miércoles, 11 de enero de 2017

Merece un recuerdo más emotivo #La Ciencia y sus Demonios #noticias


dahenderson

Me encontraba estas navidades ordenado y tirando viejos papeles cuando apareció una carpeta con artículos que leí cuando allá por el Paleolítico inferior cursaba la asignatura de Microbiología. Uno de los artículos de dicha carpeta me llamó la atención. Fue publicado en diciembre de 1976 en la revista "Investigación y Ciencia" y lo firmaba Donald A. Henderson. Su título era tan corto como impactante: "la erradicación de la viruela". Me vino a la memoria que Henderson había muerto hacía poco, en concreto el verano de 2016, sin mucha publicidad ni homenaje, no como ocurrió con otros ilustres que fallecieron el año pasado y que recibieron un merecido recuerdo. Somos proclives a recordar a estrellas mediáticas que han realizado actos completamente prescindibles, pero no recordamos a aquellos que han realizado grandes avances para la civilización. Algunos recuerdan quien marcó el gol en una final de su deporte favorito (incluso podrían describir la jugada con el máximo detalle), pero son incapaces de citar el nombre de diez grandes científicos y el porqué de su grandeza. Somos así. Henderson fue un grande ya que dirigió una iniciativa que salvó millones de vidas y permitió que quienes vieron por televisión ese gol lo hicieran acompañados por toda su familia, sin que ningún miembro de ella sucumbiera ante una de las enfermedades infecciosas más mortíferas que hemos conocido.

Y es que Henderson fue uno de los responsables de poner punto final a la viruela, una enfermedad provocada por un virus que se distribuyó por los cinco continentes matando a millones de personas, sin importar su raza, su estado de salud previo o las riquezas que hubiesen acumulado (varios miembros de casas reales y de la nobleza europea sucumbieron ante esta lacra). Antes de Henderson ya se habían desarrollado un buen número de campañas de vacunación contra la viruela en varias partes del mundo, librando así amplísimas extensiones del planeta de esta enfermedad. Sin embargo en 1967 aún seguían dándose casos en África occidental y central, Brasil, Indonesia, África del Sur, Pakistán, la India y Bangladesh. Henderson lideró una iniciativa de la OMS que se extendió entre 1967 y 1977 para erradicar, por medio de vacunación, la viruela del planeta. Dicha campaña se extendió hasta las aldeas más recónditas de Asia, África y Brasil vacunando millones de personas, haciendo así posible que el 24 de mayo de 1975 se declarara el último caso conocido de viruela en la India, el 16 de octubre de 1975 en Bangladesh y el 26 de octubre de 1977 en Somalia y en el mundo.

La empresa no fue nada fácil: muchas de las zonas en las que realizaron las campañas se encontraban en regiones que vivían tensiones políticas extremas, lo que provocó la muerte violenta de algunos vacunadores. En otras zonas los médicos tampoco fueron bien acogidos al ser considerados espías o bien despertar resentimientos por ir en contra de sus tradiciones religiosas. A eso se añadieron catástrofes naturales, hambrunas y movimientos migratorios que diseminaban focos que habían sido prácticamente neutralizados.

Pero una de las claves del éxito de la empresa estuvo en el compromiso de muchos países que, por una vez, aportaron lo mejor de sí mismos. Así, mientras EEUU, que parecía liderar la operación, aportó 40 millones de dosis al año, la URSS aportó 140 millones. Posteriormente, con ayuda de los países que poseían mayor capacidad tecnológica, los países que más sufrían la enfermedad acabaron fabricando ellos mismos las vacunas y así en 1970 la totalidad de la vacuna empleada en el programa era producido por países en vías de desarrollo cumpliendo los estándares de eficacia y estabilidad aceptados internacionalmente.

Me apena profundamente que, desde la comodidad de nuestros hogares ganada por el esfuerzo de generaciones anteriores que se partieron la cara (y en muchos casos se dejaron la vida) para conseguir un mundo mejor, hoy se ponga en duda la eficacia de las vacunas como sistema preventivo de salud, y se llegue incluso a trivializar los esfuerzos para acabar con la viruela. Para quien lo desconozca, la mortalidad provocada por el virus de la viruela deja en pañales a la cifra de cualquier guerra que nuestro planeta haya sufrido. La tasa de mortalidad de la viruela oscila entre el 30 a 50 por ciento. Diversos estudios epidemiológicos sobre la dinámica de esta enfermedad son aterradores. Por ejemplos, en 1707 el 31% de la población de Islandia falleció a causa de la viruela, se estima que en México 3.5 millones de indígenas sucumbieron por esta enfermedad tras ser introducida en el silgo XVI. Diversos archivos de parroquias inglesas muestran que a principios del siglo XVIII que entre el 20-25% de los infectados por viruela morían, cifra que se elevaba cuando se producía una epidemia. Y desde 1976 podemos estar tranquilos, gracias a las campañas de vacunación ya no hay casos de viruela y, dado que los humanos somos los únicos reservorios conocidos del virus, ya no es necesario vacunarse. Está bien y es divertido conocer el nombre de personas que nos entretienen y nos hacen pasar buenos ratos de ocio, pero pienso que deberíamos igualmente recordar los nombres de aquellos que han eliminado amenazas de nuestro entorno y han permitido desarrollar nuestra civilización, no veo porqué conocer sus nombre parezca a muchos más aburrido que conocer la alineación de cualquier equipo deportivo.