miércoles, 11 de noviembre de 2020

La iglesia y la ciencia, una historia de desamor #e-ciencia #noticias


¿De dónde venimos? ¿Adónde vamos? ¿Qué somos realmente? ¿Qué ocurre después de terminar nuestra vida en este mundo? ¿Y antes? Estas son las preguntas más básicas que cualquiera pensador se ha hecho alguna vez con respecto a la propia especie humana. Tal vez mirando al cielo, sin entender todavía qué era aquella bóveda celeste que se erguía allí arriba. O tal vez postrado de rodillas ante la imagen de un santo o de su propio salvador, intentando conectar todos los cabos sueltos de los libros sagrados. Si le hacemos estas preguntas a un cura, seguramente su respuesta diste mucho de la que nos dé un científico. Y es que ambas ramas tienen una manera muy diferente de entender todo lo que nos ocurre, aunque a veces se haya intentado unirlas, con catastrófico resultado.

La Iglesia, como parte de la religión, mantuvo el control durante muchos siglos en todo el mundo, y de hecho actualmente sigue siendo una fuerza muy poderosa, especialmente las tres religiones mayoritarias abrahámicas, judaísmo, cristianismo e islamismo. La manera que tiene la Iglesia de explicar los sucesos dista muchísimo de la forma en la que la ciencia los explica, aunque es cierto que ninguna parece tener la verdad absoluta. Lo que sí es notable es la evolución que desde el Racionalismo se lleva viviendo con respecto a esa separación, una relación que por unos siglos pudo haber funcionado, pero que se perdió por completo y hoy parece más alejada que nunca. La ciencia sigue intentando explicar todo de manera fehaciente, con pruebas, mientras la religión se mantiene en aquellos lugares donde la ciencia todavía no ha logrado llegar, a través de su dogma y su fe. Conozcamos más a fondo esta turbulenta relación.

Los primeros pensadores

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La ciencia que conocemos hoy en día, la manera de utilizar conocimientos que se obtienen de la experiencia para sanar una herida, por ejemplo, tiene su origen en los primeros chamanes, druidas y hechiceros de las religiones paganas anteriores al cristianismo. Aquellos primigenios científicos conocían las cualidades de las plantas y los ungüentos, y sabían que las consecuencias de utilizarlos serían concretas. La visión que unía aquello con la religión podía ser más o menos estrecha, pero siempre había personas que, de forma independiente a la fe o al dogma, intentaban desentrañar los secretos del universo, a través de los patrones de la naturaleza. Los primeros pensados clásicos, desde Arquímedes a Platón, desarrollaron su pensamiento alejándose, en parte, de su propia faceta religiosa, con enunciados que siguen retumbando hoy en día en las escuelas e instituciones.

Sociedades secretas al margen de la Iglesia

Cuando el Cristianismo en su rama católica se convirtió en la religión dominante en el Imperio Romano, muchas cosas cambiaron en todo el Viejo Continente, que empezaba a ser el foco principal de adelantos científicos y de pensamiento, una vez que el mundo oriental parecía seguir por su propia vía, muy cercana a la espiritualidad, por cierto. La Iglesia empezó a perseguir a aquellas personas que parecían ser capaces de utilizar poderes especiales de sanación, aunque lo único que hacían era utilizar sus conocimientos sobre plantas. La libertad de pensamiento se limitó muchísimo, y la Iglesia estaba en contra de toda forma de ciencia que no incluyese a Dios. Esto obligó a muchos a crear sociedades secretas más allá del control de la religión, para desarrollar sus propias teorías.

Durante siglos, en la Edad Media, la Iglesia se mantuvo encima de pensadores como Galileo Galielia, quien cambió por completo la visión antropocentrista que se tenía hasta ese momento. A pesar de los intentos de gente como San Agustín por unir en una misma cosmovisión la fe religiosa y la ciencia incipiente, el tribunal de la Inquisición se encargó de atajar desde el primer momento cualquier intento de rebelión frente la visión dogmática de la iglesia, centrada en Dios. Estas sociedads secretas, como pudieron ser los Iluminati de Baviera, en su inicio, o los masones, procuraban elevar el conocimiento a través de sus miembros más insignes, más allá de la influencia de la propia religión, que quedaba fuera del debate.

La Iglesia tras la ciencia

Con la llegada del Racionalismo, abanderado por el filósofo francés René Descartes, y las posteriores visiones de biólogos, físicos y científicos de todos los campos, la visión sobre la ciencia y la religión cambió drásticamente. Todo esto llegó unido también a la caída de los estados absolutistas, que siempre habían sido mantenidos por la propia religión y que cambiaron para dar poder también al pueblo. La influencia de la Iglesia se fue perdiendo, también por sus propias luchas internas dentro del cristianismo europeo. El dogma eclesiástico empezó a perder fuelle frente a las reivindicaciones de las nuevas mentes pensantes que, atendiendo también a lo ya expuesto por los clásicos, buscaban ofrecer una alternativa que explicara todos los sucesos que hasta ese momento solo se atribuían a Dios.

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La búsqueda de respuestas continúa, por supuesto, pero han sido tres siglos de adelantos en los que el poder científico no ha hecho más que crecer, desde Darwin a Einstein, tratando de explicar a través de la teoría de la evolución, o de la relatividad, cosas tan complicadas como nuestro origen como especies o nuestro lugar en el universo. Estas visiones se contraponen de manera directa al pensamiento de la Iglesia, ya que en cierta manera, dejan a un lado a Dios como creador de todo lo que existe. Los científicos intentaban cuestionarlo todo, algo contrario al propio dogma de fe, en el que hay que creer sin pruebas de ningún tipo.

¿Qué piensa la Iglesia sobre la ciencia a día de hoy?

La situación sigue siendo peliaguda por ambas partes, aunque es cierto que en el siglo XX, la ciencia ya ha demostrado estar muy por encima de la religión a la hora de explicar ciertas cosas. Ahora, la fe se ha convertido en algo personal, algo en lo que podemos creer, pero que no debe marcar en absoluto a toda una sociedad. En las últimas décadas, grandes nombres de la Iglesias han intentado explicar que todo lo expuesto en la Biblia, por ejemplo, no tiene porqué ser cien por cien exacto, sino más bien una parábola, una alegoría para explicar ciertos momentos importantes dentro de la creación de esta religión. Sin embargo, todavía hay muchos creyentes en la teoría de la Creación, por ejemplo, por encima de la Evolución.

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