lunes, 11 de mayo de 2020

El problema de dejar a la iniciativa privada el desarrollo de medicamentos #La Ciencia y sus Demonios #noticias


"Sólo el necio confunde valor y precio". Y desgraciadamente este viejo aforismo quevedesco, no sólo sigue en plena vigencia, sino que a la vista de la evolución económica del mundo sólo se puede concluir que vivimos en una sociedad compuesta, y lo que es peor dirigida, por necios tal y como demuestra el actual sistema de desarrollo de medicamentos.

En el sistema económico moderno la búsqueda incesante de beneficios empresariales se ha impuesto sobre cualquier otra cuestión, y así se ha convertido en un dogma casi religioso. Nada fuera de esa interminable carrera por satisfacer a los mercados es relevante y, tanto la sociedad como los gobiernos, nos rendimos ante esa perpetua condena por construir empresas cada vez más grandes y que den mayores beneficios a unos accionistas por otra parte siempre insatisfechos.

Y dentro de esta implacable lógica empresarial, solo los productos que generen mayores beneficios para las empresas tienen asegurada su continuidad. Por el contrario, ni siquiera es necesario que un producto sea deficitario para ser descatalogado, también cualquier otro que aun siendo rentable, pero con el que la empresa obtenga una menor tasa de beneficios, puede ser retirado del mercado independientemente de cualquier otra consideración.

Y esto que pudiera parecer anecdótico y sobre lo que no tendría nada que decir el ciudadano (porque caería dentro de la libertad empresarial) es sin embargo vital en ciertos sectores estratégicos para la sociedad como es el caso de los medicamentos.

Un alto directivo de una multinacional farmacéutica no se diferencia en nada de otro que dirija una empresa que fabrique automóviles o latas de sardinas. Es más, muchas veces el mismo individuo puede iniciarse en una multinacional petrolera, pasar unos años por la dirección de una cadena de grandes almacenes, de ahí a una farmacéutica y terminar su vida laboral en Wall Street. Total, en el fondo el objetivo no es vender seguros o fabricar placas solares, sino generar beneficios y en eso los altos directivos son muy buenos.

Por tanto, un ejecutivo eficiente de una multinacional farmacéutica dirigirá los esfuerzos de la compañía hacia aquellos medicamentos que puedan ser más rentables. Si poner en el mercado un fármaco cualquiera le cuesta a la empresa unos mil millones de euros y el medicamento A puede generar "tan solo" tres mil millones de euros de beneficios mientras que el B tiene unas perspectivas de veinte mil millones en ese mismo periodo ¿cual creerán ustedes que será la decisión final de la empresa? Desde esta implacable lógica empresarial no se plantea siquiera la duda y entonces, poco importa que el primer fármaco pueda salvar la vida de miles o millones de personas y el segundo se utilice para paliar el escozor de una picadura o disminuir las molestias asociadas a una enfermedad leve.

Y así, por dejar la salud de la ciudadanía en manos de lo que únicamente son simples empresas, ni mejores ni peores que otras de sectores diferentes, nos encontramos con el problema de que la I+D farmacéutica ha derivado hacia enfermedades crónicas, en donde el paciente es un consumidor cautivo durante años o incluso décadas, o de morbilidad y mortalidad poco elevadas, mientras que serios problemas de salud pública como son las infecciones bacterianas han quedado huérfanos de I+D+i (tal y como indica el siguiente video extraído de una Ted Ed Talk), poniéndose en peligro el actual sistema sanitario en su conjunto, puesto que sin antimicrobianos efectivos una simple apendicetomía se puede convertir en una sentencia de muerte.

Es por ello que es prácticamente suicida para la sociedad dejar en manos de la iniciativa privada la elección de qué tipos de medicamentos vamos a tener disponibles en los próximos años o décadas. Y por tanto, cualquier gobierno mínimamente responsable debería poner los recursos necesarios para desarrollar un sistema de I+D+i en medicamentos orientado a las necesidades sanitarias de la ciudadanía y no al comportamiento bursátil de las multinacionales farmacéuticas.

 

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