lunes, 2 de octubre de 2017

Resistencia bacteriana: ganar batallas o perder la guerra #e-ciencia #noticias


Este cuadro se llama "El triunfo de la muerte" y lo pintó Brueghel el Viejo hacia 1562. Está en el Museo del Prado. La Muerte llega montada en su demacrado caballo rojizo, seguida por un ejército de esqueletos, para igualar a todos ante su poder. Pertenece al género llamado "Danza de la muerte", que se dio en la Edad Media en todo el arte. La esperanza de vida era tan corta en ese momento que la población estaba muy concienciada ante la muerte, sobre todo después de la epidemia de peste negra que asoló la tierra en el siglo XIV y acabó con más de 70 millones de personas, entre ellas más de un tercio de la población europea. Una enfermedad, la peste negra, causada por una bacteria llamada Yersinia pestis, que sigue trayendo la muerte a muchas personas aún hoy.

Estos eran los tiempos de la "era pre-biótica". Las infecciones determinaban los años que viviría una persona, no mucho más allá de los 35. Y una sola persona que contrajera una enfermedad infecciosa causaba estragos. A partir de los años 40 del siglo pasado los antibióticos empezaron a recetarse para tratar infecciones serias y llegó la bendita "era antibiótica" en la que se redujo de una forma notable la mortalidad. Pero debemos tener en cuenta que en 1945, sólo 5 años después de que comenzara su prescripción para atajar infecciones, el propio Alexander Fleming advirtió del peligro que suponía el consumo abusivo de estos compuestos en su discurso de recogida del Nobel, que le fue concedido junto a Howard Florey y Ernst Chain por el descubrimiento y posteriores trabajos con la penicilina (olvidando injustamente a Norman Headley, dicho sea de paso). Y tenía razón: en la década de los 50 empezaron a aparecer las primeras resistencias a antibióticos. Hasta llegar a la situación de hoy día, la de la era "post-antibiótica".

Los antibióticos están en nuestra vida como algo cotidiano, tan accesible que apenas lo valoramos. No dudamos en acudir a ellos cuando queremos una cura. Pero no todos sabemos que los antibióticos o, mejor dicho, las familias de bacterias resistentes a dichos antibióticos, son una gran preocupación para las autoridades sanitarias y todos los profesionales de la sanidad desde hace años. La resistencia bacteriana a los antibióticos ha crecido tanto en los últimos años que desde distintas instituciones se ha alertado del peligro que esto supone para toda la humanidad, culpa del mal uso y el abuso que se hace de ellos. Y sólo para  ilustrar un ejemplo preocupante: Yersinia pestis, la responsable de la peste negra, ha mostrado ya resistencia a determinados antibióticos.

LOS ANTIBIÓTICOS, UNAS ARMAS PRESTADAS

Los antibióticos tienen diferentes mecanismos de acción. Ilustraciones de la autora

Un antibiótico es una sustancia que mata selectivamente a las bacterias sin afectar a nuestras células, aprovechando las pocas diferencias que hay entre ambas.  No son algo que hayamos inventado recientemente para protegernos de las bacterias que nos enferman. Los inventaron las propias bacterias desde el momento en que empezaron a poblar la tierra, cuando aún eran los únicos seres en el planeta, hace más de 3000 millones de años. Para poder defenderse de otras especies de bacterias enemigas y no tener que repartir los recursos disponibles con nadie más.

Nosotros hemos sabido aprovecharnos de estas armas de guerra para eliminar infecciones y curarnos. Pero hemos cometido un enorme error por el camino. Hemos vertido al medio ambiente miles de toneladas de antibióticos a las que las bacterias han tenido tiempo de adaptarse.

¿CÓMO PUEDEN RESISTIR NUESTROS ATAQUES?

Selección de bacterias resistentes por la presencia de un antibiótico. Ilustración de la autora

La resistencia bacteriana a los antibióticos aparece debido a la propia selección natural. El antibiótico produce la muerte de la mayoría de las bacterias responsables de la infección. Pero si sobrevive alguna por un mal uso del antibiótico, será capaz de multiplicarse sin ninguna competencia (porque todas los demás estarán muertas) e incrementar en poco tiempo la gravedad de la infección. Y además, y para empeorar la situación, de transferir esos genes que otorgan resistencia a otras bacterias de su entorno, que los incorporarán a su material genético, volviéndose entonces resistentes a ese antibiótico aunque no lo fueran antes.

 

LOS NUEVOS ANTIBIÓTICOS, VIEJOS CONOCIDOS

Algunas bacterias sufren cambios que les permiten sobrevivir a los antibióticos y multiplicarse. Ilustraciones de la autora

Entre 1940 y 1980 se identificaron 20 nuevas clases de antibióticos derivados de sustancias naturales, pero desde entonces todos los nuevos antibióticos  pertenecen a grupos ya conocidos.

A las empresas farmacéuticas no les interesa económicamente la
búsqueda de nuevas sustancias antibióticas naturales por las dificultades que entraña. Entre otras, la de que se estima que el 99% los microorganismos que podrían ser fuente de nuevas sustancias (procedentes de otros ecosistemas distintos del suelo, del que se han obtenido hasta ahora la mayoría de los antibióticos) son incapaces de vivir en condiciones de laboratorio, aunque recientemente se ha descubierto una nueva forma de cultivar este tipo de microorganismos exigentes. A esto hay que añadir que los antibióticos son baratos y curan pronto y que los nuevos necesitan de muchas pruebas y de muchos trámites administrativos hasta salir a la calle. Con todo esto tenemos una explicación de ese  desinterés de las farmacéuticas. Y esto constituye un grave riesgo para evitar el avance de las resistencias.

MAL USO Y ABUSO NO SOLO EN HUMANOS

¿Cómo se diseminan las bacterias? Ilustración de la autora

Uno de los grandes problemas con las bacterias resistentes es el abuso que se hace en la industria alimentaria de los antibióticos, en la que se emplean para prevenir enfermedades de los animales y favorecer su engorde hasta 5 veces más que en humanos. Existe una gran cantidad de antibióticos distintos, pero sus blancos son en esencia los mismos, por lo que es muy fácil que en las balsas de lixiviados de las granjas surjan bacterias resistentes por intercambio de genes. En toda Europa, a excepción de España, se ha conseguido reducir este consumo en los últimos años hasta poco más de 100 miligramos por kilo de carne producida. En nuestro país, a pesar de las protestas internacionales, el consumo ha ido creciendo en los últimos años hasta situarse en casi el cuádruple de esta cantidad. Y no ha sido hasta hace relativamente poco que la OMS ha pedido que se reduzca el consumo rutinario de colistina en las granjas de animales, ya que este antibiótico es uno de los últimos frentes de lucha contra la resistencia bacteriana.

LOS FRENTES EN LOS QUE SE LUCHA

Un punto fundamental es la búsqueda de otros compuestos o de organismo capaces de ayudarnos. En este frente hace ya 100 años que se investiga a un grupo de aliados que quedaron arrinconados cuando pusimos los antibióticos al frente de la lucha contra las infecciones. Hablamos de los fagos, como se conoce a los bacteriófagos. Son virus que utilizan como huéspedes para multiplicarse a una cepa específica de una especie de bacteria en concreto y que vuelven a ser muy interesantes para muchos investigadores.

También se buscan formas de diagnóstico lo más precisas posibles, conocer con detalle las formas de resistencia de los distintos antibióticos y llevar a cabo un control exhaustivo de todos los focos de resistencia que van apareciendo a nivel mundial.

UNA GUERRA MUNDIAL SIN CUARTEL

El problema de la resistencia bacteriana es que lo que ocurre en un punto del planeta puede tener efectos en otros lugares alejados. Las bacterias viajan con nosotros de un país a otro, en un corto espacio de tiempo. Se mueven en suspensión en las corrientes marinas entre continentes sin que nada pueda pararlas. Ya no somos sólo nosotros y nuestra infección los que podemos vernos afectados por las bacterias multirresistentes, sino que la situación a la que hemos llegado compromete los avances médicos alcanzados desde que empezaron a usarse antibióticos allá en los años 40. Así que es importante saber qué papel tiene que desempeñar cada uno en esta lucha, todos tenemos trabajo que llevar a cabo. Evitar la automedicación, respetar las prescripciones médicas, vacunarse para evitar las enfermedades infecciosas o reducir el uso de productos de limpieza antibacterianos toda la población en general.  Potenciar la búsqueda de nuevos tratamientos efectivos para humanos y animales mediante actuaciones desde el gobierno nuestros dirigentes. Ampliar los horizontes de búsqueda los investigadores. Y prescribir antibióticos lo más específicos posibles sólo cuando sean realmente imprescindibles los médicos. Concienciémonos todos de que esta es una guerra que podemos perder si no ponemos todo de nuestra parte para ganar cada batalla.

Artículo publicado para el Máster de Periodismo y Comunicación Científica (UNED).