jueves, 21 de septiembre de 2017

La verdad sobre la enfermedad de Alzheimer sigue siendo incómoda #Experientia docet #noticias


Este artículo se publicó originalmente en 2012 en Experientia docet con motivo del día del alzhéimer. Cinco años después pensamos que sigue siendo actual en buena medida.

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Para no perder la costumbre, siguen apareciendo muchas noticias sobre el alzhéimer: diagnóstico precoz, prevención, tratamientos sintomáticos, vacunas. Uno puede tener la sensación de que estamos avanzando rápidamente en encontrar una solución, pero es sólo eso, una ilusión. Los datos básicos sobre la enfermedad se mantienen prácticamente inalterados desde que escribimos La incómoda verdad sobre la enfermedad de Alzheimer hace ahora algo más de dos años. En lo que sigue repasamos brevemente el estado de algunas cuestiones.

La enfermedad de Alzheimer es la causa de dos tercios de los casos de demencia y la padecen una de cada 200 personas. Conforme la población mundial crece y envejece encontrar una cura, una vacuna, algo que la ralentice se está convirtiendo en una necesidad imperiosa, no ya para las personas que la padezcan sino para la sociedad en su conjunto. Las consecuencias que la aparición de un caso tiene en el entorno familiar, más allá de lo emocional, en lo económico, tiene efectos multiplicados en las arcas estatales.

Ensayo y error

El mes pasado Eli Lilly , Pfizer y Johnson & Johnson paralizaron los ensayos de terapias en las que se tenían puestas muchas esperanzas, tras fracasar en la tercera fase de las pruebas clínicas. Los fármacos, que se centraban en la reducción de la beta amiloide, no paliaban los síntomas de la enfermedad.

A los remedios naturales no les va mejor cuando se hacen ensayos serios. El pasado 6 de septiembre se publicaban los resultados de un estudio [*] comenzado hace 10 años sobre los efectos en la prevención del alzhéimer del extracto de ginkgo biloba. Las conclusiones no pueden ser más claras: el uso a largo plazo del extracto estandarizado tuvo efectos indiscernibles del placebo, es decir, no hace nada.

Lo que debemos tener claro es que si de todos estos ensayos, y hay aproximadamente 150 que están en ejecución en el mundo, alguno funcionase, sería como la flauta que hizo sonar el burro. Debido al atractivo económico que supone encontrar un remedio, las empresas farmacéuticas están gastando su dinero en investigaciones guiadas por el ensayo y error. Sus departamentos de márketing recuperan parte de la inversión publicitando estos ensayos, que son amplificados por los medios de comunicación, convirtiéndolos en imagen de marca.

Démonos cuenta de que no sabemos si las placas de beta amiloide son las causantes de la enfermedad, lo que no parece lógico (la causa sería lo que provoca su aparición), o son sólo un síntoma. Tampoco está claro el papel de las proteínas tau. En definitiva, desconocemos el mecanismo que desencadena la enfermedad en primer lugar y el que regula su evolución posterior. Así de claro y contundente. Esto explica que los fármacos existentes palíen los síntomas de la enfermedad pero no consigan detener su avance.

La clave: la investigación básica

Y esto, ¿por qué? Se preguntan muchos. ¿Por qué la ciencia no encuentra una solución rápidamente como en las películas? Por los intereses de las farmacéuticas dirán algunos. Y no, esto no es así. Desde el punto de vista económico lo rentable es conseguir una cura, para que cada vez más gente la consuma, viva más y consuma más medicamentos. El verdadero motivo es la naturaleza de la propia enfermedad.

Las características de la enfermedad de Alzheimer hacen que sea un enigma muy difícil de resolver. Y el principal obstáculo es el tiempo, ya que es casi imposible de reproducir en modelos de laboratorio, lo que aceleraría muchísimo la investigación de ser posible. Por lo tanto hay que estudiarla en humanos, donde progresa muy lentamente. Tan lentamente que puede haber empezado 15 años antes de que la persona que la sufre presente síntomas. Yo podría tener alzhéimer ahora mismo, ya que he entrado en la zona de riesgo (45), y no tener ninguna señal de ello; con todo, la edad típica para presentar síntomas ronda los 70. Así que, cuando estas personas están disponibles para la investigación clínica, los investigadores sólo pueden examinar una enfermedad que lleva en evolución más de una década, y que ya ha provocado la muerte de neuronas.

Por eso el desarrollo de diagnósticos precoces es tan importante. Recientemente se han publicado ensayos muy sencillos relacionados con la movilidad de ojos o la calidad del sueño que podrían ser utilizados como pruebas precoces de la aparición de la enfermedad.

Pero la cosa es aún más complicada. Existe un porcentaje pequeño de personas, más mujeres que varones, en el que existe una predisposición genética al Alzheimer (ya hablamos de esto en el artículo de 2010). Una historia familiar en la que la enfermedad esté presente dispara el riesgo. Pero no está claro cuál es el papel de la genética en general en la aparición de la enfermedad.

Ni siquiera sabemos si existe más de un tipo de alzhéimer. Hay estudios que sugieren que las medidas higiénicas preventivas (vida saludable e intelectualmente activa) retrasarían la aparición del alzhéimer, pero sólo en personas que no tengan predisposición genética.

Visto lo anterior, se plantean dos posibles evoluciones de los acontecimientos: o bien una farmacéutica encuentra la piedra filosofal por casualidad, o bien se desaniman y deciden que ya no pueden seguir gastando burradas de dinero a ciegas. La probabilidad, me temo, juega a favor de la segunda. Esto significa que sólo la investigación básica podrá encontrar la clave a la solución al problema. Lo que lo reduce a una cuestión temporal y económica, en la que los gobiernos, como principales concernidos, tienen mucho que decir. A los que tenemos el riesgo genético sólo nos queda esperar que no empleen demasiadas décadas.

[*] Vellas B, Coley N, Ousset PJ, Berrut G, Dartigues JF, Dubois B, Grandjean H, Pasquier F, Piette F, Robert P, Touchon J, Garnier P, Mathiex-Fortunet H, Andrieu S, & for the GuidAge Study Group (2012). Long-term use of standardised ginkgo biloba extract for the prevention of Alzheimer's disease (GuidAge): a randomised placebo-controlled trial. Lancet neurology PMID: 22959217

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