jueves, 2 de abril de 2020

O cambiamos de estrategia o vamos hacia el desastre más absoluto #La Ciencia y sus Demonios #noticias


A estas alturas de la primera (pero desgraciadamente quizás no la única) pandemia del siglo XXI siento ser agorero, pero esto nos ha pasado por llevar ya demasiado tiempo viviendo en esos mundos de color de rosa que nos ha vendido (muy hábilmente por cierto) la siempre omnipresente "libertad de mercado".

Porque llevamos décadas, cuando no siglos, inmersos en una irracional vorágine en la que la única regla válida en materia socioeconómica es el "business", y en donde sólo los "productos" de consumo masivo (aunque no sirvan para un carajo) tienen cabida en este mundo de mercadeo banal y fútil, mientras que las miserias de una población mundial en claro incremento son siempre secundarias ante las grandes "necesidades" de un mercado en donde nunca faltan 100 o 200 millones de euros para fichar a esa estrella rutilante que hará que nuestro equipo ¡por fin! gane esa tan ansiada "Champion League".

Y por supuesto, todos nos desvivimos por tener en casa esa televisión última generación capaz de discriminar entre micropíxeles que están desde hace años más allá no solo de la capacidad del ojo humano, sino incluso de los del águila más incisiva y millones y millones de cerebros se dedican en exclusiva a exprimir al máximo los devaneos sentimentales de unos personajillos del tres al cuarto, cuya única habilidad ha sido el haber compartido cama o mantel con otros también prescindibles famosetes del mundo del espectáculo.

Y así, muy desgraciadamente, nunca quedan ni recursos humanos ni financieros para intentar resolver los grandes problemas que acucian a la sociedad hiperdesarrollada y totalmente globalizada del siglo XXI, porque la inmensa mayoría de la Humanidad sigue viviendo con los usos, costumbres y reglas que nos hicieron prosperar en nuestra ya más que olvidada sabana ancestral africana, pero que ahora mismo sirven nada más que para mantener a una ciudadanía embrutecida y conformista.

Por tanto, o cambiamos como colectividad nuestras prioridades y dedicamos todos nuestros esfuerzos a resolver problemas reales, gestionando esos cientos de miles de millones de euros que se dilapidan cada año en absurdeces, y formamos a millones de nuevos expertos, inventores, tecnólogos, pensadores e investigadores para dar un verdadero salto cualitativo en materia científica o indefectiblemente nos veremos abocados al desastre, a la barbarie o quizás peor, a la extinción.

Porque como muy acertadamente muestra en el siguiente video el siempre incisivo Jim Jefferies no puede ser que estemos a la espera de que esos cada vez más escasos "frikis", poco reconocidos y peor pagados científicos nos vengan siempre a salvar del inminente desastre, mientras por otra parte derrochamos cientos de miles de millones de euros en todo tipo de superficiales e irracionales estupideces.