sábado, 15 de octubre de 2016

Los farmacéuticos y la homeopatía #La lista de la vergüenza #noticias


Como sin duda sabrán ya, hace algunas semanas un grupo de farmacéuticos presentó la iniciativa Farmaciencia, destinada a intentar retirar de las boticas los productos sin eficacia demostrada y cuya primera acción ha sido una petición para que los productos homeopáticos dejen de venderse en esos establecimientos. Petición que, por cierto, pueden apoyar ustedes con su firma.

Naturalmente, las críticas a esta iniciativa no se han hecho esperar, tanto desde el mundillo de la homeopatía como desde algunos Colegios Oficiales de Farmacéuticos, que como hemos visto tantas veces en esta lista están más comprometidos con el negocio de la venta de azúcar mágica que con el servicio público que se supone deben ofrecer a los ciudadanos. Algunas de estas críticas son bastante pobres, como la que formuló el Colegio de León (con disparate cuántico incluido), que la propia Farmaciencia ha contestado con contundencia. Pero en otros casos, como el de Valencia, los responsables colegiales han acudido al argumento de la legalidad: como cuenta Valencia Plaza en una entrevista firmada por Almudena Ortuño, el presidente del Colegio valenciano se ha escudado en que los farmacéuticos, según dice, están obligados a dispensar homeopatía.

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Muchos farmacéuticos no dejan de usar ese argumento, porque la verdad es que como excusa no estaría nada mal… si fuese cierto. Pero no lo es. Y como ya hemos tratado ese tema no una, ni dos, sino tropecientas veces sin que los responsables colegiales se enteren (o quieran enterarse) vamos a ver si lo conseguimos de una manera más gráfica:

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Por supuesto, habrá quien no esté de acuerdo con estas conclusiones. Por ejemplo, hay quien me ha dicho que la situación de los productos para los que se pidió la autorización provisional en 1994 es perfectamente legal, y que no tenemos razón ni yo, ni la Audiencia Nacional, ni la Disposición Transitoria Segunda del Decreto de 1994, ni el mismísmo Ministerio cuando se empeña en regularizar esa situación. Claro que también hay quien me ha llegado a asegurar que los productos de su empresa (creada en 1998) están acogidos al Decreto de 1994, en algo que no sé si es otro intento de plagiar El Ministerio del Tiempo o una demostración de tener un rostro más duro que el de las Caras de Bélmez.

Pero si discrepan, por favor, búsquense argumentos jurídicos (si los encuentran). Estaré encantado de recibirlos en los comentarios, y seguro que los lectores también.

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