 57% del total de los animales que se usan, a pesar de las reducciones en su uso. Que se usen roedores de forma tan masiva responde a que son poblaciones muy estables y muy homogéneas, lo que permite una mejor estandarización de los datos. No sólo eso: siguen siendo mamíferos y esto permite que, al observar los procesos que inducimos en ellos, estos sean mucho más parecidos a nivel global y bioquímico, a pesar del parecido que podamos encontrar en los modelos de D. rerio

Interés de los datos


Para muchos, entre los que me incluyo, el saber cuántos animales se utilizan en España en los laboratorios es algo muy interesante. 

Soy investigador, o lo he sido, y he utilizado animales de experimentación en gran parte de mi trabajo. En concreto, he trabajado con ratas, que, para alguien que en vez de manos tiene bañeras como me ocurre a mí, son bastante más manejables que los ratones (y bastante más dóciles, añado). Y saber que poco a poco somos capaces de afinar tanto como para reducir el número de animales utilizados al año es un dato que me alegra. Aunque haya a quien le parezca, como he dicho otras muchas veces, investigar con animales no es plato de gusto. Pero es necesario. 

Es necesario porque no tenemos un conocimiento completo de todo lo que ocurre en nuestro interior como para poner a punto modelos computerizados de, qué sé yo, un Alzheimer. Por ello, la inducción de modelos animales de enfermedades como esta, sigue siendo necesario. Afortunadamente, ya no necesitamos usar primates para ello y tenemos modelos de roedores que funcionan perfectamente. Y ojalá llegue un día en que tengamos un conocimiento completo y podamos modelarlo por ordenador. Hacia ello caminamos, ojo.

También hay que tener en cuenta en estos datos el efecto de la crisis económica. ¿Cuántos proyectos se habrán dejado de dar que antes se concedían y que utilizaban animales? Dudo que toda la reducción del uso de animales, que hemos calculado antes que estaba alrededor del 10%, sea culpa de la crisis y que toda sea a causa de la reducción en su uso. Sí es cierto que, cuantos menos proyectos se conceden, menos animales se usan, por lo que hay que contar con el efecto económico en estos números y no echar las campanas al vuelo. Sí, es cierto, hemos reducido el uso de animales como es el objetivo, pero no tanto como creemos. Así que no bajemos la guardia y nos congratulemos tanto. Lo estamos haciendo bien, sí, y esta es la senda, pero hay que mejorar los datos, ojo.

El precio de la experimentación

No, no voy a hablar de cuánto nos cuesta cada animal, porque los datos actuales no los tengo. Sino del coste en individuos. 

Es lo que intento explicar en la segunda parte de la imagen que intenta ser una infografía. En España, en 2014, según datos de Indexmundi, vivían 46.737.941 personas con una esperanza media de vida de 81,47 años. ¿Sabéis cuántos animales se pueden sacrificar en este tiempo? Yo os doy el número: 66.273.646. Tal cual. Más de sesenta y seis millones de animales. Es un número abrumador. Sesenta y seis millones de individuos sacrificados son una verdadera masacre. Pues aún así, el peaje que pagamos por cada español es muy bajo: tan sólo se sacrificarán 1,42 animales por cada uno de nosotros. Pero no por año, no. Durante toda nuestra vida

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Caenorhabditis elegans. Fuente.
Imaginadlo bien. Al año, menos de un animal y medio da su vida para salvar la nuestra. Pero dadle la dimensión que merece. No es un animal cualquiera, sino uno que reuna características de todos los animales que usamos en experimentación. Incluídos gusanos: el Caenorhabditis elegans también se usa para modelizar ciertas vías de señalización celular, por ejemplo. De ellos, menos de uno y medio será sacrificado durante los 81,47 años que viviremos, de media, para investigar todo aquello que desconocemos de nosotros mismos y poner solución a los problemas que podrían sobrevenirnos. Y ojo, que esto es manteniendo la población, la esperanza media de vida y el número de animales usados. Teniendo en cuenta que las dos primeras aumentan y el último se reduce, el número de 1,42 animales por español durante toda su vida se reducirá en un futuro.

Sólo al año, los tratamientos resultado de la experimentación animal salvan varios millones de vidas, y eso sólo en nuestro país. Con un peaje tan reducido, ¿cuántas vidas no salvarán en el mundo? 

De ese menos de animal y medio, 0.8 es ratón. O lo que es lo mismo. Durante toda tu vida, en experimentación animal, se sacrifica menos de un ratón. Pero esos 2/5 de ratón servirán para averiguar cómo se deposita el β-amiloide en tu cerebro, cómo lo limpia la microglía, qué reacciones neuronales e inmunitarias dispara, cómo puede medirse para desarrollar un diagnóstico temprano y, quién sabe, corregir este depósito para curar el Alzheimer. Probablemente os resulte difícil de creer, pero es cierto que en este país, actualmente, hay grupos haciendo todo esto y usando modelos de ratón para el Alzheimer.

¡Pero no! Resulta que el modelo preferido para investigar el Alzheimer es el de rata. Pues miel sobre hojuelas: resulta que sólo se usarán 0,11 ratas para conseguir todo esto. Y mucho más, porque se usan ratas para muchas más cosas (aunque mucho menos que ratones, claro). 

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Rata resolviendo un laberinto. Fuente.
Así pues, el precio, el verdadero peaje para curar enfermedades realmente graves, para encontrar tratamientos realmente eficaces para condiciones realmente negativas es realmente reducido. Volved a revisar los números. Y volved a tomar en consideración los números después. Cuando ya los hayáis interiorizado, entonces, y sólo entonces, reconsiderad vuestras ideas sobre la experimentación animal. Si aún seguís pensando que 1,42 animales durante toda una vida suponen un peaje demasiado alto por salvar millones de vidas, si no lo consideráis siquiera un coste asumible, me encantará saber por qué. Porque, en nuestro país, este es el coste real en individuos de la experimentación animal.

Y a mí sí que me parece un coste razonable dado el número de vidas que, anualmente, se salvan. Aunque sólo al día salven sólo esa 1,42 vidas, en toda una vida, suman varios miles de vidas salvadas.