domingo, 4 de noviembre de 2018

Ciencia y religion: tan lejos y tan lejos #De Avanzada #noticias


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Desde hace un tiempo, Colciencias puso en marcha el portal Todo es Ciencia, con la idea de acercar la ciencia a la ciudadanía. Yo no le he seguido mucho la pista, porque su forma de hacer divulgación, aunque válida, no es el tipo de difusión científica que a mí me gusta. En todo caso, si están acercando a la ciudadanía a la ciencia, más poder para ellos.

Lamentablemente, la iniciativa ya fue subvertida para promover el pensamiento mágico y la superstición, lo que ya es bastante malo en un portal de divulgación científica — ahora, que sea hecho en una página pagada con los impuestos de todos los colombianos, siendo Colombia un Estado laico, lo hace aún peor.

El artículo en cuestion se llama Ciencia y religión: tan cerca y tan lejos, escrito por Martín Franco Vélez, y es una instancia de acomodacionismo — la idea de que religión y ciencia son compatibles (en el mejor de los casos) y hasta complementarias (en el peor).

Segun Franco, la ciencia y la religion serían compatibles y complementarias, porque el astrónomo Georges Lemaître —precursor teorico de que el universo esta en constante expansion— era un sacerdote católico. Ese es el argumento central de su artículo, salpicado con un par de apelaciones a la autoridad por aquí y por allá.

La cosa es que la ciencia y la religión son incompatibles porque la ciencia cambia de punto de vista según lo que se observa, mientras que la religión niega la observación para mantener las creencias intactas.

Que creyentes como Lemaître hayan conseguido avanzar disciplinas científicas no es un caso a favor de la religión porque para llegar a sus conclusiones, él y todos los demás se basaron en observaciones (tanto suyas como de otras personas), sin que mediara revelación divina.

Si la condición de sacerdote católico de Lemaître le da a mérito a la superstición por los aportes científicos de éste, ¿por qué detenernos ahí? Igual le damos crédito a todas las ideas disparatadas, absurdas y directamente estupidas que cualquier persona que haya abonado algo al conocimiento humano tuvo alguna vez. ¿Por qué iba a ser más legítimo el crédito que tuvo la creencia de Lemaître en su amigo imaginario y su sumision a una milenaria mafia criminal en el progreso científico que la creencia de Isaac Newton en el semen universal?

No, las creencias irracionales no tienen crédito en los logros científicos de los creyentes, sin importar si esas creencias son populares y están ampliamente extendidas o si son relativamente marginales. La ciencia es tan compatible con la religión como lo es con la creencia de que algunos seres humanos se transforman en lobos cuando los toca la luz solar que refleja la Luna llena.

Por si no fuera suficientemente malo el argumento, Franco presenta otro, que es aún peor: el de los magisterios no-superpuestos de Stephen Jay Gould (que, para completar, ni siquiera se lleva una miserable mención entre la cascada de nombres que suelta Franco). Según el articulista, y los autores que cita, la ciencia sólo está para explicar el universo, mientras que la religión le daría sentido a la vida de las personas.

Un argumento que, desde que Gould se lo sacó de la manga, siempre ha tenido tufo a ateofobia, y que nunca tuvo ningun sentido — es más, aún hoy sigue sin tenerlo: si algunas personas encuentran reconfortante creer que hay un dictador celestial que los vigila siempre y que les dará el premio de no hacer más sino adorarlo cual Kim Jong-il una vez mueran, otros nos maravillamos al poder explicar el mundo que nos rodea, y para nosotros es una verdadera experiencia numinosa cuando comprendemos cómo funcionan las cosas y exploramos las opciones que objetivamente tenemos a nuestro alcance para hacer de este mundo una experiencia compartida más disfrutable para nosotros y nuestros congéneres. No necesito insultar mi inteligencia para darle sentido a mi existencia, ni aceptar ideas sin fundamento para poder deslumbrarme con el mundo natural.

Y si ya era ignorante cuando Gould propuso que se necesitaba de lo uno para lo otro, y que la ciencia no podía ofrecer felicidad y tranquilidad emocional, hoy en día es directamente risible. Sigue siendo un misterio por qué a este tipo de opinión le conferirían un espacio en portales presuntamente dedicados a la ciencia.

Cuando el articulo de Franco fue publicado, les solicité tanto al portal como a Colciencias que me permitieran replicar al mismo en su espacio — su respuesta ha sido un ensordecedor silencio. Entre tanto, el community manager del portal está más feliz que MacGyver en Home Sentry, haciéndole promocion a la religión cada vez que comparte el artículo, llegando incluso a afirmar que "la ciencia tambien se puede convertir en una religion" (?). Si así es apreciando que "todo es ciencia", no me quiero imaginar como sería si no lo fuera. Ahh, y por supuesto, este proselitismo religioso va a cargo del erario.

Al final del artículo hay un descargo de responsabilidad por parte de Colciencias, en donde anuncian que las "opiniones de los colaboradores y los entrevistados no representan una postura institucional de Colciencias", lo cual está bien cuando se trata de cuestiones de interpretación o columnas de opinión sobre ciencia; dudo mucho que ese descargo de responsabilidad, sin embargo, sirva para cobijar la promocion religiosa con recursos de los contribuyentes. Aunque eso ya es para que lo decidan los tribunales.

No sé, me parece que cuando un portal creado para acercar la ciencia a la ciudadanía es secuestrado para acercar (aún mas) la religión a la ciudadanía, pierde toda su razón de ser. Creo que Todo es Ciencia aún esta a tiempo de corregir curso; ojalá lo hagan, aunque no guardo muchas esperanzas al respecto.

Haciendo click aquí pueden hacerle llegar este artículo a Martín Franco Vélez, a Colciencias y a Todo es Ciencia.

(vía Óscar T | imágenes: Facebook ¡Todo es Ciencia!)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio