miércoles, 14 de agosto de 2019

Donald Trump impulsa fundamentalismo cristianismo en América Latina #De Avanzada #noticias


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Ayer, en toda América se publicó la investigación Transnacionales de la Fe, un conjunto de notas periodísticas derivadas de la investigación conjunta de 16 periodistas, 13 medios de varios países, la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia (EEUU) y el Centro Latinoamericano de Investigación Periodística (CLIP) sobre cómo la administración de Donald Trump ha amparado y promovido la cruzada antiderechos y ultraconservadora del cristianismo evangélico en toda América Latina.

En resumen, Donald Trump ha usado el poder de la Casa Blanca para que los cristianos evangélicos más fundamentalistas impongan sus creencias privadas en las políticas públicas de todos los países latinoamericanos. El canal de YouTube Ampli ofrece un repaso rápido a cómo ha ocurrido esto:


Al llegar a la Casa Blanca, Trump creó la Oficina de la Fe y la Oportunidad (WHFOI, su sigla en inglés) para recompensar la lealtad del cristiano fundamentalista Ralph Drollinger. Drollinger es tan fundamentalista que hasta sus correligionarios lo encuentran extremo: en 2009 Drollinger fue expulsado de su propia iglesia, la Grace Community Church de California; se fue a Argentina a abrir otro ministerio y fue abandonado por el grupo de pastores que reclutó en el país del sur. Drollinger había fundado la organización Capitol Ministries, que estaba a punto de desaparecer, cuando su pupilo espiritual, Jeff Sessions, le presentó al candidato republicano Donald Trump, con quien Drollinger empezó una correspondencia. Cuando Trump ganó la Presidencia, la lealtad de Sessions fue recompensada con la Fiscalía General, y la de Drollinger con la creación de la WHFOI.

Univision ofrece algunos detalles de cómo funciona esta oficina:

Desde la creación de la Oficina de la Fe en la Casa Blanca, Trump y los líderes evangélicos han mantenido la iniciativa en un perfil muy bajo y se han negado a responder consultas de la prensa y organizaciones civiles sobre su operación, presupuesto y nombramientos.

Esta investigación colaborativa revisó publicaciones en redes sociales, vídeos y boletines informativos de los líderes que integraban el comité asesor evangélico de Donald Trump durante su campaña electoral y de sus organizaciones. Al menos 18 de ellos, todos evangélicos, se han identificado a sí mismos como miembros de la Oficina de la Fe y la Oportunidad de la Casa Blanca desde mayo pasado durante múltiples eventos públicos en diferentes partes del mundo. El evangelismo representa solo a una minoría entre el abanico de creencias que se practican en Estados Unidos y que la primera enmienda de la Constitución defiende.

El grupo representa distintas corrientes dentro de la comunidad evangélica, aunque algunos de sus miembros pertenecen a más de una de ellas. Unos predican la "teología de la prosperidad", que ve el crecimiento económico y el buen estado de salud como bendiciones que Dios otorga si el creyente se comporta de acuerdo a las normas y paga el diezmo. Otros son evangélicos sionistas que creen en las profecías apocalípticas del retorno de Jesús a la Tierra en Israel; y un tercer grupo representa a líderes de la Convención Bautista del Sur, que aglutina a más de 50.000 iglesias bautistas en Estados Unidos. Esa congregación se opone firmemente al matrimonio entre personas del mismo sexo.

Capitol Ministries, la Oficina de la Fe de la Casa Blanca y otros influyentes líderes evangélicos estadounidenses, de acuerdo con los católicos más conservadores, han cultivado estrechas alianzas con líderes políticos en países con grandes poblaciones de la fe evangélica, como Guatemala, Honduras y Brasil. Esas alianzas se extienden a políticos locales que han logrado conquistar significativas cuotas de poder y de influencia política en sus países.

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"Él [Trump] es el presidente más —según mucha gente ha dicho— más amigo de la fe que han conocido en su vida", dijo Paula White, la consejera espiritual personal de Trump y líder de la Oficina de la Fe y Oportunidad de la Casa Blanca al Christian Broadcasting Network durante la inauguración de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén.

Los líderes evangélicos comprometieron su apoyo político a Trump desde el inicio de la campaña presidencial del 2016, a cambio de promesas de favores políticos como nombramientos de jueces conservadores en la Corte Suprema de Justicia estadounidense, políticas públicas contra el aborto y los derechos LGBTIQ y una gran influencia en la definición de la política exterior estadounidense con respecto a Israel.

Gracias a sus lazos con la Casa Blanca algunos de estos líderes también han logrado expandir sus ministerios en Latinoamérica y construir alianzas con presidentes con pasados lejos de ser perfectos.

Drollinger ha sido diligente para explotar su cercanía con Trump, y Capitol Ministries ya ha abierto sucursales en ocho países latinoamericanos.

En México, la influencia de Drollinger llega llega hasta la Presidencia, desde donde Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha promovido las cartillas "morales" que los evangélicos han publicado en ese país; recién AMLO asumió la Presidencia, los grupos cristianos fundamentalistas fueron los primeros a los que se les aprobaron las concesiones de radio y televisión. En el país manito, los profundos tentáculos de Capitol Ministries también han llegado hasta los cinco partidos políticos del país y cuentan con un cabildero a tiempo completo para promover su agenda homofóbica y machista ante la OEA.

En Honduras, el presidente Juan Orlando Hernández ha promovido el cristianismo desde su puesto. Por ejemplo, Hernández estableció que las legislaturas paralamentarias ahora empiecen con una oración —liderada, obviamente, por pastores aprobados por Capitol Ministries—, ha usado la Biblia para promover sus políticas públicas, y se ha rodeado de pastores evangélicos. Capitol Ministries tiene silla en el gabinete de Ministros.

En Costa Rica, Drollinger visitó el país y durante un desayuno con legisladores ticos, promovió el sistemático adoctrinamiento de los demás congresistas mediante "estudios bíblicos" regulares, con los cuales evangelizar el Congreso, y que los diputados creen leyes basadas en la Biblia.

En Paraguay, los esfuerzos de Capitol Ministries han contado con el apoyo del presidente, Mario Abdo, quien le ha dado mucha fuerza al lobby cristiano, y del pastor Miguel Ortigoza, el representante de Drollinger en ese país, y quien ya lleva años de cabildeo político, y en su haber algunas victorias para el fundamentalismo.

En Nicaragua, Capitol Ministries ni siquiera tuvo que tocar a la puerta, sino que fueron invitados por el dictador Daniel Ortega, para que abrieran su 'ministerio' de adoctrinamiento en Managua. Ortega y su esposa y a la vez segunda al mando, Rosario Murillo, invitaron a Drollinger al aniversario 40 de la 'Revolución' Sandinista y, emulando el mal ejemplo de Honduras, también les ofrecieron una silla en el gabinete de Ministros.

En Perú, los evangélicos han priorizado las llamadas terapias de conversión, que es el nombre que le dan a la tortura física y psicológica a la que someten a personas LGBTI para que 'elijan' ser cis-heterosexuales — desde hace años, las iglesias promueven que los niños adoctrinados entren a carreras como psicología y psiquiatría para lavar su intolerancia, y darle un barniz de credibilidad a sus creencias homofóbicas; en particular, en el reportaje se identificaron tres centros que aplican las terapias de la tortura: la Escuela de Especialización en Consejería Familiar (Esconfa) del pastor Luis Guizada, en Lima; el Hogar de Restauración Espiritual y Física de Prostitutas, Lesbianas, Gay, Transexuales y Bisexuales, también fundado en Lima, esta vez por el pastor Alberto Santana Leiva y manejado por la pastora Marisol Vela; y la casa de un psicólogo en el distrito Selva Alegre de Arequipa. (Las terapias de conversión también han proliferado en México y Ecuador.) Perú también fue el escenario donde se forjó una gran alianza internacional de conservadores sociales para hacer causa común e infectar las políticas públicas de todos los países con religión — también buscan hacerlo influyendo en organismos supranacionales, como la OEA y Naciones Unidas.

En Brasil, los cristianos ya venían apoderándose de la política pública mediante la tenebrosa Asociación de Juristas Evangélicos (Anajure), fundada por la pastora Damares Alves. La llegada de Jair Bolsonaro a la Presidencia significó un aliado para ellos (Bolsonaro nombró a Alves a la cabeza del Ministerio de DDHH, la Familia y la Mujer), así que cuando los pastores de Trump llegaron a Brasilia, fueron recibidos con los brazos abiertos.

En Venezuela, el pastor Javier Bertucci, de la iglesia Maranatha, ha conseguido llenar sus arcas durante el brutal declive económico del país que han supuesto las absurdas políticas chavistas, y también ha incursionado en la política, de la mano del dictador Nicolás Maduro. Como guinda del pastel, Bertucci adhiere a la teología de la prosperidad, según la cual dios premia con riquezas materiales a quienes se mantienen en comunión con él. Mientras el gobierno venezolano condena a su pueblo a pasar hambre, su pastor predilecto va por el mundo soltando predicando que su opulento estilo de vida es una recompensa bien merecida.

A diferencia de otros países, en Chile, el cristianismo evangélico no ha contado con políticos, partidos, universidades ni centros de estudios influyentes, por lo que tienen puestas sus esperanzas en un oscuro personaje llamado José Antonio Kast, un abogado, y excandidato a la Presidencia que ha ocupado algunos cargos públicos y que desde hace unos años articula el ataque coordinado en varios países contra la Organización de Estados Americanos (OEA), para que no siga obligando a los países latinoamericanos a respetar los derechos LGBTI, de las mujeres, sexuales y reproductivos. Aunque también lo han hecho en otros países, en Chile los cristianos evangélicos se han acercado a los grupos católicos ultraconservadores del país para fortalecer la alianza antiderechos, por cuestión de física necesidad.

Aunque los pastores de Trump no han llegado oficialmente a Colombia, ni falta que les hace. En el país las violaciones al laicismo son sistemáticas por parte de todo tipo de políticos, y el cristianismo evangélico viene reptando para imponer sus creencias privadas en las políticas públicas. El reportaje de Transnacionales de la Fe para el país recuerda cómo los evangélicos sabotearon el proceso de 'paz' y las elecciones porque no conciben que dos personas gays puedan firmar un contrato de matrimonio o adoptar, o que a los niños se les enseñe que no se debe discriminar a las personas por su orientación sexual.

Estas denuncias deberían ser motivo de preocupación para cualquier persona que tenga un mínimo de aprecio por la democracia. La piedra angular de cualquier democracia digna de ese nombre es la más estricta y absoluta separación del Estado y las iglesias. No tengo conocimiento personal de los demás países, pero si se parecen en algo a Colombia en este aspecto, creo que la pregunta no es si el cristianismo evangélico ganará sino cuándo — de lo que se colige de todas estas notas periodísticas es que, con la posible excepción de Chile —o los lectores chilenos me corregirán— en ninguno de estos países les preocupó nunca la verdadera separación entre el Estado y las iglesias, no se molestaron en fortalecer su ordenamiento jurídico para impedir que lo público fuera protegido de los voraces intereses privados de una ideología que históricamente se ha caracterizado por imponerse a sangre y fuego. Y esa desarticulación institucional impide que se pueda responder adecuadamente a la amenaza, lo que hace que esto sea pelea de tigre con burro amarrado.

La investigación de Transancionales de la Fe es muy valiosa y está muy bien lograda, e invito a que la compartan en sus redes sociales. No pude evitar notar, sin embargo, que sólo dos notas mencionan la separación del Estado y las iglesias (Univision y El Tiempo) y sólo en El Tiempo hay una mención explícita del laicismo, cuando Nina Chaparro, de la ONG Dejusticia, recuerda que Colombia es un Estado laico.

Si queremos defender la democracia de los embates del fundamentalismo, necesariamente tenemos que empezar a hablar explícitamente del laicismo y de cómo protegerlo a toda costa. Ese sería un tema interesante para una investigación de seguimiento.

(imagen: Lorena Barrios)

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Publicado en De Avanzada por David Osorio