jueves, 20 de octubre de 2016

La influencia de la mitología en la ciencia (40ª Parte): Átropos #Ese punto azul pálido (Pale Blue Dot) #noticias


[Nota inicial: Se puede consultar el resto de entregas de la serie sobre la influencia de la mitología en la ciencia desde este enlace]


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Bajorrelieve de Átropos cortando la hebra de la vida

Átropos era la mayor de las Moiras, las tres diosas hijas de Zeus y Temis que asignaban el destino individual de cada mortal en el instante de su nacimiento, tejiendo en ese momento «el hilo de vida» que iba desde el alumbramiento hasta la muerte e incluso en el más allá. En la mitología romana eran conocidas como Parcas y son las Nornas de la mitología nórdica. 

Las hermanas menores de Átropos eran Laquésis (La Repartidora) que medía con una vara la longitud del hilo de la vida y Cloto (La Tejedora), la encargada de hilar la hebra de la vida con una rueca y un huso.

La bella Átropos era la encargada de cortar el hilo o la hebra de la vida con sus tijeras, de ahí que fuera también conocida como La Inflexible o La Inevitable y que los romanos la llamaran Morta.


Plantas venenosas, serpientes, la esfinge de la muerte y un asteroide

La implacable diosa griega inspiró a Carlos Linneo el nombre de Atropa para un género de plantas perteneciente a las solanáceas y cuyo arbusto más conocido es la Atropa belladona o simplemente belladona. Para el gran Ambrose Bierce, y así lo recoge en su Diccionario del diablo, la belladona es: en italiano, una dama hermosa; en inglés, un veneno letal. Un llamativo ejemplo de la identidad esencial de las dos lenguas.

Lo cierto es que a la belladona, cuyo nombre parece estar relacionado con su utilización como dilatador de las pupilas de las damiselas del renacimiento, la encontramos en multitud de referencias relacionadas con el arte, la literatura y la música. Por poner un ejemplo, en Sor Angélica, ópera en un acto del compositor italiano Giacomo Puccini con libreto de Giovacchino Forzano, la protagonista se suicida tras ingerir un brebaje de hierbas venenosas. Ese mortal brebaje lo describen como una mezcla de belladona con otras plantas venenosas como cicuta y laurel cerezo. 


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El principio activo que le proporciona la toxicidad a la belladona es la atropina, un alcaloide tropano que actúa como antagonista competitivo del receptor muscarínico de la acetilcolina. Los efectos clínicos derivados de una intoxicación con atropina son parecidos a los del resto de intoxicaciones por alucinógenos: síndrome delirante orgánico con fenómenos de distorsión de los esquemas espacio-temporales, distorsión intensa de percepciones, despersonalización, sinestesias, alucinaciones sensoriales, transtornos postalucinógenos (flashback) Y en altas dosis, la muerte. 


Las Atropoides, «manos de piedra» o «Nauyacas saltadoras» son un género de peligrosas serpientes venenosas pertenecientes a la subfamilia de los crótalos y que podemos encontrar en algunas montañas de América Central. Curiosamente pese a estar consideradas como venenosas su veneno no es tan letal como en otras víboras.


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La Acherontia atropos o «esfinge de la muerte» es la mariposa con lo que parece ser una calavera humana en su tórax y que reconocemos en el cartel de la película El silencio de los corderos
Su nombre tiene una doble inspiración mitológica: la del río del inframundo Aqueronte, en donde el barquero Caronte trasladaba a las almas de los difuntos hacia el reino de Hades y la de nuestra protagonista la Moira. 


Finalmente, a Átropos también la encontramos en el nombre de un objeto del cinturón de asteroides, el (273) Atropos, descubierto en marzo de 1988 por el astrónomo austriaco Johann Palisa, gran descubridor de cuerpos menores del Sistema Solar.