lunes, 31 de octubre de 2016

Reflexiones sobre Biología Evolutiva e Historia: hacia una ética galáctica #La Ciencia y sus Demonios #noticias


the_six_million_dollar_cow_by_jouey_
Aunque en principio pueda parecer sorprendente existe un fuerte paralelismo entre los procesos evolutivos y los históricos. En ambos casos tanto las diferentes especies como las distintas culturas o civilizaciones han ido cambiando gradual e imperceptiblemente a lo largo de los siglos en el caso humano y de los millones de años en el caso biológico bajo la interacción de los más diversos y complejos equilibrios frente a las condiciones del entorno y a la influencia de otras especies o culturas.

También es más que evidente que ese cambio no implica mejora alguna sino simples modificaciones más o menos adaptativas restringidas por las condiciones ecológicas locales persistentes en cada momento. Así, a pesar de la omnipresente visión basada en la supremacía del ser humano no está nada claro que desde el punto de vista evolutivo un mamífero sea superior en modo alguno a un cefalópodo, un artrópodo o una simple bacteria. Ello es debido a que los mamíferos en general y los humanos en particular no somos más que el azaroso resultado de múltiples eventos, como por ejemplo el que hace varios miles de millones de años unas insignificantes bacterias expulsaran como subproducto de

cyanobacteria
su metabolismo el más que venenoso gas representado por los químicos como O2 (suceso que a la larga alteró de la forma más dramática la composición de la atmósfera terrestre, y que puede ser considerado el primer ejemplo de bioingeniería planetaria, y encima realizado por unos más que humildes microorganismos) o que un trozo de roca cósmica errante impactara hace 65 millones de años en lo que actualmente es el golfo de México, que de no haberse producido es más que probable que nunca hubieran terminado originando a nuestra tan particular especie de primates con más que escaso pelo.

Similarmente, dentro del devenir histórico si unas pocas especies vegetales (trigo, cebada, mijo, maíz, patata, …), un número más que reducido de distintos mamíferos herbívoros como ovejas, cabras o vacas y un par de especies aviares (patos y gallinas), todas ellas previamente salvajes no hubieran acabado siendo por casualidad tan dóciles y tan útiles a esos más que curiosos primates bípedos que se desplazaban errantemente en busca de caza, pesca y frutos silvestres no se hubiera producido nunca esa explosión demográfica,

aldea_neolitica_600
la famosa Revolución Neolítica (que algunos autores considerar el peor y más grande error de la Humanidad ¡y eso que desgraciadamente como especie hemos cometido muchos y muy graves!) que catapultó al ser humano (un animal, en el mejor sentido de la palabra, más que marginal durante millones de años evolutivamente hablando) a la cúspide de la depredación biológica (y hasta geológica me atrevería a decir), por encima de esa gran variedad de especies de felinos, úrsidos y aves de presa que llevaban señoreando la cadena trófica bastantes decenas de millones de años antes de nuestra más que tardía aparición en la escena evolutiva. Y aun así, por mucho que tendamos a considerar como occidentales "cultivados" que somos, claramente influenciados por esa visión clásica de la supremacía del hombre (primero como especie y después como género y por supuesto color de piel) "civilizado" a Cervantes, Tiziano, Fidias, Miguel Ángel, El Bosco, Dostoievski, Bach, Mozart o incluso a los Beatles o a los ACDC como el culmen del refinamiento y el progreso cultural, hay que reconocer que esos anónimos pintores de Lascaux o Altamira, esos desconocidos moldeadores de hueso, piedra, madera o marfil prehistóricos capaces de crear exquisitas esculturas como la tan famosa "Hombre León" o tallar una flauta con la que posteriormente tocar una melodía que acompañara al relato de las gestas de la tribu en esas tan largas y oscuras noches de hace 40 o 50.000 años no tienen nada que envidiar a esa miríada de creadores y artistas posteriores que únicamente ampliaron la senda que ellos inventaron en los ya lejanos albores de la Humanidad.

Reproductions at the Museo del Mamut, Barcelona 2011

Pero quizás la característica que muestra más palpablemente el paralelismo de ambos procesos, el evolutivo y el histórico es que las unidades de ambos sistemas: las especies o los pueblos no cambian sólo por las presiones del medio ambiente, sino que las interacciones entre distintas especies que comparten el mismo ecosistema o las diferentes entidades grupales humanas de una misma región se influyen mutuamente de tal manera que se crean inextricables equilibrios locales estables, que sin embargo pueden derrumbarse rápidamente por la aparición de nuevos jugadores.

marsupiales
Así a lo largo de los eones grupos de especies aisladas entre sí por barreras geográficas infranqueables (generalmente mares, aunque no exclusivamente) fueron discurriendo por sendas evolutivas marcadamente diferentes, de tal manera que las distintas especies de animales y de plantas de los diferentes continentes o islas podían ser extravagantemente extrañas entre sí, siendo quizás el ejemplo más llamativo el de los mamíferos marsupiales frente a los placentarios. Cuando ambos conjuntos de animales, tras decenas de millones de años de aislamiento evolutivo, se reencontraron al unirse las dos Américas mediante la formación del istmo de Panamá los equilibrios previos de cada continente quedaron rotos y una feroz y nueva competencia entre especies diferentes que no habían interactuado nunca entre sí dio lugar a uno de los mayores cataclismos evolutivos de la historia de la vida, cuyo colofón fue la casi total extinción de los marsupiales.

Otro ejemplo de esa dicotomía entre coevolución y contacto brusco de las interacciones evolutivas nos incumbe a los humanos como especie. Mientras que en nuestra África ancestral las diferentes especies de grandes mamíferos pudieron ir adaptándose a lo largo de millones de años a unos extraños seres bípedos que con el paso del tiempo fueron haciéndose lentamente cada vez más cabezones a la par que muchísimo más peligrosos, la llegada de sapiens modernos pertrechados con una cada vez más letal tecnología fue exterminando a las especies de gran tamaño que habían ido evolucionando en aislamiento en cada una de las remotas regiones, continentes, archipiélagos e islas que el insaciable espíritu aventurero humano fue colonizando en una ya prácticamente terminada expansión planetaria que ha durado la friolera de varias decenas de miles de años. Especies animales que no tuvieron oportunidad alguna frente al más terrible depredador que ha dado la evolución en la Tierra.

expansion-humana

Pues bien, algo totalmente similar ha venido ocurriendo a lo largo de la Historia. Aquellas tribus, grupos o poblaciones que se encontraban en contacto entre sí acabaron desarrollando mecanismos de equilibrio que, aunque basados en la perpetua competencia y muchas veces en el enfrentamiento más sangriento, permitió durante siglos (cuando no milenios) la supervivencia de las distintas culturas o entidades políticas de un determinado continente ya que fueron coevolucionando juntas. Y como en el caso de las extinciones masivas de especies por contacto de grupos previamente aislados, cuando el hombre blanco inició su imperialista expansión, primero a América y luego a cada una de las islas cada vez más remotas de la Tierra, el mismo patrón de aniquilación sistemática de las estructuras sociales, económicas y políticas, junto con el casi total genocidio de poblaciones enteras de aborígenes que no habían desarrollado no ya las armas, sino como ha demostrado muchas veces la Historia, ni siquiera esa mentalidad dual tan "exitosa" (al menos en términos biológicos) del hombre blanco, a la vez expansiva y opresora, se fue repitiendo una y otra vez llegando a un resultado final que no podía ser otro más que el de igualar en el exterminio por ejemplo a marsupiales y aborígenes que habían aprendido a coexistir aunque fuera de manera imperfecta en las lejanas tierras australianas.

cristobal-colon-large

Por ello, a partir de los estudios realizados en las última décadas se está imponiendo cada vez más la visión de que es más que necesario preservar libre de injerencias tanto esas especies como esas culturas que han evolucionado en aislamiento y que la exposición a un mundo globalizado únicamente termina con la desaparición de las mismas. Así desde el punto de vista medioambiental no sólo se han creado multitud de reservas de vida salvaje y parques naturales, en donde se limita cuando no se impide la presencia tanto de humanos como de especies foráneas, sino que en diversos casos se ha planificado la erradicación completa de esas especies invasoras para intentar preservar la fauna y la flora autóctonas de distintos lugares.

rabbit-proof-fence-76

En el caso humano la situación es todavía más perentoria ya que los cada vez más escasos pueblos aislados necesitan ser protegidos del exterminio directo llevado a cabo por grandes terratenientes y empresas extractoras de los más que suculentos recursos naturales que abundan en sus tierras ancestrales o del indirecto producido por las

17anthropologist3-jumbo
innumerables enfermedades transmitidas por el simple contacto (aunque este llevado a cabo con el mejor de los propósitos) que diezman a estos grupos aislados incapaces de desarrollar en unos pocos años la inmunidad de grupo que el resto de la Humanidad ha conseguido a lo largo de siglos, cuando no de milenios. Si a esto le sumamos que estos cada vez más reducidos grupos de seres humanos no contactados se han convertido en una atracción turística para que turoperadores organicen "safaris" fotográficos exclusivos para conocer a estos últimos exóticos sapiens su porvenir no puede ser más sombrío. Así en la actualidad el único grupo aborigen no contactado del mundo que se mantiene en relativa seguridad es el de los andamaneses que habitan la pequeña y remota isla "Sentinel del Norte", que gracias a una mezcla de su particular ferocidad frente a los extraños y a las leyes de no injerencia promulgadas en la India, país que tienen la soberanía del archipiélago se han podido mantener a salvo del más que probable exterminio (directo o indirecto) ligado al contacto de la civilización.

pueblos-indigenas-aislados

Pero este casi inevitable genocidio cultural y físico que se produce cada vez que un grupo aborigen contacta con una civilización más avanzada técnicamente ni siquiera necesita de que sea siempre el grupo más "civilizado" el causante directo del exterminio de los nativos. La llegada de nuevo conocimiento o de herramientas a aborígenes que no han tenido tiempo para descubrir y sobre todo asimilar por si mismos el inmenso poder de la tecnología puede servir para que los diversos grupos autóctonos pierdan sus ancestrales equilibrios políticos y aquellos clanes que más rápidamente interaccionan con los extranjeros o que saben sacar partido al nuevo conocimiento pueden ser los responsables del exterminio de otras tribus más apartadas o menos curiosas. Eso es lo que ocurrió en la

new-zealand_maori-culture
más que alejada Nueva Zelanda después que los maoríes entraran en contacto con los occidentales. El comercio permitió a aquellas tribus que fueron contactadas primero el obtener una doble ventaja tecnológica que a la larga resulto dolorosamente decisiva. La primera fueron los mosquetes, armas de fuego que alteraron el equilibrio político entre los diferentes grupos y que provocaron toda una serie de masacres interétnicas que produjeron la muerte de decenas de miles de nativos así como el colapso político y económico de gran parte del mundo maorí. Y la segunda fue la más que inocua patata, ya que con esa nueva fuente de alimento que podía ser almacenada durante varios años y ser transportada fácilmente, los señores de la guerra maoríes que las utilizaron antes dispusieron de excedentes alimentarios que les permitieron alargar el radio de acción de sus ejércitos en campañas cada vez más alejadas de su núcleo tribal original para transformar las pequeñas razias locales previas al contacto con los europeos en verdaderas guerras modernas que llevaron al colapso de la civilización maorí en unos pocos años.

Sería por tanto decisivo asimilar el paralelismo de este doble conocimiento biológico e histórico acumulado para evitar repetir los mismo errores en el futuro. Por ello el principio de no injerencia más absoluto debería estar grabado en piedra en las leyes de cualquier civilización desarrollada que quiera ser reconocida como tal y desborda el actual ámbito de nuestra sociedad para entrar de lleno en lo que por ahora sólo puede ser considerado política ficción o incluso directamente ciencia ficción.

seti
Desde hace varias décadas se están dedicando esfuerzos para detectar y en su caso contactar con posibles civilizaciones extraterrestres. Independientemente de que este contacto se restrinja a enviar o recibir señales que tarden cientos o miles de años en llegar a su destino o si por el contrario dentro de un par de décadas o de siglos se inventa una nueva tecnología que permita la comunicación directa y bidireccional con entidades extraterrestres surge un más que evidente problema moral. ¿Qué tipo de información compartir? Porque si en esta relación los sapiens somos la parte más avanzada deberemos de cuidar muy mucho qué conocimientos mostrar, por más que a nosotros en principio nos puedan parecer inocuos o incluso beneficiosos para otra civilización tecnológicamente menos avanzada que la nuestra para evitar repetir el error
placa-pionner-10-sagan
cometido con los maoríes. Si por el contrario es la civilización extraterrestre las que nos lleve siglos, cuando no milenios de desarrollo científico y tecnológico el problema moral será suyo pero las inciertas pero potencialmente peligrosísimas consecuencias serían sufridas por nosotros, una especie que si por algo se ha caracterizado a lo largo de nuestra más que modesta historia no ha sido por el análisis reflexivo y ponderado de los avances científicos, sino por todo lo contrario, por el uso más que indiscriminado de todo nuevo conocimiento para el desarrollo de armas cada vez más letales o de tecnologías cada vez más contaminantes o destructoras del medio ambiente, primero a nivel local pero ahora desgraciadamente cada vez más a nivel planetario.

Por tanto sería más que recomendable que, antes de empezar a pregonar (tan prepotentemente como es habitual entre los sapiens) a los cuatro vientos del Universo nuestra existencia y nuestro más que modesto poder científico, reflexionáramos como especie sobre las ventajas, pero quizás más importante sobre los más que evidentes inconvenientes y problemas de ese hipotético contacto estelar. Yo personalmente sólo espero que esas civilizaciones infinitamente más avanzadas que la nuestra, que deben por pura lógica y simple estadística existir en este vasto Cosmos que habitamos, hayan llegado a esta misma conclusión y tengan como norma básica de sus relaciones intergalácticas el principio de no injerencia más absoluto. Ello explicaría además la más que llamativa Paradoja de Fermi.

drake-equation

 

 

 

 

 

 

Entradas relacionadas: