viernes, 11 de noviembre de 2016

El aumento del CO2 atmosférico está reverdeciendo la Tierra, entonces ¿tenemos patente de corso para seguir contaminando el planeta? #La Ciencia y sus Demonios #noticias


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Hace algunos meses se publicó un estudio en la prestigiosa revista "Nature Climate Change" en donde se demostraba que en las últimas décadas gran parte de la superficie de la Tierra se había reverdecido debido principalmente al aumento del CO2 atmosférico producido por la actividad humana. Este dato desató inmediatamente un optimismo desmedido por parte de grandes empresas de la energía, medios de comunicación afines, tertulianos y todo tipo de negacionistas del cambio climático. Sin embargo ¿este llamativo informe justifica que la Humanidad siga consumiendo desaforadamente combustibles fósiles?

Primero vayamos con las buenas noticias para todos aquellos empeñados en convencernos que añadir anualmente al planeta Megatoneladas de CO2 (y no lo olvidemos, también de esas partículas sólidas que se desprenden de la quema de combustibles fósiles y que acaban en los pulmones de todos produciendo la muerte a unos 7 millones de personas al año)  no sólo no tiene importancia sino que incluso puede ser beneficioso. El mencionado estudio indica que en estos últimos 45 años una superficie equivalente a dos veces la de los EEUU ha reverdecido en todo el mundo, por lo que si ahora hay cerca de 20 millones de km2 más de verdor en la Tierra ¡adiós a nuestros problemas ambientales!

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Pero antes de lanzar las campanas al vuelo y comprar acciones de las 7 hermanas petroleras bien haríamos en ser prudentes. Primero porque los mismos autores del estudio indican que

Nuestro estudio no abordó la conexión entre el verdor y el almacenamiento de carbono en las plantas

ya que de la simple observación de que ahora hay más superficie verde no se desprende automáticamente que haya más cantidad de CO2 almacenada en las plantas. Si esas zonas verdes no son permanentes (por ejemplo si son zonas de pasto y matorral), al llegar el invierno vuelven a liberar gran parte si no todo el CO2 que almacenaron en primavera y verano. Además un más que encomiable experimento realizado por científicos de la Universidad de Stanford, que estudiaron durante 16 años consecutivos 132 parcelas de flores y pasto en un parque natural de California y en donde introdujeron diferentes niveles controlados de dióxido de carbono, temperatura, agua y nitrógeno en cada una de ellas, encontró que sólo los niveles más altos de nitrógeno dieron como resultado una mayor productividad de las plantas, mientras que las temperaturas más altas hicieron que disminuyera dicha productividad.

Segundo, independientemente de que esas nuevas zonas verdes capturen carbono temporal o permanentemente el problema sigue descontrolado ya que en la actualidad sólo alrededor de la mitad de las 10 mil millones de toneladas de carbono emitidas a la atmósfera por las actividades humanas cada año permanecen temporalmente almacenadas, en partes aproximadamente iguales, en los océanos y en la vegetación de todo el mundo. Es decir que incluso con el actual reverdecimiento del último medio siglo el balance neto anual es de unos 5 mil millones de toneladas de CO2 que incrementan la ya de por sí alta concentración de este compuesto en la atmósfera. Así que aunque dentro de otro medio siglo hubiera reverdecido otra superficie igual o incluso superior a la de estos últimos decenios el nivel de CO2 atmosférico y el incremento de temperatura que conlleva seguirían fuera de todo control.

Y tercero porque el aumento de la temperatura del planeta es el gran problema, ya que está haciendo que los incendios forestales producidos tanto por causas naturales (tormentas de rayos) como por la actividad humana (bien por negligencia o intencionadamente) aumenten su extensión y su gravedad. Así un reciente estudio publicado en la también prestigiosa revista PNAS concluye que el cambio climático causado por los seres humanos es responsable de duplicar el número de grandes incendios, el número de hectáreas quemadas, así como la duración de la temporada de incendios forestales en el oeste de los Estados Unidos durante los últimos 30 años tal y como muestra la siguiente figura

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en donde se puede observar cómo mientras en la mayoría de los años previos a 1999 la superficie quemada fue de unas 100 Khectáreas o menos sólo existe un año posterior al 2000 con una masa forestal similar quemada. Por el contrario, antes de 1999 sólo un año ardieron más de 300 Khectáreas mientras que 11 de los 16 años posteriores al 2000 superaron dicha cantidad.

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Y además en otro estudio también de este mismo año se encuentra una correlación casi perfecta entre la frecuencia anual de esos grandes incendios forestales (barras rojas) en el oeste de Estados Unidos y la temperatura media observada en esa misma región del país americano en la temporada primavera-verano (línea negra) tal y como se indica en la siguiente figura.

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Y por supuesto a nadie se le puede escapar que este problema tiene dos grandes y descorazonadoras consecuencias. La primera de ellas es que cuando un bosque antiguo y frondoso arde se libera todo el carbono almacenado en él durante décadas o siglos y luego poco importa que un lustro después del incendio las imágenes de los satélites indiquen que esa región vuelve a ser verde, porque los plantones, la hierba y los pequeños árboles tardarán otra vez décadas o siglos en recuperar el CO2 perdido. Y la segunda y más peligrosa es que de la anterior correlación entre temperatura y extensión de los incendios sólo se puede deducir que como la temperatura seguirá aumentando año tras año, la terrible consecuencia es que los incendios que se produzcan en el futuro próximo serán más frecuentes y pavorosos que los actuales y se irán rompiendo las marcas de millones de toneladas de madera que arderán para satisfacer nuestra parece ser que insaciable sed de gasolina.

Y a todo esto hay que añadir que la propaganda del CO2 fertilizador es una visión muy simplista que no se corresponde con la realidad de la agricultura industrializada. Así por ejemplo un estudio llevado a cabo en el 2012 encontró que aunque la producción francesa de maíz ha aumentado constantemente en las últimas décadas debido a una combinación de mejoras tecnológicas y a la mencionada fertilización con CO2 (con una importancia mucho mayor de la primera que de la última causa), en los últimos años los rendimientos se han estabilizado y han sido particularmente bajos cuando Francia ha sido golpeada por olas de calor, ya que parece ser que los cultivos de maíz sufren mucho cuando la temperatura es superior a los 32°C. Y otro estudio publicado hace unos meses también en "Nature Climate Change" concluyó que las temperaturas más altas harán que la producción de trigo decline, de tal manera que con cada grado que aumente la temperatura mundial los rendimientos de los cultivos de trigo se reducirán en aproximadamente un 5%. En resumen, que el cambio climático es una muy mala noticia para varios de nuestros cultivos básicos de los que depende la alimentación de cientos, cuando no de miles de millones de personas.

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