sábado, 24 de diciembre de 2016

Sobre mitos navideños y racionalismo infantil #La Ciencia y sus Demonios #noticias


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Hoy se celebran en medio mundo dos de los más increíbles mitos que ha inventado la siempre fértil y muchas veces también más que delirante inventiva humana: la existencia de dos colosos todopoderosos e inmortales capaces de hacer realidad los sueños, no sólo de los niños sino también los de los mayores, por más disparatados o imposibles que éstos puedan parecer. Sin embargo, a pesar de los más que evidentes paralelismos entre ambos personajes de cuento, la creencia en uno de ellos desaparece prontamente en la infancia mientras que la fe en el otro se mantiene incólume en miles de millones de adultos hechos y derechos.

 

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Papa Noel es un barbado anciano que debe ser capaz de cruzar medio mundo en tan sólo una noche, para lograr la más que ímproba misión de llevar regalos a millones y millones de ilusionados pequeños antes de que se despierten el día de Navidad. Y para conseguir esta más que imposible proeza debe además introducirse ágilmente por las chimeneas de todas las casas, a pesar de su más que oronda figura conseguida gracias a la ingesta masiva de toneladas de galletas y miles de litros de leche que le deja en agradecimiento la esperanzada chavalería, descomunal banquete del que debe además dar cuenta mientras realiza su hercúleo trabajo. Y para llevar a cabo este abrumador objetivo únicamente cuenta con la ayuda del desfase horario debido a la rotación de la Tierra y un trineo volador tirado por nueve renos mágicos.

Pues bien, este increíble relato es creído por los niños más pequeños, pero cuando los chavales llegan a unos 8-9 años de edad alcanzan un nivel de desarrollo intelectual en el que comprenden las evidentes fallas conceptuales de un mito que contradice las leyes físicas sobre el espacio y el tiempo. Y es por ello que, tal y como mostró un estudio publicado hace algunos años por investigadores californianos, muchos de estos niños terminan por razonar sin ningún tipo de ayuda externa que, a pesar de lo que puedan decir padres, amiguitos, compañeros de colegio y familiares varios, Papa Noel no puede ser más que una disparatada invención de sus mayores.

Sin embargo la creencia en el otro mito navideño: un híbrido resultante del ayuntamiento ¿carnal? entre una virgen judía y una entidad extraterrestre multiforme que de manera inexplicable es a la vez también el propio híbrido, un ser todopoderoso nacido en la Judea romana capaz de las mayores proezas tales como devolver la vista a ciegos,

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multiplicar panes y peces y convertir agua en vino, curar a leprosos, hacer correr a los paralíticos, despeñar a piaras de gorrinos por acantilados con el sólo poder de su mente, desafiar a la ley de la gravedad caminando sobre las aguas y hasta resucitar a muertos que llevaban cuatro días pudriéndose en su tumba, increíbles eventos todos ellos que violan de la manera más flagrante todas y cada una de las leyes de la Física, la Química, la Biología y la Medicina actualmente conocidas por la Ciencia realizados por el mismo ser omnímodo que es capaz además de escuchar constante e instantáneamente desde hace dos milenios las ansias y los deseos de más de mil millones de seres humanos, satisfaciendo de vez en cuando las necesidades más exigentes de algunos de los más piadosos miembros de su rebaño, y que además se transforma todos los domingos y fiestas de guardar en carne y sangre humanas a partir de una simple galleta tras un ritual digno de las novelas de Harry Potter, sigue siendo "cierta" para individuos de todas las edades en un sorprendente bloqueo de esa misma capacidad de raciocinio que los humanos desarrollamos antes de cumplir nuestra primera década de vida. ¡Misterios insondables del más terrible adoctrinamiento mental!

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