miércoles, 26 de agosto de 2020

Dejar de fumar ¿por qué nos cuesta tanto? #e-ciencia #noticias


Se empieza tal vez por pura inocencia, cuando somos jóvenes y queremos hacernos los mayores. Un día te pasan un cigarro, lo pruebas y aunque te sabe a rayos, sigues fumando. Porque te parece que es guay. Sin embargo, no eres consciente del daño que estás haciéndole a tu cuerpo, creando una adicción que seguramente será para toda la vida, y que acabará costándote no solo salud, sino muchísimo dinero. Hoy por hoy todos sabemos de lo perjudicial que puede ser el tabaco para nuestro organismo, y aun así, la gente sigue fumando. Algunos porque a pesar de las advertencias, empiezan a fumar desde muy jóvenes, por la razón que sea. Otros porque llevan haciéndolo ya mucho tiempo y se sienten incapaces de dejarlo. Y es que al fin y al cabo, el tabaco es una droga que crea mucha adicción, por más legal que sea.

En estos tiempos duros que estamos viviendo, con una pandemia que parece que va para largo y que afecta directamente a nuestro sistema respiratorio, los fumadores pueden llegar a ser un grupo de riesgo importante, precisamente por todo lo que han sufrido a lo largo de los años sus pulmones por culpa del tabaco. En algunos lugares incluso se está restringiendo el propio hecho de fumar en la calle, puesto que el virus también se puede transmitir a través del humo. Los problemas que provoca el tabaco son de sobra conocidos, y ya hay mucha gente que ha muerto por culpa del cáncer de pulmón que casualmente se ha llevado fumando toda la vida. Aun así, es muy complicado dejarlo, ¿por qué pasa esto? Nosotros vamos a intentar encontrar la respuesta en este artículo.

Qué ocurre cuando empezamos a fumar

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Da igual cuando empecemos a fumar, si tenemos quince o treinta años, ya que el efecto es el mismo. La nicotina que incluye el tabaco es un añadido que se potencia de forma no natural para que sepa mucho más, y es también lo que provoca la adicción a esta droga. Como ocurre en muchas otras, el cerebro recibe un mensaje cuando estamos fumando, un mensaje al que corresponde desatando ciertos neurotransmisores que son los encargados, por ejemplo, de hacernos sentir bien. De manera involuntaria asociamos desde ese mismo instante que fumar nos provoca felicidad, o al menos calma, tranquilidad, relax. Es una sensación algo extraña, pero totalmente real, y es lo que provoca que nos enganchemos al tabaco, pasando totalmente por alto los perjuicios que estamos provocando a nuestro sistema respiratorio y en general, a todo nuestro organismo.

La sensación de dependencia

Es algo evidente que durante todo ese tiempo que estemos fumando tendremos una sensación de dependencia, casi desde el primer momento, para echar un pitillo. Es algo que muchos hacen ya casi como costumbre, después de comer, por ejemplo, o cuando están esperando el bus para ir al trabajo. Es algo que les permite relajarse, o así lo imaginan. De hecho, no disfrutan realmente del sabor del tabaco, sino que solo lo tienen como una especie de entretenimiento, de forma de canalizar los nervios o la ansiedad. Esto provoca que además, cada vez que suframos situaciones de estrés, tengamos la necesidad de fumar más y más, porque hemos asociado el tabaco al relax, a la necesidad de tranquilizarnos. La dependencia es clara casi desde el primer momento y si no hacemos algo por remediarlo, será de por vida, de hecho.

Así reacciona nuestro cerebro cuando intentamos dejarlo

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Como ya hemos visto, el fumar crea una adicción, una auténtica dependencia en nuestro cerebro, incitándonos a sentir una especie de felicidad o tranquilidad cuando lo hacemos. Sin embargo, lo que en realidad está ocurriendo es que la nicotina afecta directamente a la producción de dopamina, reduciéndola más allá de ese placer momentáneo que sentimos al fumar. Por eso cuando intentamos dejarlo sufrimos una especie de cortocircuito cerebral y emocional, que provoca reacciones imprevisibles en nosotros. El mal humor es una de las más clásicas, precisamente porque estamos despojándonos de esa "felicidad" mal entendida que el tabaco nos producía, pero todavía somos dependientes de ella. Sin embargo, al tiempo de dejarlo, si lo conseguimos, la dopamina vuelve a producirse de la misma manera, ahora sin estar asociada al tabaco, y podemos disfrutar de una vida mucho más saludable.

Tratamientos y prácticas para lograrlo

Al ser algo bastante complicado, en los últimos años se han desarrollado diferentes métodos y tratamientos para intentar que los fumadores dejen ese mal hábito. Hay quien asegura que para hacerlo solo hace falta dar el paso y mucha fuerza de voluntad, pero es cierto que cada persona es un mundo, y no todos tienen la misma fortaleza para no caer de nuevo en ese vicio que además, está por todas partes. Una de las fórmulas más habituales es utilizar parches de nicotina, que nos dan una pequeña dosis de esa sustancia para que el cerebro se vaya acostumbrado poco a poco a ir reduciendo su consumo, hasta que podamos dejarla por completo. De hecho, utilizando esos parches ya deberíamos poder dejar los cigarros apartados. También existen determinados medicamentos que intentan inhibir precisamente esa necesidad que el tabaco nos provoca a través de la nicotina. Son medicamentos fuertes así que hay que tomarlos con precaución.

Es obvio que este tipo de medicamentos y parches ayudan, pero será nuestra fortaleza mental la que termine de hacer el trabajo. Y es que tomar la determinación de dejar de fumar puede ser fácil, incluso lógico para muchos, pero de ahí a cumplirla hay mucho, demasiado en ocasiones. Por eso la ayuda psicológica también nos puede venir muy bien, tratando de fortalecer nuestro propio control mental y así estar mejor preparados para evitar recaer. Hay incluso tratamientos que nos ayudan a dejar de fumar a través de la hipnosis, buscando meternos esa idea en la cabeza, la de que el tabaco es perjudicial y que no nos gusta. Algunas personas han dejado de fumar con éxito de esta manera, pero también puede llegar a ser un poco peligrosa, por los posibles efectos secundarios de algo así.

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