lunes, 25 de mayo de 2020

El terrible precio añadido que vamos a pagar por no tener una vacuna contra la COVID-19 #La Ciencia y sus Demonios #noticias


En estas últimas décadas la Humanidad (occidental al menos) ha vivido en una burbuja ideal, dentro de un país multicolor (como decía la vieja serie de dibujos animados infantiles) en donde los cada vez más avanzados tratamientos médicos de todo tipo nos ofrecían un futuro casi de color de rosa.

Un mundo de "cuento" en fin, en el que no importaban nada los comportamientos individuales aún cuando fueran incívicos y manifiestamente peligrosos para ellos mismos, sus hijos y el resto de la ciudadanía, porque para eso estaba la Ciencia al haber conseguido erradicar gran parte esas terribles epidemias que nos venían asolando desde el principio de los tiempos. Pero ha tenido que llegar una nueva pandemia al estilo de las ya solo recordadas en los libros de historia (de esas remotas épocas tras las que nuestros más remotos ancestros tuvieron la "genial" idea de abandonar su secular modo de vida cazador-recolector e inventar la famosa Revolución Neolítica), que nos exterminaban al modo bíblico para que todos aquellos ciudadanos que les queda una mínima chispa de racionalismo se den de bruces con la terrible realidad de un mundo hiperconectado y globalizado, en el que sin embargo seguimos comportándonos como si viviéramos en esos pequeños grupos de 15 o 25 individuos que vagaban por nuestra sabana ancestral recolectando frutos del bosque y persiguiendo presas.

Y dejando de lado las consecuencias directas que está produciendo esta nueva zoonosis, que hemos metido en nuestras casas por ese irresponsable economicismo globalizado en el que los CEO son las nuevas estrellas mediáticas y los intocables beneficios empresariales son el más codiciado objetivo social, que ya se ha cobrado centenares de miles (y o mucho me equivoco, llegará quizás a millones) de muertes directas por la COVID-19 y que está paralizando el sistema socio-económico mundial, deberemos aumentar en bastantes millones más la cifra final de muertos achacable a este letal coronavirus.

Y aquí únicamente quisiera poner un par de ejemplos de todos esas personas que van a morir de manera indirecta por no tener disponible una de esas, tan denostadas por algunos analfabetos mentales, vacunas. Primero, se está desarrollando sin quererlo un gigantesco experimento natural a nivel mundial sobre la efectividad de las vacunas, ya que según algunos de los organismos internacionales más solventes como son la OMS, Unicef y la Alianza para la Vacunación, la mitad de los 129 países del mundo que reportar información sobre el tema han indicado que han tenido que interrumpir de manera parcial o incluso total sus programas de vacunaciones frente a los más diversos patógenos. Ello significa que más de 80 millones de niños están en riesgo de contraer enfermedades casi olvidadas en la actualidad como son la difteria, la poliomielitis, las fiebres tifoidea o amarilla, la meningitis o el sarampión por el impacto negativo que ha supuesto la COVID-19 en los sistemas sanitarios globales.

Y en segundo lugar, colectivos de oncólogos en diversos países han notado una importante disminución de primeras consultas de personas con sintomatología compatible con afecciones tumorales. Además, el tratamiento de los pacientes oncológicos ya diagnosticados se ha resentido severamente en bastantes países occidentales, por lo que la suma de una menor detección de nuevos casos junto con el retardo en el tratamiento de los ya diagnosticados es muy probable que haga aumentar en los próximos años la letalidad de los procesos tumorales.

Y para terminar, simplemente recordar que mientras no exista una vacuna efectiva contra un virus tan contagioso como el coronavirus la única medida verdaderamente eficiente es el distanciamiento social, aunque eso implique modificar de manera irreversible la forma que teníamos de relacionarnos socialmente antes de la aparición del mencionado virus. (Bien)venidos al futuro.

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