martes, 25 de abril de 2017

¿Porqué Europa y no China conquistó el mundo? #La Ciencia y sus Demonios #noticias


¿Cómo es posible que una cultura como la china, que inventó la ganadería, la agricultura y la civilización casi a la vez que los antiguos imperios del Creciente Fértil y que, a diferencia de ellos, lejos de extinguirse continuó desarrollándose durante cerca de dos mil años pudo perder su primacía durante el siglo XV a manos de unos casi bárbaros europeos?

Para explicar esta incongruencia el siempre lúcido Jared Diamond desarrolla una hipótesis en su último libro "Sociedades comparadas".

La agricultura y la ganadería, los imperios, las herramientas metálicas y la escritura surgieron casi igual de pronto en China y en el Creciente Fértil. La antigua China contaba con grandes ventajas, entre ellas ese inicio temprano de la agroganadería y la civilización, una amplia variedad de cultivos y animales domésticos, una población regional muy numerosa y una pronta unificación del país en forma de imperio. El resultado de todas esas ventajas fue que, en la Edad Media, se convirtió en el líder tecnológico del mundo. En China surgieron antes que en ningún otro lugar del planeta ciertos desarrollos tecnológicos, entre ellos los canales con esclusas, el hierro fundido, las minas de gran profundidad, la pólvora, la cometa, la brújula, la imprenta, el papel y los tipos móviles, el timón en la popa de las embarcaciones y la carretilla. Es decir, la China medieval lideró tecnológicamente al mundo.

¿Por qué perdió ese liderazgo? ¿Por qué fueron los europeos, y no los chinos, quienes se expandieron y conquistaron el mundo? De haber conservado su ventaja, los chinos podrían haber colonizado y conquistado Europa, y los italianos hablarían mandarín, no italiano. ¿Por qué en Roma se habla italiano y no mandarín? Esa es una de las grandes preguntas sin resolver de la historia mundial: ¿por qué la China medieval perdió su liderazgo y no colonizó el resto del mundo?

Hay numerosas teorías. En mi opinión, una clave importante es lo que les ocurrió en la Edad Media a las flotas de exploración chinas, llamadas flotas del tesoro. Entre 1405 y 1433 el emperador chino ordenó zarpar siete flotas, al

mando del almirante Zheng He. En comparación con las tres pequeñas naves en que Cristóbal Colón cruzó el Atlántico, de Europa a América, las chinas eran enormes. Las flotas se componían de cientos de embarcaciones de cien metros de eslora o más, con una tripulación total de hasta veintiocho mil marineros. Cruzaron Indonesia y, siguiendo la costa del Sudeste Asiático hasta la India, atravesaron el Índico hasta el litoral oriental africano. Una vez acometidas siete ambiciosas travesías, parecía indudable que la siguiente flota lograría doblar el cabo de Buena Esperanza, bordear la costa occidental de África hacia el norte, descubrir Europa e iniciar la conquista china de ese continente.

Pero no fue así. Nunca hubo una octava flota. ¿Por qué?

La explicación radica en que la única persona de China que podía dar la orden de que zarparan flotas tan enormes era el emperador. Y sus consejeros, al igual que los de los emperadores y reyes europeos, se preguntaban si esas costosas expediciones merecían la pena o suponían un derroche. En 1433 la facción opuesta al envío de flotas ganó una lucha de poder en la corte china. El emperador nunca mandó zarpar una octava flota. Por el contrario, cerró los astilleros y prohibió que sus naves surcaran el océano.

De vez en cuando los reyes europeos también tomaron la decisión de dejar de gastar dinero en costosas flotas. La diferencia estriba en que Europa tenía muchos reyes, mientras que en China solo había un emperador. Cuando ese único emperador decidió no enviar más flotas del tesoro, las exploraciones transoceánicas chinas llegaron a su fin.

Comparemos ahora el fin de las flotas chinas con lo ocurrido en Europa, dividida entre decenas de príncipes, reyes y emperadores capaces de ordenar

que zarparan flotas. Al italiano Cristóbal Colón se le ocurrió la idea de intentar llegar a Asia cruzando el Atlántico hacia el oeste en tres pequeños naves. Los príncipes italianos le dijeron: «Está loco». Colón se dirigió a continuación al rey de Portugal, que se limitó a reírse. Después acudió a un duque español, que le dijo: «¡Qué idea más absurda!». Acudió a un conde, también español, que gritó: «¡Qué derroche de buen oro!». En su quinta solicitud, Colón se dirigió a los reyes de España, que al principio le dijeron que no. Pero volvió a insistir. Al séptimo intento de Colón, los reyes de España transigieron y le proporcionaron tres pequeños barcos. Todos sabemos el resultado: con esas tres carabelas, Colón descubrió el Nuevo Mundo, regresó y contó su historia. Luego zarparían más buques españoles, y posteriormente otros de diversos países europeos. Algunos hallaron oro y plata en el Nuevo Mundo, lo que dio lugar a una oleada de exploradores europeos.

En suma, la fragmentación política de Europa brindó a Colón un amplio surtido de duques, condes y reyes a quienes pedir ayuda. Incluso después de que cinco príncipes (duques, condes y soberanos) le dijeran que era un idiota, todavía le quedaban monarcas a los que recurrir. Es decir, la fragmentación política de Europa proporcionó a los aspirantes a explorador o inventor muchas oportunidades de obtener apoyo. Por el contrario, en China, dada su unificación política, solo había una persona a quien pedir ayuda: el emperador. Cuando este decía que sí, el explorador chino conseguía mucho apoyo. Cuando el primero decía que no, el segundo no tenía alternativa.

Esta es la explicación que más me convence de por qué China no exploró y conquistó el mundo y sí lo hizo Europa. Radica en que China ha estado unida durante gran parte de los últimos dos mil años en tanto que Europa no ha estado unida en toda su historia. Ni siquiera genios militares y políticos como Augusto, Carlomagno, Napoleón y Hitler fueron capaces de unificarla.

La razón de que China fuera fácil de unificar y de que en Europa esa labor haya resultado imposible es geográfica. Las penínsulas, montañas, islas y ríos de Europa la han mantenido dividida en múltiples unidades políticas. En China, la ausencia de penínsulas, de islas grandes, de montañas centrales y de ríos que fluyan en sentido radial facilitó la unificación y mantuvo unido el país. En unas ocasiones la unidad es una ventaja; en otras, un inconveniente. Para China, la consecuencia de la unidad ha sido una historia compuesta de vaivenes. En cambio, en Europa una decena de príncipes, en una decena de países, han promovido decenas o cientos de experimentos. A lo largo de la historia, en Europa, pero no en China, algún país acaba encontrando un inventor o un explorador que triunfa, y entonces otros países siguen su ejemplo. La de China es una historia de vaivenes; la de Europa no.

 

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