martes, 8 de noviembre de 2016

Las espantosas Jornadas de Terapias Alternativas de Úbeda #La lista de la vergüenza #noticias


En las ocasiones solemnes, cuando los seises cantan en la Sacra Capilla de El Salvador, de Úbeda, un pertiguero se coloca de pie sobre la tumba de Francisco de los Cobos. Según me contaron, se trata del cumplimiento de una manda testamentaria del poderosísimo Secretario de Carlos I, que en uno de esos clásicos místicos tan de moda en su época, estableció que se pagase a un pobre para que permaneciese sobre su sepultura simbolizando que él, a pesar de sus riquezas y cargos, estaba por debajo del más humilde de los mortales.

No sé si algún (ir)responsable del ayuntamiento de Úbeda ha decidido hacer algo parecido con el sobrino de don Francisco, el obispo Diego de los Cobos, pero lo cierto es que programar esta cosa en el hospital que fundó y en el que está enterrado se parece mucho a bailar sobre su tumba. Y, de paso, hacer a su memoria unas cuantas pedorretas.

Cartel de las jornadas de terapias alternativas de Úbeda

Y es que cuando el obispo de los Cobos mandó edificar el Hospital de Santiago quiso que acudieran a él los enfermos pobres para aliviarse, pero esto lo que pretende es que los pobres enfermos acudan para que les cuenten embustes. Porque fíjense en el panorama: "constelaciones familiares", programación neurolingüística, chakras y flores de Bach, chamanismos y chorradas varias, cuencos/cuentos tibetanos… Por haber, hay hasta algo llamado "bioingeniería cuántica" que, a juzgar por lo que podemos leer en las webs del ramo, es una disciplina capaz de espantar por igual a biólogos, ingenieros y físicos cuánticos. Y cuando encontramos una charla titulada "Machismo y codependencia" que parece apartarse un poco de esta auténtica antología del disparate con pretensiones terapéuticas, basta con investigar un poco para comprobar que la imparte un tipo que también realiza "talleres chamánicos" curativos al módico precio de 150 € por cada infeliz que pique, antecedente que no presagia nada bueno.

En fin, que cualquiera con un poquito de sentido común podría darse cuenta de que presentar esas ocurrencias como terapias alternativas es como presentar un adoquín como un almuerzo alternativo a un buen ochío con morcilla. Más aún: presentarlas como terapias, del tipo que sean, podría ser el embuste más grande que se ha escuchado en Úbeda desde que Álvar Fáñez, que seguramente se había entretenido con alguna moza, le dijo a su rey que había llegado tarde al ataque porque se había perdido "por esos cerros".

Y sin embargo ahí están, organizadas (¡por cuarta vez!) por el Ayuntamiento de la localidad y parece que con gran entusiasmo municipal. De hecho, según cuenta la prensa, en la presentación pública del invento la concejal de participación ciudadana

destacó el auge y el reconocimiento de estas jornadas, que brillan por su "calidad y profesionalidad"

Teniendo en cuenta que no hay término en élfico, lengua Ent o de los hombres, o ubedí, para describir el horror del programa de esta y las anteriores ediciones de las Jornadas, hay que aplaudir al periodista por haber entrecomillado lo de la calidad y la profesionalidad.

La concejal también hizo hincapié en que las actividades son totalmente gratuitas, mérito sumamente discutible: a la estatua de Vandelvira de la Plaza Vázquez de Molina tampoco le cuestan un céntimo esos botellines de cerveza que la gente le pone al alcance de la mano, pero eso no implica que le sirvan para nada, ¿verdad?

Y, en fin, la concejal, que ese día estaba sembrada, añadió que

gracias a la promoción de estas actividades y eventos alternativos para todas las edades se promueve un estilo de vida saludable.

Lo cual puede hasta ser cierto: cualquier persona sensata que vea eso saldrá corriendo, y ya sabemos todos que esa es una actividad sanísima.

Un Ayuntamiento no solo puede, sino que debe velar por la salud de sus ciudadanos. Y eso incluye no dar cobijo ni promover estas actividades. Esperemos que entre un poco de sensatez en el precioso edificio renacentista del Ayuntamiento y que estas jornadas tan disparatadas sean las últimas; que Úbeda, mi querida Úbeda, no se merece esto.

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