domingo, 9 de octubre de 2016

La ciencia ha demostrado la veracidad de Moisés y su paso por el Mar Rojo, más o menos #Diario de un ateo #noticias





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Me encontraba debatiendo el otro día con un "ingeniero aeronáutico" religioso en el blog "La Ciencia y sus Demonios" (en donde escribo habitualmente) sobre la supuesta veracidad de la Biblia y el susodicho me refirió una noticia que hablada de una investigación publicada por un par de físicos estadounidenses, publicada en una buena revista científica, en donde se aseguraba que el famoso episodio de Moisés cruzando las aguas del Mar Rojo podía tener una explicación científica, estudio que a la postre confirmaría la veracidad del relato del Éxodo. 

Intrigado fui a la referencia original porque en caso de ser verdad sería la primera prueba cierta de que los milagros narrados en la Biblia podían tener algún viso de verosimilitud. 

En el mencionado estudio los autores simulaban mediante programas de ordenador distintas condiciones de viento. Sus modelizaciones indicaban que un viento de 101 kilómetros por hora, soplando de forma continuada durante 12 horas y sin cambiar de dirección, pudo hacer retroceder las aguas unos 2 metros de profundidad, abriéndose entonces un paso de tierra de unos 3 kilómetros de largo y 5 kilómetros de ancho que según los autores podría haber permanecido practicable durante 4 horas, puente entre dos tierras que podrían haber usado los israelitas si hubieran estado allí en ese momento.

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El primer y más que relevante argumento contra este estudio es que uno puede suponer cualquier cosa, pero que eso no garantiza ni demuestra de ninguna manera que el resultado final de esa suposición sea posible. Por ejemplo, se puede modelizar en un ordenador que los burros tengan alas y luego estudiar sus características aerodinámicas, pero de ahí a decir que eso demuestra que los pollinos puedan volar es una afirmación tan disparatada que sólo puede considerarse como una soberana majadería. 

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La primera regla del método científico (que parecen haber olvidado estos investigadores) consiste en proponer hipótesis plausibles, conjeturas que tengan posibilidades de verosimilitud con los datos y hechos previos, puesto que estudiar hipótesis sin ninguna
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base no sólo es un ejercicio inútil, sino que es una monumental perdida del escaso tiempo que tienen los científicos. Si un científico dedica su vida a estudiar hipótesis sin ninguna base racional está en la práctica faltando a su deontología profesional, puesto que está malversando el dinero (generalmente público) que se invierte en su salario y en sus experimentos. Y eso es dilapidar los impuestos de los ciudadanos que le han sido concedidos para que intente ¡de buena fe! ampliar el corpus del conocimiento científico.

Porque ¿ese tipo de vientos tan potente, duradero y sobre todo constante en dirección que han modelizado los autores se producen de forma regular o esporádica? Pues como sorprendentemente los autores no han encontrado ningún dato de que este tipo de supervientos tan particulares soplen por ningún lugar de Egipto, pues ni cortos ni perezosos indican que vientos similares se han observado dos veces en medio de dos grande tormentas invernales en el Lago Eire ¡sí ya sé que pilla un poco lejos la frontera entre Canadá y EEUU, pero qué más da! y que el huracán Frances ¡en su momento álgido! llegó a levantar metro y medio el agua en uno de los estrechos cayos de Florida. El que ambos casos hayan ocurrido en otro continente bajo condiciones climatológicas extremas, condiciones que no se han dado nunca en Egipto, parece que es poco relevante para nuestros investigadores.

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Pero es más, es que ni siquiera han intentado simular la región en la supuestamente ocurrieron los hechos, el Mar Rojo. Los autores del estudio eligen los alrededores de la antigua ciudad de Tanis, frente al Mediterráneo y un emplazamiento muy particular, uno de los brazos del Nilo que desemboca en la tranquila laguna adyacente a la ciudad. ¿Porqué este lugar es el elegido para el estudio cuando no existe ningún dato histórico o siquiera mitológico extraído del propio relato del Éxodo para tal lugar? Pues aunque los autores no dan ninguna pista de porqué estudian está región y no ninguna otra del famoso Mar Rojo la causa es evidente, los datos de profundidad de dicho mar no muestran ninguna posibilidad de aguas someras rodeadas por mucha tierra, que es lo que necesitan los investigadores para obtener el resultado obtenido. Es decir que ellos eligen arbitrariamente (por lo que bien podrían haber elegido el Golfo Pérsico, el estrecho de los Dardanelos o un valle encajonado entre los Himalayas) el único lugar conocido de Egipto que casualmente es un brazo del rio Nilo encajonado entre dos orillas. Como había comentado antes, es algo parecido a poner alas a los burros, aunque sea a martillazos para intentar obtener el resultado deseado.

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Pero es más, como los autores de este estudio parece que sólo entienden de ordenadores se les ha escapado el pequeño detalle de que el Nilo se caracteriza por ser quizás unos de los ríos del mundo con mayor aporte de limos. Aunque si hubieran leído algo de cómo se formó el Imperio hubieran entendido que la riqueza de Egipto se basaba en que estos densos limos tan abundantes en el Nilo fertilizaban las tierras adyacentes haciendo posibles las espectaculares cosechas que permitieron a los faraones mantener su poder durante milenios. Por tanto, aún cuando ese tan particular viento hubiera eliminado el agua de esos 15 km2 que les sale de sus cálculos informáticos, la más que considerable capa de limo húmedo acumulado durante siglos en esa zona del delta (y por tanto con poca corriente) debería haber sido una trampa mortal para cualquier loco que se hubiera atrevido a pasar por allí, a no ser por supuesto que ese viento tan particular hubiera sido tan caliente que hubiera podido secar en esas horas el inmenso fangal de la zona, algo así como un supersecador atmosférico ¡total por pedir que no quede!. Porque lo que parecen olvidar nuestros estudiosos es que a lo largo de la Historia ríos mucho menos caudalosos y más cortos que el Nilo han tenido que ser dragados recurrentemente para evitar que esos fastidiosos limos que transporta la corriente acaben colmatando las vías navegables.

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Y ya finalmente en la web del mencionado artículo diversos internautas le han indicado a los autores del estudio que en la actualidad no existe evidencia histórica alguna que permita suponer que los judíos estuvieran cautivos en Egipto en ningún momento. ¿Y cual fue la respuesta de los autores del estudio? Pues se la traduzco liberalmente:

" La historicidad del Éxodo está más allá del alcance de nuestro estudio"

Y asunto acabado. 

En resumen, los autores analizan una suposición que no tiene visos de realidad, en una región equivocada, con unos parámetros y condiciones que no se han dado nunca en esa región y llegan a unas conclusiones casi fantasiosas y sin embargo se quedan tan satisfechos sugiriendo que es posible que un relato mitológico puede haber sido real ¡Eso es ciencia de la buena!

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