miércoles, 11 de marzo de 2020

Unas breves reflexiones acerca de las medidas de control de la epidemia del coronavirus #La Ciencia y sus Demonios #noticias


En un momento en el que en medio mundo se están tomando las más diversas medidas para intentar controlar la diseminación del coronavirus, es quizás momento de una breve reflexión para llevar un poco de cordura a algo que racionalmente se está sacando de quicio.

El nuevo coronavirus que se ha expandido desde su foco original en China es un serio problema de salud pública, aunque no más importante ni más grave que la gripe, el virus respiratorio sincitial humano, los virus parainfluenza, los adenovirus, los rinovirus o bacterias como Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae y Moraxella catarrhalis entre otros patógenos respiratorios que nos visitan todos los inviernos. Estas epidemias anuales (como el nuevo coronavirus) afectan principalmente a personas mayores con graves problemas previos de salud, inmunosuprimidos (pacientes oncológicos, receptores de órganos, enfermos de SIDA en fases avanzadas de la enfermedad) o bebes en los que todavía no se ha desarrollado adecuadamente el sistema inmune. Para poner cifras y algunos ejemplos, solo en EEUU mueren cada año entre 12.000 y 60.000 personas por la gripe, 14.000 por el virus respiratorio sincitial humano, 4.000 por S. pneumoniae y otros 1.000 por H. influenzae. Cifras similares ajustadas al tamaño poblacional se dan en todos los países del mundo occidental, de tal manera que la OMS ha calculado que en todo el mundo mueren alrededor de 650.000 personas al año únicamente por la gripe.

Por supuesto, estas cifras no llevan a ningún gobierno del mundo a cerrar colegios ni universidades, establecer controles a la movilidad ni mucho menos cuarentenas. Sin embargo, con el nuevo coronavirus  (que presenta tasas de mortalidad similares o incluso algo inferiores a una gripe estacional corriente) y gracias a la constante atención de todos los medios de comunicación globales que nos machacan con un goteo constante de noticias sobre el pobre anciano muerto en Badalona o Tokio, los 30 nuevos infectados en un crucero en el Pacífico, en una iglesia de Seúl o de un colegio en Milán se ha desatado la nerviosismo y los gobiernos, en lugar de informar coordinadamente a la ciudadanía mundial de los consejos de higiene básica y contextualizar la situación, han empezado una carrera sin sentido para "demostrar" que se toman en serio la situación y entonces no pasa un día en el que en algún lugar no se establezca una nueva medida restrictiva que únicamente sirve para aumentar la histeria de los ciudadanos, porque como se difunde ya en las redes sociales y en la cola de la frutería "si toman esas medidas tan drásticas es que nos engañan y la situación es mucho peor de lo que dicen los científicos".

Y así un simple ejemplo, en España se ha agotado las mascarillas y los hospitales están empezando a retrasar cirugías no prioritarias para mantener un mínimo stock de ellas para las futuras operaciones de urgencia, hasta que se reestablezca el suministro. Y la gente está empezando a acaparar comida y suministros.

Además las restricciones como cierre de colegios, universidades o centros de trabajo solo son útiles si van acompañadas con un riguroso control de la movilidad, como el que sólo ha podido poner en acción de manera contundente la dictadura china. Pero en un país occidental normal, el que los niños o los universitarios no tengan clase solo favorece que cambien los patrones de contagio. Así esos niños que están sin colegio, lejos de estar encerrados a cal y canto en sus casas ahora van al parque y muchas veces acompañados de sus abuelos, porque son las únicas personas que pueden hacerse cargo de ellos durante estas imprevistas vacaciones, con el peligro de que los mayores (que son la población de mayor riesgo)  al romper sus rutinas y relacionarse más con sus nietos y con el entorno acaben contrayendo más fácilmente el dichoso coronavirus. Los universitarios, si sus familias viven en la misma ciudad simplemente aumentarán su ocio (y por tanto las posibilidades de contagio con desconocidos) y si son de otras localidades, pues lo mismo aprovechan para volver a su pueblo o ciudad natal a ver a la familia, con el consiguiente riesgo de acelerar la distribución global de la pandemia.

Y en el caso del trabajo algo similar tal y como ejemplifica un caso muy cercano. Este lunes, se comunicó al centro de investigación en donde trabaja mi chica la existencia de un portador asintomático que había sido infectado por un familiar. La dirección de la institución procedió a clausurar el laboratorio donde trabaja nuestro protagonista, de tal manera que el resto de sus compañeros: predoctorales, postdoctorales y técnicos se quedaron ociosos y como tales, en lugar de correr a encerrarse en la cuarentena de sus domicilios se pasearon por todo el edificio contando a amigos y colegas detalles pormenorizados del caso y visitando en varias ocasiones la cafetería del edificio para tomar café, té o una cerveza mientras eran los protagonistas del evento. De tal manera que se relacionaron ese día con muchísima más gente con la que interaccionan cualquier otro día laboral normal. Y aunque esas personas son científicos y están por encima de la media en cuanto a formación e información no hay que olvidar que también son primates sociales. Es más, hoy o mañana, alguno de ellos descubrirá que al estar de "vacaciones forzosas" no tiene que esperar a las 7 de la tarde para ir al gimnasio a la clase semanal de pilates, sino que pueden sacarle mayor rendimiento a su cuota mensual y dedicar toda la mañana a hacer pesas, spinning, usar la piscina o la sauna del gimnasio, que para eso paga todo el año. O que puede irse de compras a ese nuevo centro comercial que le pilla un poco alejado, o acercarse a la sierra madrileña (que ahora está preciosa) a hacer una ruta de senderismo y acabar comiendo en un bonito restaurante de ese pueblecito tan pintoresco al que no había ido desde hace años. Y así con miles, decenas de miles o cientos de miles de ciudadanos sanos con mucho tiempo libre el virus simplemente se diseminará de forma distinta, pero no menos eficientemente, por toda la población. Salvo eso sí, que sigamos el ejemplo chino y se establezca un toque de queda militar.

Por ello quizás la única solución razonable sea que los ministros de sanidad y los presidentes de gobierno de la UE se reúnan y acuerden con sus equivalentes de otros países y con la OMS dar carpetazo a lo que únicamente es un despropósito de los medios de comunicación que pueden llevar al mundo a una recesión económica global. Porque visto desde in punto de vista racional, las personas que están muriendo desgraciadamente podrían morir exactamente igual este invierno si en lugar del coronavirus se hubieran encontrado con cualquiera de los otros virus o bacterias respiratorias.

 

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