domingo, 6 de diciembre de 2020

Por qué se desarrolló tan rápido la vacuna del COVID-19 #De Avanzada #noticias


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Desde que apareció el coronavirus, los conspiranóicos se han dado un festín de desinformación monumental, y los esfuerzos de los escépticos por contrarrestar el veneno informativo no dan abasto. Y desde que se anunció el desarrollo de varias vacunas para el COVID-19, los antivacunas ya están haciendo de las suyas.

El problema en este caso es que algunas de las preguntas hechas por los antivacunas pueden sonar razonables a primera vista, y están resonando entre personas que en general siguen los calendarios de vacunación y no desconfían de las vacunas. En este momento, la pregunta más apremiante parece ser la del desarrollo de la vacuna para el SARS-CoV-2 en tiempo record. Las inquietudes al respecto podrían resumirse más o menos así:

¿Cómo sabemos que no se tomaron atajos para desarrollar la vacuna rápidamente? Existe una explicación muy sencilla:

Porque hubo voluntad política y disponibilidad. Los motivos por los que el desarrollo de vacunas en circunstancias normales toma tanto tiempo no se reducen al lapso que demora la investigación propiamente. En el caso de la vacuna del COVID-19, que no estuviéramos en circunstancias normales sirvió para tener una vacuna en tan poco tiempo.

En primer lugar, conseguir los fondos y la capacidad de investigación para una vacuna normalmente toma bastante tiempo, incluso pueden ser años. En el caso de la vacuna del COVID-19, no hubo esta barrera — en cuestión de semanas se consiguió un esfuerzo masivo de investigación global, con millones de dólares para múltiples grupos y proyectos. Un paso que normalmente toma años, se consiguió en cuestión de meses.

La realización de un ensayo clínico también requiere tiempo, dinero e infraestructura. Conseguir la aprobación para los ensayos, establecer la infraestructura y reclutar suficientes voluntarios, especialmente para enfermedades menos comunes, también lleva años. Una vez más, en el caso del COVID-19 esto sucedió en cuestión de semanas, ya que los ensayos de la vacuna fueron priorizados para aprobación regulatoria sobre cualquier otro proyecto. Mientras el desarrollo de cualquier otra vacuna debe sortear todo tipo de proceso administrativos y regulatorios, a la vacuna del COVID-19 se le dio una preferencia que ahorró mucho tiempo.

Normalmente, llevar a cabo ensayos clínicos también toma mucho tiempo. Sin embargo, los ensayos clínicos de la vacuna del COVID-19 se conectaron directamente a los sitios de ensayos existentes en todo el mundo, con decenas de miles de voluntarios que querían poner su granito de arena para que la vida volviera a la normalidad. Esto también ahorró una enorme cantidad de tiempo.

Por último, para demostrar la efectividad de una vacuna, se necesita que un alto número de personas en la población tenga la enfermedad — de nuevo, una barrera menos en el caso de la vacuna del COVID-19, en vista de que ha habido más de 65 millones de contagios alrededor del mundo. La 'ventaja' de que estemos ante una pandemia global es que la vacuna se está probando en lugares con una prevalencia comunitaria muy alta, por lo que los ensayos clínicos pueden alcanzar hitos estadísticos predeterminados muy rápidamente. Una vez más, ahorrando mucho tiempo.

Por todas estas razones, podemos afirmar con razonable certeza que las vacunas de Pfizer-BioNTech, Oxford-Moderna, y AstraZeneca culminaron exitosamente todas las fases de investigación, sin atajos, siguiendo todos los protocolos de seguridad — la diferencia con el desarrollo de cualquier otra vacuna es que hubo disponibilidad de recursos y voluntad política a cascoporro. Por cierto, la única vacuna que sí se saltó la tercera fase de ensayos clínicos fue la Sputnik V, desarrollada por Rusia.

Por supuesto, aún quedan algunas preguntas pendientes. Por ejemplo, ¿cómo sabemos que la vacuna es segura a largo plazo? Sólo el tiempo podrá decirlo, aunque cualquier problema serio se habría detectado muy rápido, y el hecho de que los primeros ensayos ya tienen más de seis meses sin ningún problema grave reportado es una buena señal.

Y también debemos prepararnos para las preguntas capciosas que vendrán. Derek Lowe advierte que un programa de vacunación global y contemporánea será usado para sacar conclusiones erróneas: seguirá habiendo personas que después de vacunarse recibirán malas noticias sobre su salud —que igual habrían recibido sin la vacuna—, o incluso morirán. Y sabemos que las correlaciones espurias y falacias post hoc ergo propter hoc son favoritas de los antivacunas. Deberíamos irnos preparando.

Por el momento, las preguntas que yo me estoy haciendo son bastante parecidas a las que hace poco planteó Charlotte Summers:

A pesar de los muchos horrores del año 2020, ha habido beneficios — hemos aprendido que si se desvía una cantidad casi ilimitada de fondos y se enfoca una gran proporción de los científicos del mundo, los organismos reguladores y otras infraestructuras críticas hacia un solo esfuerzo, se pueden lograr cosas extraordinarias muy rápidamente. Para mí, la cuestión no es cómo hemos logrado una vacuna para el Covid-19 en un período de tiempo tan corto, sino más bien: ¿por qué no hemos logrado todavía tener el mismo impacto en enfermedades como la tuberculosis, el VIH y la malaria, que han estado matando a millones de personas durante muchos años? ¿Y qué podría suceder si dirigimos este urgente esfuerzo mundial hacia los otros desafíos que enfrentamos — como el colapso del medio ambiente o el insidioso aumento de la resistencia a los antimicrobianos?
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Publicado en De Avanzada por David Osorio | Apóyanos en Patreon