martes, 16 de octubre de 2018

Terraplanistas, MMS y la carga de la prueba #La Ciencia y sus Demonios #noticias


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Últimamente hemos podido comprobar el resurgimiento de dos disparates intelectuales que creíamos bastante olvidados (o eso pensaba el que les escribe). Una de ellas es el llamado "Terraplanismo", enarbolado por aquellos que creen que nuestro planeta es el único del Sistema Solar que no es esférico. La otra, el MMS  ("Suplemento Mineral Milagroso") pretende hacernos creer que bebiendo agua con lejía podemos curar hasta el autismo.

A pesar de constituir dos ejemplos muy diferentes como veremos al final de este artículo, ambas tienen una cosa en común, compartida los creyentes en OVNIS, fantasmas, Reiki y otras muchas charlatanerías que nos invaden a diario: eluden la carga de la prueba o, dicho de otro modo, caen en la falacia ad ignorantiam de pretender que son ciertas porque no se puede demostrar que no lo sean.

 

Onnus probandi

En filosofía, se conoce como Onus probandi (carga de la prueba) a la obligación de una de las partes de una discusión de aportar las garantías suficientes para justificar su punto de vista. En Derecho, el principio jurídico de Onus probandi establece a quién corresponde esa carga o, dicho de otro modo, qué parte es la que debe probar lo que afirma.

Existen dos formas de enfocar la asignación de la responsabilidad de probar su argumento en una discusión: el "principio ontológico" considera que debe probarse aquello que se encuentra fuera de la normalidad, es decir, debe justificarse cualquier afirmación que contradiga lo que se presupone en una persona, cosa o hecho. Por ejemplo, lo normal es que el agua de un río discurra a favor de la pendiente; si una persona afirma que en el río de su pueblo fluye en sentido contrario a la pendiente, en él recae la carga de probar lo que dice. Carl Sagan hizo famosa una frase del sociólogo  Marcello Truzzi basada en este principio: «Afirmaciones extraordinarias requieren pruebas extraordinarias»

Por otro lado, el "principio lógico" establece que debe probarse lo que se afirma, dado que es más fácil que probar la negación. Imaginemos que alguien afirma que existen los cuervos blancos. Obviamente, bastaría con que mostrara un cuervo de este color para demostrar su afirmación. Por el contrario, demostrar que es falsa es prácticamente imposible, pues deberíamos examinar el 100% de todos los cuervos del planeta para demostrar que ninguno es blanco.

De esta forma, si alguien nos llama escépticos por dudar de la existencia de unicornios azules, podemos sin temor alguno darle un par de collejas, una lógica y otra ontológica.

Cuestión práctica

En Ciencia, la asignación correcta de la carga de la prueba es algo especialmente importante que facilita el funcionamiento de la misma, permite el avance del conocimiento y evita que tiempo, recursos y personal se dilapiden persiguiendo objetivos absurdos.

Como es bien sabido, la Ciencia trabaja con un método básico relativamente simple: probar hipótesis. A pesar de lo que cree bastante gente, un investigador no se limita a imaginar posibles explicaciones a un fenómeno, además debe probarlas. Esto no siempre es fácil (mejor dicho, prácticamente nunca es fácil), y el trabajo de los científicos se divide de forma poco equitativa entre establecer hipótesis y trabajar como bellacos intentando probarlas o, siendo estrictos, falsarlas. De ahí la frase atribuida a Thomas Edison: "El genio es un 1% de inspiración y un 99% de transpiración".

CIENCIA
Si la labor de la Ciencia fuera tener que probar la falsedad de cada feliz ocurrencia que pueda pasar por la cabeza de cualquiera, andaríamos todavía intentando probar que la rueda funciona. Imaginad que un iluminado propone la existencia de dinosaurios microscópicos que viven entra la hojarasca con una densidad de 1 individuo por kilómetro cuadrado. Si lo aceptáramos como válido hasta que se demostrara lo contrario (lo que exigiría tamizar la totalidad de la hojarasca del planeta), es fácil imaginar a qué nivel estaría nuestro conocimiento y que aspecto tendría la Wikipedia. Por otro lado, hay afirmaciones que ni siquiera son falsables, que no pueden ser demostradas pero tampoco desmentidas, como la existencia de un Dios intangible o un dragón indetectable. En aspectos de salud, la situación sería aún más crítica, ya que andaríamos tratando neumonías con agujas, flores, poesía hindú o pases mágicos, dado que serían tan válidos como los tratamientos antibióticos, al no haberse demostrado su falsedad.

Caraduras y sordos

Decíamos más arriba que el "terraplanismo" y la curación con lejía tenían características muy diferentes, a pesar de que ambas coinciden en eludir la carga de la prueba.

En el caso del terraplanismo, las pruebas que demuestran la esfericidad de la Tierra abundan casi tanto como las que desmienten una Tierra plana. Sin embargo, sus seguidores desestiman las pruebas existentes y siguen pidiendo continuamente evidencias de esa forma esférica que, para ellos es simplemente una invención.

En el caso del MMS, mucho más clásico y comparable a la homeopatía y otras pseudoterapias, no representa contradicción alguna el hecho de que los antibióticos, antiinflamatorios o inmunodepresores funcionen, dado que su argumento es que la lejía, el azúcar o la imposición de manos también o, si no, que probemos lo contrario.

En ambos casos, lo que intentan los charlatanes es pasar la patata caliente a la ciencia que denominan "oficial", sabiendo que nadie en su sano juicio va a financiar una investigación para probar si los polvos de talco atraen a los fantasmas cuando se conjuran con un viejo ritual azteca bajo la luz de determinada fase lunar.

Y no, señores charlatanes, son ustedes los que tienen que demostrar que sus crecepelos mágicos funcionan, mientras la ciencia sigue explorando el espacio y salvando vidas.