lunes, 23 de julio de 2018

Futbol, plantas y genes #Tomates con genes #noticias


Artículo realizado por Claudia Bou, como parte de la evaluación de la asignatura de comunicación científica, perteneciente al máster de biotecnología molecular y celular de plantas.

Se podría decir, sin exagerar, que el mundial de fútbol es un tema popular estos días. Aunque estoy lejos de considerarme una experta, la lógica me dice que el tiempo que va a durar cada equipo depende de una serie de factores. La suerte es, obviamente, importante, pero el ambiente (campo, clima o incluso la cantidad de ánimos que se reciben del público) tampoco es trivial. Sin embargo, el factor clave son los jugadores en sí. Porque si los jugadores son malos malísimos, ya les puede sonreír a base de bien la Dama de la Fortuna para que acaben ganando el Mundial.

Su resistencia, su velocidad, su capacidad de reacción o su técnica son lo que define a cada jugador y lo que puede determinar el resultado de cada partido. Nombres como Cristiano Ronaldo, Messi, Iniesta o Neymar son nombres que suenan incluso a los más ignorantes en el tema. Sin entrar en debates de quién es mejor que quién, muchos son los niños, y no tan niños, que los idolatran y que quieren ser como ellos de mayores. Pero ¿se nace con talento o es algo que se pueda desarrollar?

Nacer con talento, quizá sea mucho decir, pero sí que es posible nacer con ciertas características físicas que te capaciten para hacer ciertas actividades, no solo el futbol, más fáciles. Con las plantas pasa más o menos lo mismo. Algunas, incluso dentro de una misma especie, poseen ciertas características que otras no. Estas características están, por así decirlo, "escritas" en el genoma de los seres vivos. Y sí, las plantas son seres vivos. Todo aquello que nace, crece, se reproduce y muere lo es. Y eso implica, por mucho que sorprenda a más de uno, que cada vez que te comes un tomate te estas comiendo genes (independientemente de que sea o no transgénico).

En mi caso, estoy trabajando con un jugador muy especial, cuyo nombre, por motivos de seguridad, no desvelaré. Lo que sí puedo decir es que se trata de un canal de potasio. Para que nos entendamos, mi jugador sería el portero y el potasio, el balón. Ahora, ¿qué es el potasio? El potasio es la razón de que nos tomemos un plátano cuando nos ha dado una rampa y es uno de los iones más abundantes en las células.

En plantas, este jugador tiene un papel muy concreto en las células oclusivas de los estomas. Los estomas son las estructuras por donde las plantas transpiran, sus poros. Cuantos más abiertos están, más agua pierde la planta y menos aguanta la sequía. Algunas plantas tienen más "poros" que otras o su control al abrirlos y cerrarlos puede ser más o menos eficiente. Así, plantas con muchos poros y poco control aguantarán menos el calor y la sequía y es probable que mueran antes cuando el sol caiga a plomo durante una temporada.

Para que estos poros se abran, nuestro portero ha de dejar pasar muchos iones de potasio, es decir, muchos goles, lo que no es bueno para aguantar la sequía, ni para ganar el partido. Así que, después de buscar qué factores pueden afectar a su rendimiento, hemos encontrado una serie de proteínas reguladoras que pueden hacer que nuestro portero ataje más balones. Entre ellos, me he centrado en uno que, siguiendo el símil del fútbol, podría considerarse como tener al portero con el sol de cara y ponerle unas gafas de sol que le permitan ver por dónde vienen los balones. Si mi proyecto sale bien, conseguiremos que la sequía no nos meta tantos goles como ahora y así ganaremos el partido.

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