martes, 26 de septiembre de 2017

Capitalismo hormonal: ¿análisis de testosterona antes de invertir en bolsa? #La Ciencia y sus Demonios #noticias


Históricamente se ha considerado que el ser humano es un ente racional que dispone de, lo que los filósofos y los teólogos han llamado, conciencia moral o libre albedrío, etérea cualidad que nos permitiría tomar decisiones y que guiaría todo nuestro comportamiento. Sin embargo, desde hace varias décadas, multitud de estudios en el emergente campo de la neurociencia están desvelando que nuestra conciencia (lejos de ser un homúnculo moral) no es más que el resultado de complejísimas interacciones a nivel génico, bioquímico y epigenético, dentro de la extraordinaria maquinaria de nuestros cerebros, sobre los que también influyen otros múltiples factores entre los que cabe destacar los ambientales: microorganismos simbiontes o patogénicos, uso o abuso de sustancias tóxicas o incluso elementos culturales. De tal manera que, conocidas las variables o manipulando de manera artificial alguna de ellas, se puede llegar a inferir casi con certeza el comportamiento de los humanos en una determinada situación.

En el actual mundo neoliberal, los mercados y la bolsa son quizás el elemento primordial sobre el que pivota no sólo el conjunto de la economía sino también el total de la propia sociedad. Así, cualquier ciudadano se ve bombardeado casi constantemente con información (en tiempo real en cadenas de TV que hablan sobre economía las 24 horas del día) sobre la cotización de las acciones de la principales multinacionales, las subidas o bajadas de los índices bursátiles de los

mercados cotizados (sean estos de acciones, de materias primas o hasta de entelequias) y por supuesto cualquier noticia que genere ese conjunto de gurús financieros más que endiosados, porque son capaces con sus recomendaciones de lanzar al estrellato o arruinar no sólo a grandes o pequeñas empresas sino también a naciones enteras. Y en este mundo de productos financieros y sus derivados (contratos de futuro, "forwards", "warrants",…) cada vez más incompresibles para el común de los mortales brillan con luz propia (y demasiadas veces acaban abrasándose y abrasándonos a todos) esos famosos profesionales que reciben estratosféricos sueldos por dedicar su jornada laboral a especular en los mercados financieros, comprando y vendiendo todo lo imaginable y hasta lo inimaginable. Individuos que la literatura o el cine nos presentan como seres autosuficientes y muchas veces con un ego desmesurado y hasta arrogantes. Imagen no tan desencaminada ya que algunos estudios han sugerido que puede que la frontera que separa a estos "brokers" de los psicópatas puede ser una más que delgada línea. Así según un estudio de hace ya algunos años el 10% de los trabajadores de Wall Street pueden ser descritos como "psicópatas clínicos" ya que muestran una evidente

falta de empatía e interés por los demás, una capacidad extrema para la mentira y la manipulación

También otro estudio realizado por un forense clínico y un administrador de prisiones ambos suizos mostró que los 26 brokers analizados tenían actitudes de desprecio hacia el riesgo más elevadas que cualquier psicópata medio y que su mayor fuente de motivación era la destrucción del adversario. Comportamientos nada extraños cuando se analiza cómo viven estas personas: jornadas de trabajo extenuantes de 80-120 horas a la semana (de 6 de la mañana hasta las 10-12 de la noche) con problemas crónicos de estrés, insomnio, taquicardias, alcoholismo, desórdenes alimentarios y accesos de furia e ira tal y como lo documentó la Dra. Alexandra Michel en un estudió que duró más de una década.

Es por ello que es evidente que este tipo de trabajo selecciona un perfil más que particular de personas, de tal manera que diversos grupos de investigación llevan años intentando desentrañar la naturaleza de estos ejecutivos.

Y como existe una abundante literatura científica sobre la influencia de las hormonas en el comportamiento (apareamiento, agresión,…) primordialmente en animales, aunque también de humanos, un candidato obvio para explicar una profesión dominada por hombres, generalmente más que agresivos sería la testosterona, hormona que se encuentra aumentada en hombres entre 5 y 25 veces sobre los valores en mujeres.

De tal manera que hace algunos años un grupo de investigadores británicos encontró que los niveles de testosterona matutina de los brokers de la City londinense predecían la rentabilidad obtenida a lo largo del día por parte de esos mismos trabajadores. Así, tal y como se muestra en la siguiente figura

aquellos individuos que tenían altos niveles de testosterona a las 11 de la mañana producían de media unas 700 libras de ganancia, mientras que los que tenían bajos niveles de esta hormona prácticamente no generaban beneficio alguno a la empresa. Es más, cuando los investigadores analizaron los niveles de la hormona de cada bróker durante un mes completo, observaron que los días de más ganancias de cada uno de ellos eran aquellas mismas fechas en las que presentaban valores más altos de testosterona.

Por tanto, desde el punto de vista empresarial la decisión es evidente: seleccionar a aquellos trabajadores con mayores niveles de testosterona y despedir al resto. Y si hace falta administrar testosterona cuando sea necesario para que los niveles nunca bajen, mejor que mejor ¡Y viva el capitalismo hormonal!

Y claro aunque las ventajas empresariales son evidentes, dentro de este contexto un artículo publicado a finales del año pasado resulta especialmente revelador por las repercusiones económicas y sobre todo sociales que se desprenden de dicho estudio. Aquí los investigadores seleccionaron a 140 brokers que dividieron en dos grupos a los que se administró bien testosterona o bien placebo antes de enfrentarlos a un simulador bursátil, de tal manera que los hormonados presentaron niveles casi un 60% más altos de testosterona antes de empezar a "trabajar", tal y como indica la siguiente figura.

A todos los brokers se les informó de los valores reales objetivos de los productos en cuestión, pero mientras que tal y como indica la siguiente figura

los pertenecientes al grupo control (gráfica de la izquierda, con los valores medios resaltados en azul) generaban poco o ningún tipo de especulación, en los hormonados la testosterona impulsó cambios en la dinámica del mercado aumentando las ofertas, los precios de venta y el volumen negociado, cambiando en conjunto la percepción de los brokers sobre el valor de las acciones (gráfica de la derecha, con valores medios en rojo). Es decir, especulación pura y dura ligada al aumento hormonal, por lo que quizás un mejor sistema de control que el actual (el cual deja mucho que desear) sería que el regulador del mercado de valores prohibiera ejercer a aquellos individuos con mayores niveles de testosterona, puesto que el corolario de estos estudios es evidente: a más hormona más beneficios empresariales, pero también más riesgo de crear burbujas con los precios de los valores hinchados, situaciones que tarde o temprano terminarán por estallar y arrastrar al conjunto de la sociedad hacia las consabidas (y muchas veces más que criminales) políticas de austeridad, porque al final en eso se basa el capitalismo:

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