jueves, 12 de diciembre de 2019

El Ártico es una bomba de relojería climática a punto de estallar #La Ciencia y sus Demonios #noticias


Aunque los efectos del calentamiento global se pueden observar casi en cualquier lugar del planeta, hay una región especialmente susceptible al aumento de la temperatura y que se está convirtiendo en una bomba de relojería climática a punto de estallar: el cada vez menos gélido Norte.

Y no sólo es que las consecuencias del deshielo en el Ártico amenacen al todo el planeta, es que allí se está produciendo una pérdida de hielo tan acelerada que pueden dejar obsoletas todas las ya de por sí lúgubres predicciones actuales. Así, hace un par de días un consorcio formado por más de un centenar de científicos pertenecientes a más de 50 prestigiosos centros de investigación de todo el mundo han publicado un exhaustivo estudio que demuestra que la tasa del deshielo en Groenlandia ha pasado de unos 33.000 millones de toneladas al año en la década de los años noventa del siglo pasado a los actuales 254.000 millones de toneladas al año, es decir, Groenlandia se derrite hoy en día a una velocidad siete veces mayor que hace 30 años.

Y a esto hay que añadir que la inmensa tundra ártica, que abarca más de 11 millones de km2 del norte de Eurasia y Norteamérica, está colapsando. Y ello es un problema de primera magnitud, puesto que el subsuelo helado de la tundra ha ido acumulando durante millones de años ingentes cantidades de CO2 (en forma de restos vegetales y animales congelados que no tuvieron tiempo de pudrirse), tanto CO2 que las actuales 870 gigatoneladas de carbono que están en la atmósfera son aproximadamente la mitad de las 1.600 gigatoneladas que están enterradas en el permafrost.

Y los científicos están comprendiendo que la subida de temperaturas está desestabilizando el delicado ecosistema de la tundra, de tal manera que el ritmo de deshielo del permafrost, que hace unas décadas se producía a una velocidad de unos pocos centímetros de grosor al año, ahora está ocurriendo en amplias regiones de Alaska, Canadá o Siberia a velocidades de hasta varios metros en cuestión de pocas semanas. Y lo peor de todo es que estos sucesos, al estar todavía poco estudiados, no están incluidos totalmente en los actuales modelos climáticos.

Y los resultados son dramáticamente llamativos, ya que cuando la superficie de la tundra colapsa por su propio peso (al faltar el hielo que la estabilizaba) entonces se producen gigantescos cráteres como el de Batagaika que se muestra en la siguiente fotografía

y que tiene 1 kilómetro de largo, 100 metros de profundidad y se calcula que se expande a una tasa de unos 15-18 metros cada año. Además, un reciente estudio ha demostrado que este tipo hundimientos son ahora unas 60 veces más habituales que en los años 80 del siglo pasado.

Otra muestra de las consecuencias de la desestructuración de la tundra por el deshielo acelerado son los escasos asentamientos humanos en estas frías tierras que, al estar todos ellos construidos encima del permafrost, pueden ser fácil pasto de la propia naturaleza como es el caso de la pequeña población de Newtok en Alaska, en donde el deshielo ha llevado la orilla del río Ningaluk hasta las mismas puertas del pueblo (un poblado que fue sabiamente construido por los aborígenes locales en su momento lo sufiencientemente alejado del río) y ello ha obligado a la "Federal Emergency Management Agency" estadounidense a ordenar el traslado de sus algo más de 300 habitantes a una zona más segura distante unos 14 km del emplazamiento original. Y todo ello con una más que importante factura de bastantes millones de dólares, puesto que todo lo relacionado con la construcción de edificios es tremendamente caro en esas desoladas y remotas tierras.

Y esto por supuesto será moneda cada vez más corriente no sólo en las regiones boreales, sino en todo el planeta (siempre y cuando los afectados tengan la suerte de pertenecer a alguna de las naciones desarrolladas, ya que los que vivan en países como Bangladesh o similar simplemente verán con horror como sus pueblos desaparecen directamente sin que nadie haga nada) puesto que todo el hielo boreal que se derrite bien sea de los glaciares, de la banquisa oceánica o del permafrost, acaba tarde o temprano en forma líquida en los océanos aumentando el nivel del mar.

¡Y luego en Occidente no sorprenderemos cuando millones de desesperanzados desarrapados se dejen la vida al intentar sortear vallas de nueve o quince metros, repletas de pinchos o concertinas, rayos laser, drones armados o toda la parafernalia tecnológica que la mente humana pueda inventar para intentar mantener fuera de nuestro "edén" a unas personas que sólo quieren huir de un miserable presente al cual nosotros, con nuestra más que derrochadora estupidez de comer cada día una insípida hamburguesa (que colapsa además nuestras arterias) y de cambiar de móvil cada año para poder perder el tiempo en el nuevo y más que necio jueguecito, somos responsables de haber hecho realidad!

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