martes, 20 de junio de 2017

Alergias y asma, limpieza, niños y mascotas #La Ciencia y sus Demonios #noticias


Es evidente que las medidas higiénicas desarrolladas a lo largo del último siglo han permitido salvar la vida a cientos de millones de personas. Sin embargo, la actual fijación en el mundo occidental por la limpieza (y hasta por la esterilidad) de nuestros hogares puede estar siendo contraproducente con la salud de la población en general y sobre todo con la de los más pequeños en particular.

Sólo hay que encender la TV cualquier día o visitar el supermercado para encontrarse con toda una casi infinita variedad de productos de limpieza, desde los más generales hasta los indicados para las situaciones más especiales, porque en el actual mundo moderno la tendencia (aunque quizás mejor sería decir la obsesión) es la de conseguir un ambiente tan impoluto y esterilizado como sea posible. Por otra parte, Desde hace décadas se viene observando en los países

desarrollados una creciente prevalencia de asma y alergias. Por ejemplo, el diagnóstico de asma aumentó desde el 3,6% de los niños estadounidenses en 1980 al 5,8% en 2003, convirtiéndose en la tercera causa de hospitalización entre los menores de edad en este país, sólo por detrás de la neumonía y los accidentes. Aumentos similares o incluso mayores en la prevalencia de esta enfermedad se han dado en otras naciones durante la segunda mitad del siglo XX. Así, en 1964 el 19% de los niños australianos menores de 7 años tuvieron en algún momento de su infancia sintomatología asmática, mientras que esta cifra se disparó hasta el 46% de los niños en 1990. Entre las posibles causas asociadas a este incremento, los factores ambientales (sobre todo los relacionados con el "estilo de vida occidental") han sido desde hace años los más fuertes candidatos a culpables. Las primeras evidencias de esta relación se obtuvieron en estudios epidemiológicos en Inglaterra y Nueva Zelanda, en donde el Dr. David P. Strachan vinculó la disminución en el tamaño de la familia y el aumento de la higiene personal con el desarrollo de enfermedades alérgicas, llevando a postular la "hipótesis de la higiene", es decir que los componentes del sistema inmunológico de los mamíferos no se desarrollan adecuadamente o se desregulan como consecuencia de una exposición insuficiente a los microbios del medio ambiente. Algo así, si se me permite el símil político, como si un ejército que no ha combatido desde hace años con enemigos extranjeros acabara provocando un golpe de estado, matando a los propios ciudadanos que debía proteger en teoría, porque no podía mantenerse inactivo.

Ya en el presente siglo, otro estudio epidemiológico llevado a cabo en Alemania, Austria y Suiza determinó que los niños que crecían en ambientes rurales, específicamente en granjas con ganado vacuno, eran mucho menos propensos a desarrollar alergias y asma. Y este efecto protector aumentaba en el caso de que la madre también hubiera estado expuesta a ese mismo ambiente rico en microbios durante el embarazo. Estudios posteriores realizados en todo el mundo (por ejemplo [1 y 2]) analizaron también comunidades agrícolas, demostrando que la exposición al polvo de graneros o establos o la ingestión de leche no pasteurizada estába asociada con una mayor tolerancia a los alérgenos ubicuos y a la prevención de dermatitis, eczemas o asma.

Sin embargo todos estos estudios adolecían de una limitación, se comparaba a los niños de los entornos rurales con la media de la población o con niños de zonas urbanas; y por tanto, no se podían excluir la existencia de otros factores diferenciales entre los grupos comparados. Es por ello que el año pasado veinte investigadores

estadounidenses decidieron realizar un más que elegante estudio. Para probar de manera definitiva la hipótesis de la higiene, eliminando cualquier contribución espuria seleccionaron dos poblaciones de granjeros estadounidenses muy similares: los amish y los huteritas. Ambos grupos son dos comunidades etnoreligiosas muy relacionadas, se originaron en Europa durante la Reforma Protestante y ambas son de lengua alemana. Provienen de la misma región: los amish de Suiza y los huteritas del sur del Tirol y por sus particulares creencias se aislaron reproductivamente desde el siglo XVI y así siguieron cuando emigraron a los EEUU por su marcado pacifismo. Por ello son muy similares genéticamente tal y como se muestra en la siguiente figura.

Además desde el punto de vista doctrinal ambas variantes del anabaptismo son prácticamente idénticas, con un alto grado de cumplimiento entre los practicantes de las más que restrictivas normas de su fe, siendo sus estilos de vida muy homogéneos y similares en general y también respecto a las variables que se habían descrito previamente que podrían influir en la susceptibilidad al asma: los dos grupos forman familias numerosas, tienen dietas ricas en grasa y leche, poseen bajos índices de obesidad infantil, larga duración de lactancia materna, exposición mínima al humo del tabaco y a la contaminación del aire y tabúes contra las mascotas domésticas. Sin embargo, hay una importante

diferencia entre ambas comunidades consistente en que mientras que los amish practican la agricultura tradicional, viven en granjas lecheras unifamiliares y usan caballos para el trabajo de campo y el transporte, los huteritas practican una comunidad de bienes al estilo de los primeros cristianos, una especie de comunismo primitivo que les ha llevado a vivir en grandes granjas comunales altamente industrializadas, un poco al estilo de los koljoses de la época soviética. Inciso: una prueba de que aunque algunas ideologías parezcan muy distintas, tienen luego mucho en común.

Es decir, el experimento natural perfecto con humanos con dos grupos de personas genética y culturalmente muy similares, que sin embargo difieren en la característica que necesitan los investigadores para probar o refutar su hipótesis. Inciso, este es quizás uno de los pocos ejemplos en donde se demuestra el verdadero valor de la religión: servir como conejillos de indias casuales e inocentes para hacer avanzar el conocimiento científico.

Lo primero que llama la atención de este estudio es que tal y como muestra el siguiente gráfico

mientras que el polvo recogido de las casas de los huteritas es muy "limpio", ya que casi no hay endotoxinas y alérgenos en el ambiente tal y como ocurre en las urbes occidentales, en las viviendas de los amish el polvo contiene 6 veces más de estas partículas en suspensión. Además, en ese mismo polvo se encuentran familias de bacterias diferentes entre los dos tipos de comunidades tal y como se muestra en la siguiente figura.

De tal manera que estos datos correlacionan con la prevalencia de asma entre los niños amish, que es del 5% en comparación con sus equivalentes huteritas que la tienen mucho más alta, un 21%. Y también cuando se mide la prevalencia de sensibilización a alérgenos la diferencia es a favor de los amish con tan sólo un 7% frente al 33% de los huteritas.

Es más, en este estudio los investigadores realizaron una comprobación definitiva: expusieron a ratones de laboratorio al polvo recogido en las casas de los dos grupos de piadosos agricultores, observando que los animales "amish" estaban protegidos frente a un tipo de alergia experimental, mientras que los ratones "huteritas" mostraban síntomas de enfermedad. Inciso: este experimento final muestra muy a las claras que, a pesar de lo que argumenten los animalistas, los estudios con ratones de laboratorio son absolutamente necesarios para llegar a conclusiones definitivas, aun cuando eso signifique como en este caso producir enfermedad a los animales.

Otros estudios epidemiológicos, analizando a poblaciones genéticamente idénticas separadas por motivos políticos como es el caso de la división de Alemania tras la II Guerra Mundial y la de Carelia tras la Guerra de Invierno entre la Unión Soviética y Finlandia, han demostrado ese mismo patrón. Los habitantes que quedaron en el lado occidental "rico y aséptico": alemanes del oeste o finlandeses presentan mayor prevalencia de atopías que sus respectivos connacionales del lado "pobre y sucio", alemanes del este o carelios de Rusia. Es más, tras la caída del muro de Berlín en 1990 la prevalencia de asma y alergias experimentó un aumento en los niños nacidos en la parte oriental de Alemania después de la reunificación.

Además, hay que sumar otro elemento a esta ecuación: las mascotas. Más de dos docenas de estudios resumidos en un metaanálisis publicado hace unos años muestran que la presencia de animales de compañía, especialmente perros, en el entorno familiar rebaja el riesgo de que los lactantes o los niños pequeños sufran dermatitis atópica, una de las enfermedades cutáneas más frecuentes y que en general también suele ir asociada a otras dolencias alérgicas como asma, fiebre del heno o eczemas. Ello está relacionado con el hecho de que las casas con mascotas presentan una mayor cantidad y variedad de microorganismos.

En resumen, como no es posible (ni siquiera deseable, al menos para el que suscribe este artículo) que los habitantes de las desinfectadas ciudades occidentales volvamos al modo de vida de nuestros antepasados: ordeñando vacas al amanecer, recolectando cereales y empacando heno de sol a sol o ayudando a nuestros vecinos a construir un granero como los amish de la película de Harrison Ford para compartir esos tan beneficiosos microorganismos de medio ambiente; ni tampoco la vida tras el Telón de Acero era tan idílica como la propaganda soviética nos quiso hacer creer,

quizás la solución de compromiso para que nuestros hijos no acaben teniendo problemas de salud por la inactividad de su sistema inmune sea que les dejemos ser niños de verdad, que se ensucien jugando con el barro en el parque, que compartan abrazos, besos y también mocos con otros niños, que les llevemos más a menudo de fin de semana o de vacaciones a corretear libres por el campo, que tengan una mascota o que cuando se crucen con un perro en el parque puedan acercarse y acariciarlo sin temor a reprimendas. Y todo ello sin que alguno de esos padres hiperprotectores tan abundantes hoy en día saque angustiado una de las parece ser actualmente imprescindibles toallitas con propiedades antibacterianas, antimicóticas, antiparasitarias y hasta esterilizantes que portan permanentemente para pasársela a la velocidad del rayo a su vástago por manos, cara y por donde sea menester para seguir manteniendo la integridad de niños casi burbuja que las actuales nuevas generaciones parecen mantener.

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