lunes, 17 de octubre de 2016

La ciencia, a punto de acabar con el mal olor de los pedos #La ciencia es bella #noticias


Es lo que nos cuentan desde Science of us. Una gran noticia para la humanidad, especialmente en ascensores y otros sitios poco ventilados.

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Según leo en dicho artículo, cuyo título original es "Scientists have finally figured out a solution to fart smell", un equipo de investigadores dirigido por Chu Yao, del departamento de gastroenterología de la australiana Monash University, han llevado a cabo un estudio que podría evitar para siempre un problema que si bien no es especialmente grave (los hay peores, sí), nadie puede negar que no actúa a escala global, sin distinción de raza, credo, edad, religión, y demás: el asqueroso olor de los pedos ajenos (el olor propio es otra cosa, ¿a que sí?)

El gas expelido por el ano, vulgo pedo, tiene dos componentes principales: por un lado, gases sin olor que hemos ingerido del aire y por otro, y este es el componente clave, los gases que se forman en el tubo digestivo como resultado de la interacción entre la flora intestinal y los alimentos digeridos. El sulfuro de hidrógeno, por ejemplo, es el que proporciona el delicado aroma a huevo podrido. Según estos científicos, los niveles de este gas varían un montón dependiendo de lo que nos hemos zampado unas horas antes. Así presentaron sus hallazgos en la última Reunión Anual de la Sociedad Gastroenterológica de Australia:

"Cuando mezclamos las heces de siete personas sanas con cisteína -un aminoácido abundante en las proteínas de huevos, carne, lácteos y otros alimentos- se multiplicaron  por siete las emisiones de sulfuro de hidrógeno producidas por las bacterias presentes.

Sin embargo, la producción del gas se redujo mucho cuando mezclamos las heces con cuatro hidratos de carbono de absorción lenta (fibra, vamos). Estos pasan por el intestino delgado sin ser completamente digeridos para ser finalmente fermentados por las bacterias del intestino grueso.

Dos de estos hidratos de carbono - almidón resistente, que se encuentra en patatas, plátanos, legumbres y cereales, y fructanos, presentes en trigo, alcachofas y espárragos- redujeron un 75 % la producción del sulfuro. Esta fermentación no produce el oloroso gas".


En fin, ya lo sabemos: quien tenga un problema de gases intestinales debe comer menos carne, huevos y queso y decantarse con alimentos ricos en fibra. Por ejemplo, cereales sin refinar o el envase de cartón que los contiene.

Algo me dice que por mucho que nos estén vendiendo la moto Yao y sus colegas, la humanidad no va a resolver el problema de los pedos ni a corto ni a medio plazo. Ni a largo. A cambio, esperemos que otros problemas globales más problemáticos, valga la redudancia, se resuelvan cuanto antes.