viernes, 13 de enero de 2017

Injusticia a la española: el Síndrome Tóxico (I) #¿Qué Mal Puede Hacer? blog #noticias


Este artículo que comenzáis a leer acerca del Síndrome Tóxico iba a ser el primero del proyecto "¿Qué mal puede hacer?". Sin embargo, su enorme dimensión, su transversalidad y la investigación que requería por su complejidad hicieron que lo retrasase para lograr un resultado acorde a mis propias exigencias. Serán varias entregas consecutivas que completaré con un recopilatorio en formato para libro electrónico.

Espero que esta historia del pasado reciente os ayude (como a mi) a comprender mejor la Sociedad actual. Muchas de las situaciones que se presentaron durante esta crisis os resultarán familiares. Aunque muchas cosas han cambiado desde 1981 otras permanecen inalteradas.

Injusticia a la española: el Síndrome Tóxico

La portada del diario "El País" del jueves 7 de mayo de 1981 mencionaba un posible brote de la "enfermedad del legionario" (hoy en día más conocida por el nombre de la bacteria causante, la Legionella). Otros medios no lo recogieron hasta días después (ABC, La Vanguardia o El Periódico). Un niño de 8 años llamado Jaime Vaquero García había fallecido el 1 de mayo en Torrejón de Ardoz (Madrid) y otras ocho personas presentaban una sintomatología respiratoria similar en la misma ciudad.

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Ese día la noticia destacada fue el entierro de un miembro del IRA.

Pese a esta primera hipótesis los expertos no terminaban de tener claro que ese fuese el motivo del brote. Pasarían semanas hasta que fue descubierto el origen de la catástrofe sanitaria de enormes dimensiones que se avecinaba y años hasta que se comprendieron los procesos que intervinieron en su desarrollo.

El 10 de mayo ya eran 40 los posibles afectados y 3 los fallecidos. A la muerte de Jaime se sumaban la de otra niña (Vanesa Gavilán, 5 años) y de un adulto. Las autoridades sanitarias estaban desconcertadas porque los síntomas no casaban con la Legionella. La "neumonía atípica" (como se conoció a esta afección durante los primeros días) atacaba a familias enteras en varios puntos de la provincia de Madrid. Se creyó en inicio que incidía más en niños y jóvenes.

Estalla el brote

En una reunión celebrada ese domingo 10 en el Ministerio de Sanidad el doctor Antonio Muro Fernández-Cavada, director en funciones del Hospital del Rey (sustituido en 1990 por el Hospital Carlos III), apuntó en la dirección de una nueva vía de contagio de la patología: la digestiva. Lo hizo a tenor de sus observaciones en los pacientes que estaban llegando a ese hospital. Al coincidir en ellos la ingesta de ensaladas puso a personal a su cargo a recoger muestras de lechugas y cebollas en mercadillos de las áreas afectadas.

El Ministerio de Sanidad comenzaba a dar instrucciones (dada la gravedad alcanzada) como el aprovisionamiento de diferentes medicamentos. La Dirección General de Salud Pública quedó encargada de centralizar la recogida de datos epidemiológicos.

Resulta interesante esta pieza de vídeo de Televisión Española de los primeros días. Aparece información de dos hospitales importantes en la crisis. También habla el alcalde de Torrejón de Ardoz (Lope Chillón Díez) y varios médicos:

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Las radiografías ya mostraban que no era una neumonía típica. Archivo RTVE.

Por aquel entonces la economía de España tocaba fondo en un periodo de recesión por las dos "crisis del petroleo" (1973 y 1979) y su propia situación política. La llegada de la Democracia tras el régimen dictatorial de F. Franco trajo consigo cambios que necesitaban tiempo para implantarse. El IPC (índice de precios al consumo) anual llevaba casi una década desbocado alrededor del 15%. En 1977 el IPC anual superó el 25%.

El 23 de febrero de 1981 tuvo lugar un hecho que contribuyó un poco más a la incertidumbre del país: el fallido golpe de Estado. Ocurrió durante la segunda votación a la que se sometía D. Leopoldo Calvo-Sotelo para ser elegido como presidente. No obtuvo mayoría absoluta en la primera del 19 de febrero tras vencer en las elecciones generales fruto de la dimisión de D. Adolfo Suárez.

Venta ambulante de aceite

Ese ambiente fue un caldo de cultivo para la especulación con los precios de productos de primera necesidad. Muchos españoles acaparaban harina, sal, azúcar, etc. que intentaban conseguir al menor precio. Otro producto esencial de consumo diario era el aceite. Quienes trataban de aprovecharse de esa situación distribuían productos con escasas garantías sanitarias procedentes de circuitos comerciales "alternativos". Los mercadillos y la venta ambulante eran algo cotidiano.

La regulación de este tipo de venta estaba en manos de los ayuntamientos. Así lo indicaba el Real Decreto 1073/1980 "por el que se regula el ejercicio de la venta fuera de un establecimiento comercial permanente". La legislación nacional no requería registro sanitario del vendedor lo cual solo era necesario si así lo indicaban las ordenanzas municipales. Todo ello contando con que el vendedor no prefiriese ser "pirata".

Ademas, la venta a granel se realizaba en envases (garrafas de varios litros de capacidad sobre todo) muy dudosos por que se reutilizaban, no tenía un cierre adecuado, etc. Tampoco el envasado de los circuitos "alternativos" tenía las suficientes garantías.

Para proteger a los ya maltrechos productores españoles de aceite (sobre todo los de oliva) de las importaciones de aceites más baratos para consumo humano se tomaron medidas para frenar su introducción. España lo realizó de manera unilateral al no pertenecer todavía a la Unión Europea (entramos en la Comunidad Económica Europea en 1986).

Aceite de colza

La importación del aceite de colza para consumo humano estaba, por tanto, prohibida en 1981. Apenas habían un par de productores nacionales que cultivasen de forma industrial la Brassica napus (también conocida como colza o, más usado hoy en día, canola). De sus semillas es de donde se obtiene este aceite vegetal, el tercero más consumido del mundo.

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Un cultivo de colza.

Por contra, sí estaba permitida su importación para usos industriales (en especial siderúrgicos). Para poder realizar dicha importación era necesaria la autorización pertinente y, además, exigía la "desnaturalización" del producto para evitar que se derivase a consumo humano. La desnaturalización alteraba las características de color, sabor, etc. para que resultase desagradable organolépticamente a un posible consumidor.

Para ello, en 1981, había tres opciones autorizadas: el uso de aceite de ricino (origen vegetal, autorizado desde 1970), usar aceites naftéticos (origen mineral, autorizado desde 1974) y, desde 1973 o 1974, las anilinas. Esta última sustancia, orgánica y oleosa, es aromática pero incolora.

Cada vez más afectados

La alarma social cada vez era mayor por el aumento de pacientes de la "neumonía atípica". De nada servían mensajes en los medios como el del Secretario de Estado de Sanidad, Luis Sanchez-Harguindey, titulado "No estamos indefensos". En el mismo, del 12 de mayo, descartaba factores ambientales por el modo geográfico en que brotaba. Eran ya 6 los muertos y 141 los enfermos.

Como curiosidad: el señor Sanchez-Harguindey, cardiólogo, fue uno de los protagonistas mediáticos del infame "caso BioBac" al defender su uso de forma pública. Su hijo llegó a ser detenido por robar frascos de ese producto. Apenas sobrevivió 7 meses más tras ese artículo. El caso Bio-Bac se saldó en 2015 tan solo con una condena por publicidad engañosa al proclamar que servía para cáncer, VIH, etc. No se pudo probar que incitaban al abandono de tratamientos pese a las declaraciones de varios afectados. Ahora este "complemento alimenticio" se vende bajo la marca "Renoven".

Frustrado. Hoy un paciente con cáncer rechaza cirugía y se tratará con Renoven. @aecirujanos @bali_dc @escepticos @JacoboCabanas #ESTAFA

— Esteban Martín (@Esteban761) 5 de enero de 2017

Otro mensaje fue el del doctor Luis Valenciano Clavel, Director General de Salud Pública. Este virólogo, pionero en 1964 de la vacunación para la poliomielitis en España y todavía en activo en la Fundación Valenciana de Estudios Avanzados (FVEA), afirmaba que "[…] los informes de que se disponen apuntan hacia una transmisión por vía aérea, y se sospecha bastante fundadamente que cuando los miembros de una misma familia enferman es porque hay una fuente común de infección, no porque unos contagien a otros. Yo diría que se trata de un brote poco contagioso". 31 años más tarde decía en una entrevista para Expansión que "yo mantenía que estábamos ante una enfermedad nueva y desconocida y que no debíamos decir a la población que se estaba empezando a controlar. No conseguí convencer a todos de que debíamos ser prudentes con los mensajes".

Empieza el lío de hipótesis y bulos

Los casos seguían aumentando por decenas y en nuevas zonas como Castilla y León. El día 15 de mayo ya hay 565 casos y la novena víctima mortal: un bebé de 22 meses. El ritmo es de una muerte y más de 100 nuevos casos diarios. Sin embargo fuentes ministeriales empiezan a hablar de "remisión" del brote. También sigue apuntando a algún patógeno aún sin aislar. Esa fue la hipótesis del doctor Baine, del cuartel general en Atlanta del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de EE.UU, llegado a España para colaborar. Otro experto, el doctor Wilson, habla de un virus sin identificar.

Un rumor comenzó a tomar fuerza. Se centraba en la base aérea militar norteamericana de Torrejón de Ardoz: la supuesta prueba de una supuesta arma química o bacteriológica. La base estuvo en manos de las fuerzas aéreas estadounidenses desde finales de los años 50 y hasta el año 1992.

Sin explicación oficial se conoce la destitución del doctor Antonio Muro como director del Hospital del Rey. Se especula con que su cese tiene que ver con que tal vez habría realizado un experimento consigo mismo. Sin embargo, es más razonable pensar que fue por saltarse los cauces de comunicación oficial establecidos para difundir sus hipótesis.

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Nota a la entrada del Hospital del Rey firmada por el doctor Muro. Archivo RTVE.

Cada nueva posibilidad que aparecía en los medios de comunicación complicaba la crisis. Afirmaciones como las del doctor Muro causaban miedo entre la población. Toneladas de verduras y frutas se quedaban sin vender en los mercados por la alarma creada. Los productores cifraron el descenso de ventas entre el 35 y el 40%. Los perjuicios en las exportaciones agrícolas a Francia también se empezaban a notar.

Más ingresos y altas

Mientras, en los hospitales continuaban los ingresos por la dolencia pero también las altas. Sobre el 22 de mayo los afectados eran ya casi 1.500. De ellos unos 500 habían sido dados de alta. Muchos tenían síntomas leves y abandonaban los centros sanitarios casi de inmediato. Una parte de ellos regresarían más adelante incluso más de una vez. Y algunos lo harían para nunca salir de allí vivos.

La cuenta de las muertes rondaba ya la veintena aunque los datos oficiales hablaban de 13 fallecidos. Esta fue una de las constantes durante todo el Síndrome Tóxico: los datos oficiales sobre víctimas nunca coincidieron con los que manejaban medios, partidos políticos, asociaciones de afectados, etc. Y, como veremos más adelante, dichos datos oficiales cambiaron varias veces.

Cierro esta primera entrega de Injusticia a la española: el Síndrome Tóxico con una frase cuyo autor conoceréis en la segunda: "[…] lo causa un bichito […] tan pequeño que si se cae de la mesa, se mata".

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