sábado, 12 de noviembre de 2016

Trump ganó gracias a la corrección política #De Avanzada #noticias


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La victoria de Donald Trump en EEUU obedece a muchos factores, y es la consolidación de una sola cosa: las fuerzas políticas anti-ilustradas. Sí, los racistas, xenófobos, machistas, enemigos de la globalización y otras criaturas de similar catadura moral fueron apoyos fundamentales en la victoria de Trump.

Pero hay otros que, a pesar de que dicen odiar profundamente todo lo que Trump representa, ayudaron a que, durante los próximos cuatro años, escuchemos Trump y la palabra Presidente en la misma frase — los que promueven la corrección política. En Reason, Robby Soave explica cómo ocurrió esto:

Muchos dirán que Trump ganó porque aprovechó con éxito las ansiedades de los trabajadores de clase baja sobre inmigración y globalización. Otros dirán que ganó porque Estados Unidos rechazó una alternativa profundamente impopular. Otros dirán que el país es simplemente racista.

Pero hay otra pieza importante del rompecabezas, y sería un grave error ignorarla. En gran medida, ignorarla fue el problema en primer lugar.

Trump ganó por una cuestión cultural que vuela bajo el radar y sigue siendo obstinadamente difícil de definir pero es, sin embargo, enormemente importante para un gran número de estadounidenses: la corrección política.

Más específicamente, Trump ganó porque convenció a un gran número de estadounidenses de que destruiría la corrección política.

He tratado de llamar la atención sobre este tema durante años. He advertido que la corrección política en realidad es un problema en los campus universitarios, donde la extrema izquierda ha ganado poder institucional y lo ha usado para castigar a la gente por decir o pensar lo que no deben.

Y desde que Donald Trump se convirtió en una seria amenaza para ganar las primarias presidenciales del Partido Republicano, he advertido que mucha gente, tanto en el campus como fuera de él, estaba furiosa por la corrección política que campaba a sus anchas — tan furiosa que daría poder a cualquier hombre que se opusiera a ella.

He visto este juego en un campus tras otro. He visto grupos estudiantiles disidentes invitar a Milo Yiannopoulos a hablar — no porque estén de acuerdo con sus puntos de vista, sino porque denuncia la censura y socava la corrección política.

He visto a los estudiantes aplaudir su dramatismo, su comportamiento insultante, y su narcisismo sólo porque los agentes del buen pensamiento del campus están indignados por eso. No se trata de sus ideas o políticas. Ni siquiera se trata de él. Se trata de la venganza por la opresión social.

Trump le hizo a EEUU lo que Yiannopoulos le hizo a los campus. Este es un punto de vista que Yiannopoulos comparte. Cuando hablé con él sobre el éxito de Trump hace unos meses, me dijo: "Nadie vota por Trump o le gusta Trump por sus posturas políticas. Ese es un malentendido sobre lo que es el fenómeno Trump".

Él describió a Trump como "un icono de irreverente resistencia a la corrección política". La descripción fue correcta, añadiría yo.

¿Qué es la corrección política? Es notoriamente difícil de definir. Recientemente aparecí en un panel con Sally Kohn de CNN, quien describió la corrección política como ser educado y tener buenos modales. Eso está bien — puede significar cosas diferentes para diferentes personas. Me gustan los modales. Me gusta ser educado Eso no es de lo que estoy hablando.

El segmento del electorado que acudió a Trump porque se posicionó a sí mismo como "un icono de irreverente resistencia a la corrección política" cree que significa esto: izquierdistas presuntuosos, elitistas y privilegiados atacando a la gente común y corriente que no está al día con los últimos requisitos de la sociedad progresista.

Ejemplo: Mucha gente piensa que hay sólo dos géneros — niño y niña. Tal vez están equivocados. Tal vez deberían cambiar ese punto de vista. Tal vez sea insensible con la comunidad trans. Tal vez incluso sea un despropósito para la psicología social moderna. Pero la gente lo piensa. La corrección política es la fuerza social que los desprecia por eso, o los castiga sin rodeos.

Si eres un izquierdista leyendo esto, probablemente pienses que es estúpido. Probablemente no puedes entender por qué alguien se molestaría tanto porque le dijeran que sus palabras son hirientes. Probablemente piensas que no es un gran problema y que estas personas necesitan superarlo. Probablemente estés pensando ¿Quién es el delicado copo de nieve ahora, ehh? Te estoy diciendo: tu incapacidad para reconocer este error de cálculo y ajustar tu enfoque le ha entregado el país a Trump.

Es curioso: muchos de quienes dicen odiar a Trump recurren a sus mismas ideas y tácticas (sólo que no es odio cuando promueves el odio contra los hombres blancos heterosexuales cisgénero), pero ahora se quejan porque él ganó.

La única manera de vencer la discriminación y la intolerancia no es declarándole una guerra visceral a los grupos demográficos aparentemente privilegiados, sino exigir respeto y respetar las libertades individuales de todos, independientemente de sus rasgos biológicos.

No es sólo que el fin no justifique los medios sino que, eventualmente, el fin termina siendo definido por los medios que utilices. No creo que los posmodernos y demás bellezas del pantano espabilen al respecto, ni siquiera cuando le entregaron en bandeja de plata la que era nuestra mejor apuesta para salvar los logros de la Ilustración a un megalomaníaco inescrupuloso, que representa todo lo contrario — y a quien ellos dicen odiar.

A veces, el odio a la Ilustración pesa más. No pueden decir que no se lo advertimos.

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Publicado en De Avanzada por David Osorio