martes, 12 de marzo de 2019

Un millón de dólares de gastos médicos por no vacunar a su hijo #La Ciencia y sus Demonios #noticias


Las vacunas no sólo salvan miles de vidas sino que son uno de los tratamientos médicos más baratos que existen, puesto que ahorran ingentes cantidades de dinero y de recursos sanitarios que tendrían que estar disponibles para atender a los millones de enfermos que se producirían en su ausencia.

Y así lo ha demostrado el último caso acaecido en EEUU. Un niño de 6 años se produce un corte mientras jugaba en la granja de sus padres, quienes le limpian y le suturan ellos mismos la herida. Seis días después empieza a tener fiebre y espasmos musculares involuntarios en las extremidades superiores. Cuando más tarde su situación empeora con evidentes problemas respiratorios, los padres contactan con los servicios médicos de emergencia, que ante la gravedad del pequeño deciden transportarlo en un helicóptero a un hospital infantil en donde recibe el diagnóstico de infección por Clostridium tetani, causante del tétanos, necesitando sedación, intubación endotraqueal y ventilación mecánica rápida para no morir. Se le administra además la vacuna correspondiente y cuando se estabiliza pasa a cuidados intensivos pediátricos en donde es tratado con múltiples infusiones intravenosas continuas de medicamentos para controlar el dolor y la presión arterial y con un bloqueante neuromuscular para controlar sus espasmos musculares. Al quinto día de su ingreso hospitalario se le realiza una traqueotomía para permitir un soporte adecuado a la ventilación mecánica. A partir del día 35 (y gracias a los intensos esfuerzos de toda una amplia gama de profesiones sanitarios) su situación empieza a mejorar, de tal manera que el día 47 es trasladado a la unidad de cuidados intermedios. A los 54 días de su ingreso se le retira la traqueotomía y 3 días después es trasladado a un centro de rehabilitación durante otros 17 días adicionales. Un mes después de la rehabilitación hospitalaria, pudo regresar a las actividades normales de un chaval de su edad.

Los gastos asociados de la estancia de 57 días en el hospital pediátrico sumaron la más que importante cifra de 811.929 dólares. A esta más que respetable cantidad habría que añadir además la atención de los servicios de emergencias con el transporte aéreo incluido, la estancia de 17 días en el centro rehabilitación y los costos del seguimiento ambulatorio cuando fue dado de alta definitivamente. Es decir, otros varios cientos de miles de dólares adicionales a incluir en el proceso.

Pero quizás lo más llamativo del caso es que, a pesar de la insistencia de todos los médicos implicados en el largo tratamiento, los padres rechazaron no sólo una segunda dosis de la vacuna contra el tétanos de las cinco recomendadas a lo largo de la infancia, sino que tampoco quisieron que su hijo recibiera ninguna otra vacuna de las que tampoco habían administrado a su hijo porque, por supuesto, ellos saben más de medicina que cualquiera de los miles de científicos y médicos que llevan décadas investigando y tratando enfermedades que se evitan con una simple y casi indolora inyección.

La pena es que su aseguradora no les requiera ahora a estos prepotentes analfabetos hacerse cargo de ese millón largo de dólares gastados innecesariamente en salvar la vida de su hijo. Y lo mejor para todos sería que los servicios sociales les retiraran la custodia de un chaval, que bastante tiene ya por compartir código genético con unos descerebrados irresponsables, para que por lo menos pueda recibir una educación algo más acorde con el siglo XXI y no termine perpetuando el ya más que largo ciclo de ignorancia casi medieval de los antivacunas.

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